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El mundo del vino despidió este viernes a Michel Rolland, uno de los enólogos más influyentes a nivel internacional y una figura central en la transformación de la vitivinicultura argentina. Tenía 78 años y, según confirmaron desde su entorno, murió a raíz de un infarto. Desde su proyecto en Mendoza lo recordaron como un profesional incansable, que mantenía activos múltiples planes y viajes.
Su relación con Argentina se inició en 1987, cuando llegó a Cafayate convocado por el empresario Arnaldo Etchart. Ese viaje marcó el inicio de un vínculo profundo con el país, donde encontró no solo un campo fértil para innovar, sino también un lugar al que terminó considerando propio.
En los Valles Calchaquíes comenzó a trabajar en la mejora de la calidad de los vinos de altura, aportando conocimientos y técnicas que elevaron el perfil de la producción local. Más adelante, dio un paso clave al asociarse en el proyecto Yacochuya, donde consolidó una propuesta que logró posicionar a los vinos salteños en mercados internacionales.
A fines de los años 90, participó en la creación de San Pedro de Yacochuya, una bodega que se convertiría en referencia dentro del sector. Su influencia no se limitó al norte: también fue protagonista del crecimiento vitivinícola en Mendoza, especialmente en el Valle de Uco, donde impulsó desarrollos que contribuyeron a fortalecer la imagen del vino argentino en el exterior.
Rolland fue reconocido por su mirada innovadora y su capacidad para interpretar distintos terroirs. Su legado se refleja hoy en la proyección global de la industria vitivinícola argentina y en el reconocimiento alcanzado por sus vinos en los principales mercados del mundo.
Cuando Michel llegó en 1988 a la Argentina, el vino nacional no tenía un futuro cierto. Pasaron casi cuarenta años, y todo cambió. Hoy, si al vino nacional no le va mejor no es por culpa del vino sino de la coyuntura.
Michel fue un francés único, personalidad destacada por la Embajada de Francia en nuestro país, y que confió en la Argentina más allá de la economía y el presidente de turno.
También confió en el Malbec, en sus paisajes, en su gente, y eso lo llevó en los noventa a ser dos de los grandes artífices del despertar del vino argentino y de su reconocimiento en el mundo. Profeta en su tierra natal (Francia), pero más en la Argentina, a lo largo de todos estos años de elaborar vinos en el país, generó muchas cosas, inspirando a muchos y polemizando con otros que criticaron su estilo. No obstante, su reconocimiento internacional, su forma de trabajo, con la limpieza, el cuidado preciso de la viña y la crianza certera en barricas como base para llevar el terroir a las copas, le dieron la razón.
Sin duda, uno de los grande responsables de que el Malbec haya llegado donde llegó y que sea reconocido a nivel internacional. No solo por los periodistas sino por profesionales del vino alrededor del mundo (sommeliers, restauranteurs, vinotequeros, etc.), que saben muy bien quien fue Michel y reconocen su trayectoria.
Para el vino argentino, hoy comienza una nueva etapa que parecía lejana: la era post Rolland. Y ahí, su legado va a tomar la verdadera dimensión.