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27 de Enero,  Salta, Centro, Argentina
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Vender para vivir: José "Cocinero" López y un abandono del sistema

Tiene una cardiopatía grave, perdió a su hijo por la misma enfermedad y debió esperar ocho años para que su obra social le entregue una válvula. Hoy debe juntar 8 millones de pesos para poder operarse.
Martes, 27 de enero de 2026 02:22
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José Robustiano "Cocinero" López no pide lujos. No reclama privilegios. Solo pide una oportunidad para seguir viviendo. Desde hace más de ocho años espera una cirugía cardíaca que podría devolverle la calidad de vida. Ocho años marcados por trámites, promesas incumplidas y una larga espera por parte de su obra social, Incluir Salud (ex Profe), que recién ahora le entregó la válvula que necesitaba desde 2018.

"Estoy esperando desde ese año. Nunca me mandaban la válvula. Recién ahora me la dieron", cuenta José, con la serenidad de quien aprendió a convivir con la incertidumbre. Hoy, la operación finalmente está en camino. Pero aparece otro obstáculo: debe reunir 8 millones de pesos para cubrir gastos quirúrgicos, medicación, recuperación y necesidades básicas durante su internación. "Yo tengo que juntar los 8 millones. La válvula ya me la mandaron, pero ahora me falta eso", explica.

Una vida de esfuerzo

José vive en el barrio Ecosol, sobre la calle Las Palmeras, en una vivienda humilde, con problemas de humedad y filtraciones. Junto a su esposa, Sonia Maigua de López, con quien comparte la vida desde hace casi 18 años, enfrenta cada día con trabajo y dignidad.

No puede realizar tareas pesadas por su condición cardíaca. Aun así, se las ingenia para sobrevivir: vende juguitos, gelatina, maní, pochoclo, nieve en carnaval, golosinas y sombreros. "Mi corazón no me deja hacer fuerza. Los médicos me dijeron que no puedo", relata. A pesar de eso, sigue saliendo a trabajar todos los días, incluso con dificultades respiratorias y cansancio.

Heridas profundas

La historia de José está atravesada por el dolor. Hace más de 15 años fue operado por primera vez, luego de sufrir una descompensación mientras trabajaba en el tabaco. Aquella cirugía fue compleja y la recuperación, larga.

Solidaridad que nace del pueblo

Ante la falta de respuestas oficiales, apareció la solidaridad. Vecinos y amigos, impulsaron campañas, una feria de garage para este miércoles en la plaza central de esta ciudad. También se lo puede encontrar en los corsos, donde coloca una urna solidaria. "Hasta que me operen voy a seguir vendiendo. Después ya no voy a poder trabajar", explica. Además, se necesitan dadores de sangre y colaboración con materiales para mejorar su vivienda, ya que su recuperación requerirá condiciones sanitarias adecuadas.

José no se victimiza. No se rinde. No se esconde. "Estoy agradecido con todos los que me ayudan. Yo les voy a devolver el doble con mi corazón", dice. Junto a Sonia, sigue firme. Con miedo, sí. Con incertidumbre, también. Pero con esperanza.

Su historia no es solo la de una enfermedad. Es la historia de miles que luchan por su salud sin recursos, sin respaldo y sin garantías.

El efecto devastador de la burocracia y la indolencia

Pero la herida más profunda fue la pérdida de su único hijo, que falleció al nacer por la misma cardiopatía. "Tenía el mismo problema de corazón que yo", recuerda con voz quebrada. Desde entonces, José y Sonia siguen adelante solos, acompañándose mutuamente, sosteniéndose en la fe y en el amor. "Ella es mi pilar. Siempre está conmigo, en las buenas y en las malas", dice él.

La espera interminable 

Durante años, José golpeó puertas. Presentó papeles. Hizo trámites. Esperó respuestas. La ayuda prometida por distintos organismos nunca llegó. "Me dijeron que me iban a ayudar, pero hasta ahora no vi nada", afirma. Ocho años esperando una válvula. Ocho años con su salud en pausa. Ocho años dependiendo de un sistema que no respondió a tiempo. Una vez más, queda en evidencia cómo los sectores más humildes terminan pagando con su propio cuerpo la burocracia, la desidia y el abandono.

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