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Un anestesista de 31 años fue encontrado muerto en su departamento del barrio porteño de Palermo junto a una gran cantidad de elementos descartables y con una vía conectada en su pie derecho, al tiempo que la Justicia investiga el supuesto robo de fármacos del Hospital Italiano.
Fuentes policiales informaron que el hallazgo se produjo el pasado 20 de febrero en un edificio de la calle Juncal 4622, adonde la hermana de la víctima había intentado comunicarse pero no recibió respuesta, por lo que llamó al 911.
Efectivos de la Policía de la Ciudad y personal del SAME concurrieron al lugar de los hechos, ingresaron a la vivienda y descubrieron a Zalazar sin signos vitales y tendido en el suelo, aunque no presentaba indicios de violencia.
Sin embargo, lo que más habría llamado la atención a las autoridades fueron los objetos descartables que estaban junto al cadáver y una vía conectada en uno de los pies, a la vez que la autopsia reveló que falleció como consecuencia de la inyección de propofol y remifentanilo.
En este contexto, el Hospital Italiano radicó una denuncia por la presunta sustracción de productos anestésicos.
En el centro de la trama aparecen dos profesionales de ese hospital que fueron separados de sus cargos y luego imputados por la Justicia.
El juez de Instrucción Javier Sánchez Sarmiento y el fiscal Lucio Herrera los indagaron en marzo, mediante declaraciones virtuales. Los dos negaron los hechos y manifestaron su intención de presentar escritos.
"Viajes" o "fiestas"
Zalazar, que se desempeñaba como anestesista en el Hospital General de Niños Ricardo Gutiérrez y exresidente del Hospital Rivadavia, fue denunciado por la aparente promoción de "viajes controlados", mediante los que ofrecía a los clientes propofol y fentanilo para generar un "estado de relajación" o "conciencia extrema".
La otra versión se vincula con "fiestas sexuales" organizadas por el médico vía WhatsApp; en estos eventos se habrían utilizado estos fármacos, adonde asistían conocidos o amigos del profesional.
La Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N°6 intervino en el caso y lo caratuló como "muerte dudosa", mientras avanza la investigación.
Una fiesta "controlada"
Las fiestas, conocidas como "Fiesta del propofol", se hacían en espacios privados, según la investigación. De acuerdo a fuentes judiciales y hospitalarias, había dos modalidades: encuentros de carácter sexual, en los que se invitaba a conocidos, y experiencias "vendidas" a clientes que buscaban "viajes controlados" con supervisión médica improvisada.
En ambos casos, se dosificaban los fármacos y había una "guardia médica". Siempre estaba alguien preparado con un ambú, dispositivo usado para brindar asistencia respiratoria en caso de que algún participante sufriera apnea, situación que puede derivar en paro respiratorio.