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Coco Barraza, un titiritero trashumante, está de regreso

Lunes, 21 de enero de 2013 22:08
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La pregunta remonta a Alonso “Coco” Barraza muy atrás: “Hice títeres desde siempre”. Esa percepción de infinito, claro, es un decir. La memoria tiene un espacio y un tiempo de anclaje: la infancia. “De niño modelaba mis propios muñecos y después juntaba a mi familia y la torturaba con obritas. Creo a esta altura, después de tanto psicoanálisis, que lo que yo hacía de niño era intentar poner en imágenes los cuentos que me contaba mi mamá”, deduce hoy el hombre que ya peina canas y cuyo nombre remite al Teatro Negro de Salta, su gran creación.

Alonso Barraza está de nuevo en Salta, después de larga trashumancia. Siete años pasaron desde su último estreno en nuestra provincia. Y fueron siete años de seguir desandando caminos, porque Coco es, literalmente, un hombre de mundo. Desde que en 1983 se lanzó de lleno a la profesión de titiritero junto a su compañera Juana Aliberti, fundando el Teatro Negro, no ha dejado de viajar y de dar a conocer su obra. Hizo giras a lo largo de Argentina y diferentes regiones de México y de Bolivia; y participó en diversos festivales nacionales e internacionales en México, Cuba, Puerto Rico, Bolivia y Brasil.

Ultimamente, estuvo trabajando en Barcelona, Madrid, Suiza e Italia. A partir de 2010, más específicamente, se radicó en Bérgamo, Italia. “Con pocas representaciones como titiritero, pero sí trabajando mucho en un colegio del Patronato San Vicenzo, que recibe a jóvenes con problemas de conducta que son rechazados por otros colegios. Allí llevamos adelante un proyecto que consistía que esos "jóvenes problema' pasaran por la sensibilización del teatro”, contó a El Tribuno el actor, director y dramaturgo. “La crisis europea no te permite vivir del teatro de títeres. Tenés que sumarle a las representaciones alguna otra tarea, como la docencia. No hay un circuito o una sistematización como para vivir de tu arte. Los festivales internacionales siguen en pie y son un espacio interesante, pero no hay una programación tan continuada”, detalló Barraza.

Este salteño, que instaló en diferentes países el nombre de nuestra provincia a través de su prestigioso Teatro Negro, explica que el arte de los títeres es más complicado de lo que se cree. “El titiritero condensa conocimientos de teatro, de dramaturgia, de puesta en escena, de escenografía, de iluminación. En algún momento, se vio a esta profesión como producto de la bohemia, de la poesía. Después, esa imagen se fue modificando y hoy sabemos que el titiritero es un actor que se expresa a través de un elemento”, dice.

En medio de un panorama europeo desdibujado por la crisis, Coco Barraza rescata la experiencia latinoamericana en cuanto a la valoración del teatro de títeres, como ejemplo a seguir. “En México se logró establecer un sistema de interrelación entre la escuela y el teatro. El proyecto se llamaba Teatro Escolar y existió por más de 50 años. Lo interesante es que los sucesivos presidentes nunca eliminaron este programa porque realmente era válido. El niño en edad escolar intervenía en una obra de teatro por lo menos dos veces al año, y en las aulas se trabajaba lo que se había visto teatralmente”, comentó. Y agregó el ejemplo brasileño: “En el país vecino, la industria y el comercio tributan reinvirtiendo en cultura. Eso incentiva muchísimo el trabajo de los artistas y el acceso de los espectadores a innumerables obras”.

Lejos quedaron las obras con títeres de barro que Coco presentaba en la villa Primavera de su infancia. Con mil escenarios recorridos, hoy está de regreso en Salta “con la clara intención de quedarse”. Ojalá pronto podamos “verlo invisibilizarse” en la mágica caja de su Teatro Negro.

 

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