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Venta de órganos y dignidad humana

Miércoles, 09 de noviembre de 2022 02:45

En las recientes 2ª Jornadas de Investigación en Ciencias Económicas, Jurídicas y Sociales de la Facultad respectiva, en la Universidad Nacional de Salta, la conferencia de un economista llamada "La Economía de la donación de órganos" generó un interesante debate en torno de la posibilidad de "solucionar" el problema de la falta de órganos para trasplantes -muy grave en la mayoría de los países con programas de trasplantes-, mediante el mecanismo de incentivos de una economía capitalista: el de precios. Es decir, mediante la lisa y llana compraventa de órganos humanos.

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En las recientes 2ª Jornadas de Investigación en Ciencias Económicas, Jurídicas y Sociales de la Facultad respectiva, en la Universidad Nacional de Salta, la conferencia de un economista llamada "La Economía de la donación de órganos" generó un interesante debate en torno de la posibilidad de "solucionar" el problema de la falta de órganos para trasplantes -muy grave en la mayoría de los países con programas de trasplantes-, mediante el mecanismo de incentivos de una economía capitalista: el de precios. Es decir, mediante la lisa y llana compraventa de órganos humanos.

El economista Julio Elías, investigador argentino vinculado al fallecido profesor Gary Becker, con estudios en la Universidad de Chicago, sostuvo entre otras ideas, que la mayoría de los esfuerzos por aumentar la oferta de órganos se han concentrado en incrementar el pool de donantes altruistas mediante leyes como la vigente en Argentina y gran parte de los países del orbe (v.g. sistemas de consentimiento presunto o donaciones renales cruzadas), pero que sin embargo, todos estos esfuerzos no han logrado aumentar la "oferta" para aliviar el problema, agravándolos además en los costos vinculados a otras cuestiones asociadas (costos de las diálisis, afectación al mercado del trabajo, mortalidad, etc.).

Sostiene Elías -sin evidencias empíricas a la vista, pues a excepción de Irán no hay país en el mundo en el que se compren y vendan riñones, el órgano referente en el análisis- que la introducción de incentivos monetarios para los donantes aumentaría la oferta de órganos suficientemente como para eliminar las largas colas de espera del trasplante, aumentar la calidad de vida y reducir la cantidad de muertes de manera "contundente". Una afirmación no probada y muy arriesgada.

La crítica

El propio Elías reconoce que la principal objeción a la implementación del mercado de órganos consiste en la "repugnancia" moral que genera el sistema, además de cuestiones de índole legal y cultural, pero dice, esto tiene que "ser balanceado contra el beneficio de la venta". -Me interesa participar en la polémica desatada- sin intentar rebatir argumentos desde consideraciones económicas-, dada la preocupación que genera la tesis de gabinete sostenida por el especialista, atento a que hoy en Argentina, la pone precisamente en la agenda de posibilidades un referente de estas ideas, candidato a la Presidencia.

Me interesa centrarme, precisamente en las razones que anidan en una especie de conciencia moral universal, difuminada en todos los países del mundo (a excepción de Irán, como dije, todos prohíbe la venta de órganos), conciencia vinculada a un concepto de dignidad humana que la disciplina conceptual de mercado no logrará atisbar, a excepción de pretender justificar moralmente el negocio con el contrabalanceo de la muerte y los menores costos.

Lo que permite el debate

Como la cuestión surgió en la Universidad creo que en primer lugar cabe referir que no está en tela de juicio el respeto por la libertad de cátedra y de pensamiento (dónde sino en un espacio de debate académico puede argumentarse tesis y antítesis) sino en su caso el economicismo dogmático que amputa, pese a las ligeras y superfluas alusiones a la cuestión legal o filosófica, la complejidad propia de los grandes problemas de las sociedades contemporáneas.

Cuestiones así no pueden ser abordadas únicamente desde el gabinete presuntamente aséptico a la Ética y la Sociología (incluso a la Politología o el Derecho), con el mero marco teórico de la leyes de oferta y la demanda (que no tienen corazón, diría Samuelson), sin hacer pie en un dato de la realidad, que no pareciera causar extrañeza a Elías pese a su contundencia: todos -absolutamente todos- los países del mundo, prefieren los sistemas altruistas y no de mercado para la búsqueda de soluciones imperfectas a un problema que lidia con una escasez especial: no es petróleo el problema.

El dato no es baladí: todos, repito, todos, sin distinción, en este tema oponen altruismo y mercado, donación y compraventa, regulan la primera y prohíben la segunda, con algún matiz que no viene al caso referir.

Una conciencia moral universal extendida y comprometida con su tiempo, debe advertir que no se trata aquí del juego presuntamente inocente sobre ciertas ideas de eficiencia en la asignación de recursos o bienes, mediante el mecanismo de incentivos que idealiza la Escuela de Chicago (al amparo de la libertad de cátedra), sino un problema central que compele a pensar con actitud crítica sobre la responsabilidad ética de las propuestas universitarias ante los problemas sociales.

Como bien lo reconoce el propio Elías en los papeles de trabajo publicados con los avances de su investigación económica, citando precisamente a Alvin Roth, otro Nobel, que precisamente ha estudiado la eficiencia de los mecanismos altruistas y solidarios para solucionar el problema del faltante de órganos que "Legalizar la venta de riñones para trasplantes enfrenta obstáculos sustanciales,

quizás insuperables. De la misma manera que hoy no es posible venderse en servidumbre a término, algunas transacciones son ilegales porque una cantidad suficiente de personas las encuentran repugnantes". La cantidad suficiente aquí parece referir a un número que el economista no resiste.

La condición de la dignidad

La libertad académica debe principiar por un compromiso duradero con la afirmación del principio ético de plena vigencia de derechos fundamentales (sea de enfermos, familiares, pobres, ricos, donantes o no donantes) absteniéndose de librarlos a la mercantilización teórica de sus esperanzas, sin recapacitar en que razones muy profundas anidan en el hecho de que todo el mundo, prefiere establecer y en su caso perfeccionar mecanismos altruistas para incrementar el número de trasplantes, que liberar todo a las fuerzas del mercado y que sea lo que Dios quiera, sin responsabilizarse por las consecuencias. Creo modestamente que la persona humana y sus órganos, no pueden ni deben ser objeto del mercado alguno, ni someter con sus reglas y pretensiones la dignidad del ser humano, que debiera ser el fundamento de toda reflexión. Está en juego precisamente eso, la condición humana.

Concluyo con esto, que no está sacado sino de los papeles de trabajo del propio Elías. En referencia al análisis económico de los trasplantes de órganos y a la posibilidad de dar lugar a un mercado de órganos, Paul Bloom, un psicólogo de Yale, expresó con toda contundencia que "el problema no es que los economistas sean personas poco razonables, sino que son personas demoníacas. Trabajan en universo moral diferente".

Saco lo de "demoníaco" -me parece un exceso la metáfora, que no ayuda- pero calificándolo por lo menos de una moralidad menguada o anestesiada, inmune a las repugnancias, entiendo que pocos economistas piensan como Elías en esta materia y que tal universo no puede darse de bruces o sopesar un acendrado principio elemental -hoy de casi todos los sistemas jurídicos contemporáneos-, que confirma la tesis o fundamento principal del Derecho de los Derechos Humanos: existe la dignidad del ser humano y, afortunadamente, su conciencia extendida en toda la Tierra. De ahí su unánime rechazo.

 

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