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29 de Agosto,  Salta, Centro, Argentina
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El rey de las alturas es un pequeño ratón que habita en la cumbre del volcán Llullaillaco

Jay Storz, el biólogo evolucionista de Nebraska que lo llevó al Libro Guinness, planea viajar a Salta en diciembre para ampliar estudios.
Miércoles, 28 de junio de 2023 13:39
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Un pequeño ratón, que desafía al Viento Blanco en la cúspide del segundo volcán activo más alto del mundo, está en la cima de la supervivencia. Sus prominentes orejas y su suave pelaje de tonalidades castañas, ambarinas y áureas apenas contrastan con la pétrea geología del Llullaillaco. Por su talla y apariencia, el diminuto roedor se ve frágil, vulnerable, pero es un auténtico coloso del reino animal que destronó no solo a los mamíferos, sino a todos los vertebrados e incluso invertebrados, con la marca más elevada de vida estable en las alturas.

Tras una serie de evidencias reunidas en ascensos realizados al Llullaillaco desde 2011, Jay Storz, investigador estadounidense que dirige estudios enfocados en la especie Phyllotis en nevados del Cono Sur, protagonizó en la mítica cumbre de 6.739 metros uno de los hitos científicos más resonantes de los últimos tiempos. Ese día, apenas después de coronar la cima, el especialista en biología evolutiva de la Universidad de Nebraska se encontró cara a cara con un espécimen al que tomó con sus manos. Aquel momento, que capturó en un video su compañero de expedición, el andinista boliviano Mario Pérez Mamaní, dejó a Storz sin palabras y con un mar de preguntas al viento.

 

Hecho con Visme Infographic Maker

¿Qué razones habrán impulsado al ratón orejudo amarillo a vivir bajo las condiciones más extremas? ¿Cómo se alimenta a casi dos kilómetros por encima del techo de disponibilidad de las plantas e insectos que son parte de su dieta habitual? ¿Cómo se adaptó la pequeña criatura para sobrevivir con tan baja disponibilidad de oxígeno? ¿Qué estrategias le permiten campear noches con temperaturas más bajas que las de un freezer?

En los últimos tres años, el equipo que cuenta con miembros de México, Venezuela, Bolivia, Chile y Uruguay avanzó en muchas respuestas. Sin embargo, aún quedan abiertos algunos interrogantes. El líder del equipo, cuyo principal colaborador es Guillermo D'Elía, un biólogo uruguayo que trabaja en el Instituto de Ciencias Ambientales y Evolutivas de la Universidad Austral de Chile, con sede en Valdivia, espera ampliar el conocimiento que se tiene de estos pequeños mamíferos, su flexibilidad metabólica y capacidad de adaptación, con nuevas expediciones planeadas en nevados de la región.

Nuevas expediciones

Desde la Escuela de Ciencias Biológicas de la Universidad de Nebraska, Storz acaba de solicitar un permiso a organismos competentes para regresar a Salta, a fin de año, con el objetivo de completar estudios en el Llullaillaco y colectar muestras científicas complementarias en el volcán Quewar y el nevado de Cachi.

Desde la ciudad de Lincoln, sede de la Universidad de Nebraska, Storz compartió con El Tribuno conclusiones de las campañas concretadas desde el verano de 2020, cuando el ratón orejudo amarillo destronó a la pica de orejas largas en el Libro Guinness de los récords. A la anterior plusmarquista, una pequeña pariente de los conejos y cobayos, se la consideró el mamífero con vida autosuficiente a mayor altura desde 1921, a partir de la observación de un ejemplar a 6.130 metros sobre el nivel del mar, en el cordón del Himalaya, durante una expedición al Everest. No obstante, el registro más elevado que se tiene en base a pruebas concretas de la presencia de física de la especie es de 5.182 metros.

Jay Storz subiendo hacia la cumbre del Llullaillaco, fotografiado por Mario Pérez Mamaní. 

Sobre las razones que despertaron su interés científico por la especie Phyllotis vaccarum, Storz explicó que por largo tiempo los biólogos han reflexionado sobre los límites extremos de altura en los que diferentes especies pueden vivir y reproducirse. El especialista, que en las últimas décadas estudió las adaptaciones a la altura en pequeños mamíferos y otros animales, recordó que había escuchado de observaciones de ratones en las faldas del Llullaillaco y que hace tres años decidió finalmente ascender a la cumbre del volcán, junto a expedicionarios trasandinos, "para averiguar si realmente existían roedores en ambientes tan extremos. No son muy abundantes en esas alturas, pero existen", remarcó.

Especies de campeones

Storz precisó que en otras expediciones concretadas en los últimos tres años "hemos encontrado ejemplares de la misma especie en las cumbres de cuatro volcanes de más de 6.000 metros, casi todos en la frontera de Chile y Argentina. Queremos confirmar si estos ratones también habitan en alturas extremas en otros nevados. Con esa finalidad, he solicitado el correspondiente permiso de recolección científica para viajar a Salta en diciembre", adelantó, tras resaltar que realizaría esas expediciones en colaboración con los biólogos jujeños José Urquizo e Ignacio Ferro, dos investigadores de la Universidad Nacional de Jujuy (UNJu) y el CONICET que estudian desde hace mucho tiempo a pequeños mamíferos en las montañas del Noroeste argentino.

Hace seis meses, el equipo encabezado por Storz recolectó 14 Phyllotis vaccarum, a alturas cercanas a los 6.000 metros, en el borde cordillerano de Chile, Bolivia y Argentina. "También tenemos registros de otras cuatro especies de roedores que habitan en alturas extremas", subrayó, adelantando a este diario conclusiones de recientes de estudios que aún no fueron publicados. Todos esos campeones de las alturas viven en los Andes y la mayoría, probablemente, en nevados de Argentina. La nueva evidencia incluye, además de fotografías de restos momificados, ADN ambiental y huellas de actividad microbiana en suelos de alta montaña que confirman su presencia.

Jay Storz (de campera amarilla) poniendo trampas en el Nevado Sajama (Bolivia) a 5.650 metros sobre el nivel del mar. Imagen tomada por Naim Bautista. 

"Ahora sabemos que pequeños mamíferos andinos viven en alturas más altas de las que se pensaba y en ambientes que se suponían completamente inhabitables. Hemos subestimado las capacidades de estos pequeños mamíferos de soportar la falta de oxígeno y el frío extremo", sostuvo Storz. En este punto, el biólogo estadounidense hizo notar que en la cumbre del LLullaillaco la disponibilidad de oxígeno es de apenas un 44% en relación con la que se respira a nivel del mar y las temperaturas caen hasta cerca de los 30 grados bajo cero, sobre todo en las noches invernales.

Lejos de depredadores

¿Por qué estos pequeños roedores elegirían habitar esas inclementes alturas? ¿Será acaso porque allí se sienten a salvo de cualquier depredador?, le preguntó El Tribuno. "Esa es la única ventaja que podemos suponer de vivir en la cumbre de un volcán: allí están a salvo hasta de los cóndores", respondió Storz.

 

El gran cóndor de los Andes, efectivamente, anida entre los 1.000 y los 5.000 metros sobre el nivel del mar y aunque puede planear a 6.000 metros durante cinco horas sin batir sus alas, no acostumbra a aventurarse hasta semejantes altitudes en busca de un ratón.

Su alimentación, un misterio

La alimentación del pequeño rey de las alturas todavía "es un misterio", enfatizó Storz. Una de las hipótesis sugiere que el ratón amarillo no solo campea al Viento Blanco, sino que se alimentaría con restos de plantas y pequeños artrópodos que sus vendavales arrastran hacia las cumbres. Esta posibilidad tiene un antecedente comprobado en otras latitudes: la araña saltarina del Himalaya, descubierta en 1924 a hasta cerca de 6.700 metros sobre el nivel del mar, se alimenta con insectos que los vientos arrastran hacia las alturas.

Un ratón orejudo amarillo (Phyllotis vaccarum).

"Hemos hecho un análisis del contenido del estómago del ratón capturado en la cumbre del Llullaillaco y encontramos rastros de plantas que crecen en las faldas del volcán, a alturas mucho más bajas. Una posibilidad es que el ratón orejudo amarillo sea capaz de moverse entre elevaciones bajas en la falta del volcán y la cumbre. Otra posibilidad a confirmar o descartar es que algunas plantas discurran a alturas impensadamente altas y que los seres humanos no somos capaces de encontrarlas, pero sí los ratones", indicó Storz.

Patrones de adaptación

"Hemos podido comprobar que en las grandes alturas estos pequeños mamíferos tienen un patrón de actividad diferente: son mas activos de día, cuando a menor altura, como cualquier ratón normal, son más activos de noche", destacó el biólogo de Nebraska, en relación a un singular desdoblamiento de hábitos con el que los roedores andinos evitarían letales exposiciones a las gélidas noches.

Jay Storz junto a otros integrantes del equipo de trabajo.
 

Sobre los nuevos estudios proyectados en el norte argentino, Storz se manifestó esperanzado en que tras la incorporación de los biólogos jujeños, otros argentinos se sumen a los estudios. "Me interesa mucho el trabajo de antropólogos como Christian Vitry y Constanza Ceruti, que han pasado mucho tiempo en las alturas extremas estudiando a los incas. Me fascina todo lo que respecta a las culturas precolombinas en la región", puntualizó el biólogo estadounidense. En ese contexto, recordó que en 2011 Vitry observó y fotografió los restos de un ratón desecado a solo cinco metros de la cumbre del Llullaillaco. Storz señaló que aquella fotografía fue uno de los antecedentes más tempranos de los estudios biológicos que hoy dirige en la región.

Otro importante testimonio se sumó dos años después, en el verano de 2013, cuando los californianos Matt Farson, médico de emergencias, y Thomas Bowen, antropólogo, filmaron a un pequeño ratón corriendo a través de un campo de nieve a 6.205 metros sobre el nivel del mar, durante un ascenso por la ruta sur del volcán que en marzo de 1999 conmovió al mundo con la extracción de "Los Niños del Llullaillaco" del santuario indígena más alto del planeta. Los hielos eternos que mantuvieron a los pequeños incas sacrificados hace más de 500 años en fabuloso estado de conservación hoy asombran nuevamente al mundo por los pequeños ratones que los desafían.

En el ascenso de 2013, Farson y Bowen, además de filmar a un Phyllotis corriendo a través de un campo de hielo a 6.205 metros sobre el nivel del mar, observaron algunos restos de plantas que los fuertes vientos habían arrastrado hasta esas alturas. Storz aclaró que él y sus compatriotas californianos siguen sin conocerse, pero resaltó que el video que ellos le enviaron terminó de convencerlo de armar una expedición para buscar ratones en el LLullaillaco y en otros nevados.

Ratones momificados

Storz precisó que en expediciones recientes "descubrimos momias de ratones en las cumbres de varios volcanes". Recordó que en algunos artículos, publicados en los años 70 y 80, arqueólogos que habían descubierto "momias de ratones" junto a estructuras rituales incaicas pensaron que a lo mejor podrían haber sido partes del marco ceremonial de las capacochas. "Los análisis de radiocarbono que hicimos probaron que los especímenes fallecieron en tiempos mucho más recientes que el de los incas. Ya no es necesario enfocarse en esa época y cultura, para intentar explicar la existencia de momias desecadas de ratón en las altas cumbres, porque hoy sabemos que ellos subieron hasta allá por su cuenta", finalizó Storz.

Una foto del volcán LLullaillaco tomada por Naim Bautista desde el flanco chileno.
 

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