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Los datos del ente Regulador son inapelables. Las más de 16 mil conexiones clandestinas en todo el territorio provincial provocan un impacto económico de unos 3.500 millones de pesos en el sistema eléctrico salteño con las consecuencias conocidas: el colapso de la red más próxima ante el consumo desmedido de aquellos que no pagan la factura de luz.
Pero dentro de ese dato hay algo que resulta sumamente llamativo. Más del 10% de esas conexiones clandestinas están ubicadas en un solo sector del sur de la ciudad de Salta: el asentamiento San Calixto, entre los barrios San Remo, San Nicolás y Parque La Vega.
La historia reciente recuerda que esos terrenos fueron expropiados por el gobierno de Juan Manuel Urtubey en 2012 y utilizados como herramienta política para impulsar la candidatura a senador nacional de su hermano, Rodolfo, quien finalmente ocupó una banca en la Cámara Alta de la Nación desde 2013 a 2019.
Antes de las elecciones y de acuerdo a los "compromisos electorales", esos terrenos fueron entregados a sus moradores sin ninguna validación, pese a que el argumento del gobierno de Urtubey fue ayudar a las personas sin hogar y de menores recursos.
Los lotes se otorgaron en campaña, sin planificación, sin agua, sin cloacas, sin nivelación y, por supuesto, sin conexiones eléctricas. El acto de entrega se trasformó en una ocupación salvaje donde regía la ley del más fuerte y donde muchos "beneficiados" llegaron a apropiarse de dos o tres lotes, imponiendo la prepotencia y la amenaza ante la desesperación de quienes no podían acceder a un terreno. Reinó el caos.
Ayer los vecinos de San Calixto y sus vecinos de San Nicolas, el barrio más próximo, se reunieron con el intendente Emiliano Durand para explicarle las penurias que vienen soportado desde hace 15 años: inseguridad, drogas y una red de servicios que no responde a las demandas de las más de 1000 familias que fueron instaladas como objetos de un interés claramente electoral.
El resultado de aquella política se aprecia hoy en una "favelización" de terrenos supuestamente expropiados para mejorar la calidad de vida de la gente: una mentira atroz y nefasta.