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El Sur Global y los cambios en el orden mundial

Domingo, 14 de abril de 2024 01:29

Hasta muy poco tiempo atrás, los líderes occidentales no se preocupaban por los estados "no occidentales" que rechazaran sus normas o que percibieran a distribución internacional del poder -y su derivado más importante; el sistema comercial y financiero internacional-, como un remanente de la descolonización.

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Hasta muy poco tiempo atrás, los líderes occidentales no se preocupaban por los estados "no occidentales" que rechazaran sus normas o que percibieran a distribución internacional del poder -y su derivado más importante; el sistema comercial y financiero internacional-, como un remanente de la descolonización.

De hecho, Occidente no consideraba la posibilidad de que el resto del mundo pudiera tener opiniones válidas diferentes a las suyas. Había excepciones: los gobiernos considerados "buenos socios" -es decir, aquellos dispuestos a promover los intereses económicos y de seguridad de Estados Unidos y de Occidente-, los que seguían beneficiándose del apoyo occidental aun cuando no gobernaran según los "valores occidentales". América Latina ha tenido una larga experiencia con esta clase de regímenes.

De a poco, es una realidad que el poder económico, político y tecnológico se está desplazando desde "Occidente" hacia "Oriente", y de "Norte" a "Sur"; configurando un fenómeno que implica una transformación geopolítica sin precedente desde el Renacimiento. No es sorpresa, entonces, que aparezcan líderes, ahora, como Narendra Modi de India o Mia Mottley de Barbados que cuestionan con libertad el "orden occidental" y que buscan articular prioridades de un "Sur Global colectivo" -todavía muy difuso, amorfo y aún demasiado colectivo- en, por ejemplo, temas como la financiación climática o el rol de las instituciones internacionales.

Pero hay que tener cuidado. La expresión "Sur Global" se utiliza para referirse a la mayoría de los países de África, Asia y América Latina; una expresión demasiado genérica para un colectivo tan heterogéneo. Esta denominación pone en un mismo lugar a poderosos miembros del G-20 como China, Brasil, Sudáfrica, India o Indonesia; con los países menos desarrollados del mundo como Sierra Leona y Timor Oriental. Y aunque muchos de estos países compartan algunas experiencias históricas comunes -la descolonización-, y algunos objetivos futuros -cambiar el equilibrio de poder del sistema internacional-; el grupo dista mucho de poder tener una agenda común. Peor, en muchos casos, hasta muestran tener intereses, valores y perspectivas por completo divergentes.

¿Una entidad global?

Es verdad que los países de este "Sur Global" así definido tienen algunos incentivos para aglutinarse. La mayoría de estos estados lucharon contra el colonialismo y, en algunos casos, contra las intervenciones de Estados Unidos; tanto como cooperaron en el Movimiento de Países No Alineados y el Grupo de los 77.

Pero eventos globales recientes como la invasión rusa a Ucrania o la Guerra de Gaza han hecho que las divisiones entre estos países y Occidente se agudice. Por ejemplo, sólo con el apoyo de un gran bloque de estados considerados parte de este "Sur Global" fue que la Asamblea General de la ONU pudo mostrar su solidaridad con Ucrania. Pero los gobiernos occidentales no aplicaron el mismo criterio cuando se descontroló la guerra en Gaza y se planteó -una vez más- el problema de la hipocresía y del doble estándar.

Además, similitudes en una perspectiva en particular no significa que estos países actúen -ni puedan actuar- como una unidad. Las fragmentaciones dentro del "Sur Global" se extienden mucho más allá de los problemas económicos. Y si bien muchos pretenden hablar en nombre del "Sur Global" -en la ONU o en otros lugares-, ningún país puede reclamar ese derecho.

Durante el último año, Brasil, China e India han luchado por presentarse como los adalides del grupo. Para estos tres países, reclamar el liderazgo del Sur global ofrece claras ventajas, incluyendo oportunidades para ampliar su influencia global y consolidar relaciones económicas. Los tres países son miembros fundadores de los BRICS, cuyos integrantes principales también incluyen a Rusia y Sudáfrica. Durante la presidencia del G-20 de India en 2023, Modi prometió representar a "nuestros compañeros de viaje del Sur Global" y ayudó a la Unión Africana a obtener un asiento permanente. China, mientras tanto, se concentró en expandir los BRICS, liderando un exitoso impulso para extender invitaciones a Egipto, Etiopía, Irán, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. Vale recordar que Argentina declinó su invitación. Brasil planea utilizar su papel como presidente del G-20 este año y como anfitrión de la cumbre climática COP30 en 2025 para avanzar en lo que Lula presenta como una visión de un "orden multipolar, justo e inclusivo" en el que los países del Sur Global tendrían una mayor influencia que la que tienen hoy.

Sin embargo, mientras estas potencias compiten para liderar a los países en desarrollo, algunas de sus más recientes elecciones de política exterior sugieren que priorizan otras relaciones. China ha reforzado sus lazos con Rusia desde que ambas potencias declararon una "asociación sin límites" en 2022. India ha aumentado el comercio con Rusia mientras se ha acercado a Estados Unidos y a los aliados estadounidenses como parte del Quad (Diálogo de Seguridad Cuadrilateral); un foro de seguridad marítima que también incluye a Australia y Japón. El gobierno de Modi rompió con la mayoría de los miembros del Movimiento de Países No Alineados en la ONU en octubre cuando se negó a firmar una resolución de la Asamblea General que pedía un alto el fuego inmediato en Gaza. Aunque India apoyó una resolución posterior en diciembre, el voto de octubre testificó el estrechamiento de sus lazos con Israel en los últimos años.

Lula ha adoptado una postura más enérgica que otros líderes no occidentales sobre la guerra entre Israel y Hamás al tiempo que navegó con habilidad las fricciones entre China, Rusia y Estados Unidos, fortaleciendo sus lazos con los tres.

Otros aspirantes a liderar el Sur global parecen aún menos preparados. Por ejemplo, una Sudáfrica que aún lucha por proyectarse como líder en su propio continente -donde otros países como Kenia y Nigeria prefieren trazar sus propios caminos-, no parece ser un candidato posible para liderar una coalición global tanto más compleja.

En América Latina hoy es imposible imaginar una agenda de integración ni la posibilidad de un líder natural. Es más, la crisis que desató el presidente de Ecuador Daniel Novoa al invadir la embajada de México -algo en contra a la inviolabilidad de las embajadas garantizado por la Convención de Viena-, abre una Caja de Pandora regional de ramificaciones inimaginables.

Por último, los países árabes del Golfo, por ejemplo, pequeños pero influyentes, se reúnen en la ONU con naciones en desarrollo en el Movimiento de Países No Alineados y en el G-77, y han utilizado estos lazos para obtener apoyo para la causa palestina durante la guerra entre Israel y Hamás. Pero los funcionarios árabes tienden a presentar sus intereses separados de los del Sur global, dado el crecimiento económico que ostentan y la relativa estabilidad política de sus países.

La verdad es que muchos de los países que intentan asumir un rol más importante en el escenario mundial para aumentar su prestigio e influencia; enfrentan una persistente o creciente inestabilidad en su propio país y, a pesar de los apoyos retóricos a los países de este difuso grupo, la realpolitik y los intereses particulares de cada país siempre tendrán prioridad por sobre otra consideración grupal.

¿Quién arregla los problemas reales?

En última instancia, hay poco valor en esforzarse por identificar quién, si alguien, puede liderar el "Sur Global". La pregunta real es: la conformación de un bloque global, ¿va a ayudar a estos países a resolver sus problemas reales? Y la respuesta es no.

El juego por el liderazgo del "Sur Global" desvía la atención de los verdaderos problemas que enfrentan todos estos estados. Casi dos tercios de los países menos desarrollados del mundo afrontan brutales dificultades de deuda. Muchos de los más pobres -incluyendo a varios países en África Occidental- sufren de alta inestabilidad política y violencia doméstica; lo que agrava los problemas económicos. Y los organismos regionales que se crearon para mediar en problemas políticos, como la Unión Africana y la Organización de Estados Americanos han perdido credibilidad en medio de disputas infantiles entre sus miembros.

Ayudar a los países vulnerables - en especial a aquellos que enfrentan conflictos y catástrofes humanitarias - a superar los impactos mutuamente reforzados de la violencia, la inflación, la inseguridad alimentaria, el cambio climático y los efectos persistentes de la pandemia; es mucho más apremiante que determinar a qué potencia seguir en la diplomacia internacional o elegir quién hablará por ellos.

El término "Sur Global" es tan elusivo y engañoso como el propio término "Occidente" y hay que aprender a utilizarlo con cuidado. Las dinámicas específicas dentro y entre los países de África, Asia y América Latina moldearán su alineamiento geopolítico mucho antes que su identidad como grupo. "Occidente" debe tratar a estos estados como son, uno a uno; sin caer en la falacia de pensar que todos operan como una entidad geopolítica única y consistente.

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