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El aguinaldo celebra ocho décadas desde su incorporación legal al régimen laboral argentino. Pero, sobre todo, festeja que —por un misterio insondable— ha logrado sortear la implacable "motosierra" que viene recortando los derechos más elementales de los trabajadores.
En el tablero de las apuestas, este beneficio tenía todas las fichas en su contra por tres razones de peso: la primera, su antigüedad, en un escenario donde la vejez de una norma parece ser un estigma; la segunda, por ser un instituto paradigmático de la "aberrante" justicia social; y la tercera, por su origen vinculado al movimiento justicialista.
Aunque no queremos darle alimento a las fieras, (avivar giles, según nuestro hermoso lunfardo); todavía hay más argumentos para extirpar este engendro protegido por el cáncer (Milei, dixit) del artículo 14 bis.
La excepcionalidad del aguinaldo es evidente al mirar el mapa global. De los 195 países reconocidos por la ONU, se estima que entre 140 y 150 no lo contemplan como una obligación legal universal. Solo un grupo de 50 naciones lo practica habitualmente, y de estas, apenas 30 lo han sancionado por ley (siendo la mayoría de ellas latinoamericanas).
En cuanto a su origen, aunque el derecho fue impulsado por Juan Domingo Perón, técnicamente no fue sancionado por un gobierno democrático. En 1945, el entonces coronel integraba el gobierno militar que había derrocado a Ramón S. Castillo, poniendo fin a la "Década Infame". El 10 de octubre de ese año, Perón fue obligado a renunciar a sus cargos como vicepresidente, ministro de Guerra y secretario de Trabajo. En su histórico discurso de despedida, anunció ante los trabajadores que dejaba firmado el decreto-ley 33.302, el cual establecía el salario mínimo, las vacaciones pagas y el aguinaldo. Aquel anuncio fue su salvavidas, su escudo y su garrocha: el detonante para que sus propios compañeros de armas, presionados por sectores reaccionarios, resolvieran confinarlo en la isla Martín García. Sin embargo, el apoyo popular del 17 de octubre daría el espaldarazo definitivo a sus ambiciones presidenciales, consolidando así la nueva legislación laboral en plena campaña electoral.
En realidad el primer aguinaldo en Argentina se promulgó en Jujuy en 1924. La ley fue propuesta por Jorge Villafañe y Arturo Palisa Mujica, 2 diputados de origen radical, pero la ley no incluía a todos los trabajadores en el cobro del aguinaldo, sino al personal del servicio y ordenanzas públicos.
Curiosidades del aguinaldo
La palabra aguinaldo no existe en el diccionario de la Real Academia Española con el sentido que la conocemos en Latinoamérica (el pago extra que un empleador abona a su trabajador, usualmente para fin de año). Sus dos primeras acepciones se refieren a regalo que se da en Navidad o en cualquier ocasión, la tercera a un villancico navideño y la cuarta a una planta caribeña. Quizá cuando la acepción cumpla160 años, la RAE (si aún existe) se dignará incorporarla, contemplando ese extraño idioma de los sudacas.
Míticamente, el origen del aguinaldo se remonta al reinado de Rómulo, primer monarca de Roma, quien recibió el primer día del año de sus colaboradores unas ramas cortadas de un frutal del bosque de la diosa Strenia. Se repitió cada primero de año posteriormente recibiendo el nombre de strena como señal de buen augurio para el resto del año. (de allí la etimología de “estrenar”). La palabra aguinaldo tiene origen en una frase romana que significa "en este año" (hoc in anno), que sería, posteriormente, empleada como estribillo en canciones populares de fin de año. Con el tiempo, las primitivas estrenas fueron evolucionando hacia regalos más sofisticados. Las estrenas podían ser de naturaleza tributaria, cuando eran los siervos quienes las presentaban a sus amos, o también, donativos, cuando eran los más poderosos quienes los entregaban a sus súbditos, en señal de buenos augurios para el futuro.
Una versión menos creíble es que aguinaldo viene de A gui l’an neuf, que habría sido una expresión de los druidas durante el solsticio de invierno. Esta palabra tiene tres componentes: A significa al, gui significa muérdago, l’an significa el año y neuf significa nuevo. El problema es que los druidas no hablaban en francés, sino en celta, pero esas son cuestiones menores cuando la imaginación lo exige.