PUBLICIDAD

¿Quieres recibir notificaciones de alertas?

Su sesión ha expirado

Iniciar sesión
18°
19 de Enero,  Salta, Centro, Argentina
PUBLICIDAD

El apasionante mundo de los criaderos y socavones

El misterio de los minerales atraviesa el desarrollo de las ciencias a lo largo de milenios. La mitología impregna muchas de las interpretaciones y de ellas se derivan las denominaciones de muchos de los elementos que conocemos
Lunes, 19 de enero de 2026 01:38
Alcanzaste el límite de notas gratuitas
inicia sesión o regístrate.
Alcanzaste el límite de notas gratuitas
Nota exclusiva debe suscribirse para poder verla

Dos palabras clave, muy usadas y poco conocidas del arte minero son "criaderos" y "socavones". La idea es ahondar en sus definiciones.

Desde milenios atrás el hombre se preguntó qué eran y de dónde provenían los minerales que se encontraban contenidos en las rocas. Los antiguos griegos realizaron algunas aproximaciones e intentaron las primeras clasificaciones. Tanto Platón como Aristóteles se ocuparon de buscar una explicación al cuarzo, uno de los minerales más comunes, al que consideraban un hielo tan viejo que era incapaz de derretirse. Le dieron el nombre de "krystallos", dado que en griego "kryos" es "frío de hielo". Ello devendría en cristal y todo lo que hoy significa cristalino, cristalografía y demás vocablos que dependen de esa raíz.

También describieron el magnetismo. Se cuenta que un pastorcito, Magnés, cuando caminaba por unos peñascos veía que sus sandalias con clavitos de hierro se pegaban a las rocas negras. Aristóteles reconoció que ese mineral atraía el hierro y dio el nombre de magnetismo al fenómeno.

Otra propiedad que era fácil de observar era la electricidad que generaban ciertos minerales al ser golpeados, entre ellos, el ya mentado cuarzo. Lejos estaban de imaginar que dos mil años después el magnetismo y la electricidad serían dos de las fuerzas que moverían el mundo y de las cuales depende la civilización moderna. Baste como ejemplo citar un simple teléfono celular.

Volviendo a los griegos fue Teofrasto, un discípulo de Aristóteles, quien expandió los conocimientos de su maestro y escribió un tratado específico sobre los minerales y sus propiedades. Más tarde los romanos continuarían desarrollando el estudio de las rocas y de los minerales.

Plinio, El Viejo

Entre ellos hay que rescatar a Plinio El Viejo (23-79), autor de una "Historia Natural" en 37 volúmenes de los cuales los cuatro últimos están dedicados a las piedras preciosas, rocas y metales. Para llevar a cabo su obra, Plinio reconoce haber leído más de dos mil libros antiguos de los cuales rescató todo lo digno de ser anotado recuperando así un patrimonio valioso para la humanidad.

Plinio El Viejo fue uno de los primeros mártires de la ciencia y el primer vulcanólogo, ya que por estudiar el Vesubio fue calcinado durante la erupción que sepultó a Herculano y Pompeya. Ese tipo de erupciones pasaron a la historia como "Plinianas" y fueron muy comunes en el pasado andino. Salta fue sepultada al menos cuatro veces en el último millón de años por erupciones plinianas.

Sabios medievales

Luego de aquellos romanos viene un largo silencio de mil años donde han quedado muy pocos recuerdos de observaciones naturales. Muchas de las explicaciones permeadas además en su origen por la influencia de los astros. El sabio árabe Ibn Sina (980-1037), latinizado Avicena, va a realizar un aporte mayúsculo a la ciencia de su tiempo.

Como médico estaba interesado en los minerales en el arte de curar. Realizó una clasificación bastante acertada donde distingue: 1) Las rocas que no daban metales y que no eran licuadas por el fuego, 2) Los metales que podían ser extraídos por el fuego, 3) Los azufres, cuerpos que desaparecían al ser quemados y 4) Las sales, materias que se disolvían en el agua.

Otro sabio medieval fuertemente interesado en los minerales y su origen fue el alemán Alberto Magno (1206-1280), maestro de Santo Tomás de Aquino y a la postre Doctor de la Iglesia. Fuertemente interesado en la alquimia se lo reconoce como el descubridor del arsénico. Dio un notable impulso a las ciencias físicas, químicas y naturales. Escribió cientos de trabajos entre los cuales rescatamos aquí "De mineralibus" donde explica el origen de los minerales. Sostiene que los minerales se han formado a partir de la conjunción de los cuatro elementos (tierra, aire, agua y fuego) y por la sublimación de dos principios: acuoso y férreo, respectivamente. Explica el origen de los filones metalíferos argumentando que los metales se destilaron en el interior de la tierra por efectos del gran calor interno y que sus vapores se condensaron rellenando las grietas de la corteza.

De Georg Bauer en adelante

Un cambio paradigmático en el conocimiento de los minerales y su formación va a ocurrir con el sabio alemán Georgius Agricola, latinización de Georg Bauer (1494-1555). Este médico trabajó en las minas de Sajonia y escribió varios tratados en latín que son la piedra basal de la geología, la mineralogía y los yacimientos minerales.

El más famoso "De Re Metallica" fue traducido del latín al inglés por Herbert Hoover, a la postre presidente de los Estados Unidos de América y por su esposa, Lou Henry Hoover, una geóloga y latinista de la Universidad de Stanford. Una copia del original publicado en Basilea en 1556 fue traída por los franciscanos a Salta y se encuentra resguardada en la biblioteca del convento.

El alquimista suizo Paracelso (1493-1541), descubridor del zinc, pensaba que los minerales se habían formado por la asociación en proporciones variables de tres elementos: 1) el azufre, principio de la combustión; 2) el mercurio que determinaba la volatilidad de las cosas y 3) la sal, que subsistía después de la combustión.

Existen cientos de pensadores que no podemos abordar como Marcus Portius Cato, Ibn Mahmud, Al-Biruni, Alfonso el Sabio, San Isidoro de Sevilla, Hildegarda de Bingen, Nicolás Steno, Bernard de Palissy, Abraham Werner -y sus muchos discípulos de Freiberg- y otros que hicieron aportes a la comprensión de la génesis y propiedades de los minerales.

Alfred Stelzner, a la postre el padre de la geología argentina, venía de Freiberg y era heredero del pensamiento de Agricola y Werner.

Criadero de minerales

Sí vale la pena detenerse en el naturalista sueco Carl Linneo (1707-1778) famoso por haber establecido el sistema de nomenclatura binomial de los animales y las plantas. También abordó el mundo mineral y sostuvo que los minerales nacían de una cristalización sexual.

Para él las sales eran generadoras y de su unión con las rocas, acto que comparaba a una fecundación, estas últimas podían cristalizar. La idea era que el subsuelo "criaba" minerales tal como el suelo "criaba" vegetales y animales. Todos esos conceptos fueron derivando en un vocablo aún en uso, tanto legal como técnico minero, que es el de "criadero". Dicho término hace referencia a que existe una relación directa entre las rocas y los minerales que contienen y que se han "criado" en ellas.

Criadero como sinónimo de un depósito mineral de importancia económica, es una concentración natural de minerales valiosos en calidad y cantidad suficiente para ser explotados y procesados con fines comerciales.

El Código de Minería regula esos criaderos estableciendo el régimen de propiedad, exploración y explotación de las sustancias minerales. El minero es dueño de todos los criaderos que se encuentren en su pertenencia. Es interesante destacar que la palabra "criadero" aparece en el antiguo diccionario minero de García de Llanos escrito en Potosí en 1608.

Socavones y mitología

La otra palabra de uso común en el arte minero es socavón. Viene de socavar, o sea excavar el subsuelo. Precisamente para beneficiar un criadero se debe hacer un socavón. Consiste en la entrada principal horizontal a una mina desde la superficie. En general es cualquier galería o entrada que se inicia en la superficie, sea para la extracción de mineral o descartes, para drenaje, ventilación o todo el conjunto de operaciones mineras. Forma parte del amplio conjunto de labores que se dan en la minería subterránea.

Esas labores siguen el rumbo de las vetas y las hay verticales, horizontales e inclinadas en distintos ángulos. En Potosí se encuentra el "Socavón Real" que da acceso al interior del cerro y tiene varios siglos de uso. Los socavones, por su naturaleza subterránea, están llenos de misterios y sobre ellos se teje una impactante mitología con la presencia de duendes creados por las diferentes culturas de la Tierra. Desde Nickel y Cobold, los gnomos escandinavos que dieron origen al nombre de los elementos químicos níquel y cobalto, pasando por los "Tommyknockers" ingleses, hasta los tíos, muquis y chinchillicos de los Andes. Todos se caracterizan por gastarles bromas a los mineros, robarles pertenencias, golpear las paredes, esconder las riquezas del subsuelo, generarles accidentes, entre otras supersticiones y creencias. Estas llevan a que se les erijan altares subterráneos, se les ofrezcan misas, se les obsequien ofrendas y sacrificios, entre otros costumbrismos del mundo de los socavones.

Algunos son personajes idealizados, pero otros se consideran el espíritu de los mineros fallecidos. Los Tommyknockers, criaturas exitosas del novelista Stephen King, meten miedo golpeando las paredes de las minas y se representan como duendes o espíritus del subsuelo, de unos 60 cm de altura, que visten ropas de mineros y tienen bigotes blancos.

De los socavones chorrea esa agua acidulada que forma la copajira a la que Manuel J. Castilla dedicó uno de sus mejores libros de poemas mineros.

Por alguna razón la palabra socavón causa gracias a los estudiantes de derecho minero cuando la escuchan por primera vez y es muy común que ese profesor sea apodado como "socavón".

El desarrollo técnico de los términos mineros fue realizado por el suscripto en un "Diccionario Minero" con más de 2.500 vocablos que fue publicado en Madrid en 1995 por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España.

Temas de la nota

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD