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El "Desorden de Westfalia" y la era postamericana

Sabado, 31 de enero de 2026 00:28
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El escenario internacional actual, surgido tras el fin de la Guerra Fría y profundizado en el siglo XXI, se caracteriza por lo que denomino el "Desorden de Westfalia". El orden de Westfalia, establecido mediante una serie de Tratados en 1648 buscaba poner fin al conflicto religioso entre protestantes y católicos. Así, sentó las bases de la soberanía estatal y la no intervención, bajo el principio de que "cada príncipe elegiría la religión de su pueblo", instaurando las bases del Estado Nación moderno. Hoy, a cuatrocientos años, este orden se encuentra en crisis, impulsada por la globalización o la "mundialización", donde el poder del Estado parece diluirse frente a los mercados y la sociedad en red; tanto como, por la pretensión de Estados Unidos de subordinar el "[des]orden" internacional a su dominio hegemónico o pax americana, donde los Estados se subordinen a su interés nacional.

Respecto a los mercados, la politóloga inglesa, Susan Strange, advierte sobre la pérdida relativa y creciente de poder de los Estados en el contexto del "capitalismo casino": un sistema financiero internacional en permanente movimiento, donde los mercados nunca duermen, operando 24 horas a lo largo y ancho del planeta. Aquí, el poder estatal se erosiona frente a actores como empresas multinacionales y organismos internacionales, algunos con mayor peso relativo que muchos países. Cada jugador hace sus apuestas en un juego caracterizado por la inestabilidad, concentración de riqueza y desigualdad social. Y, donde la casa -el sistema financiero-, siempre gana.

Desde otra perspectiva, el sociólogo norteamericano, Immanuel Wallerstein, sostiene que el sistema - mundo que surgió hace cinco siglos con la expansión europea hacia América mantiene una lógica territorial y otra global. Mientras los Estados permanecen fragmentados, el capitalismo se extendió globalmente, de forma tal, que los gobiernos no logran controlar una economía mundial. Es que ahora es el mercado el que impone las reglas, en alianza con poderes hegemónicos.

En sintonía, el aporte teórico de Lenin -Vladimir Ilich Ulianov-, cobra actualidad al señalar al Imperialismo como la fase ulterior del capitalismo, dominada por el monopolio, el capital financiero y la lucha por recursos entre potencias. Esa obra, escrita hace más de un siglo para explicar las causas de la Primera Guerra Mundial, parece ser un preludio del mundo actual por la feroz competencia entre las grandes potencias contemporáneas que luchan por los mercados y los recursos imponiendo políticas imperialistas.

En este desorden mundial actual, sólo existe el equilibrio del terror entre las potencias con capacidad nuclear para destruir varias veces la tierra. En nuestro tiempo, la vida del planeta se encuentra ante una amenaza real y latente de desaparecer. Del denominado "club nuclear", integrado por nueve naciones, entre más de 190 países que conforman las naciones unidas, suman más de trece mil cabezas nucleares. Entre ellas se destacan, la Federación de Rusia y los Estados Unidos de América, siendo este último el único que fue capaz de utilizarla dos veces contra una población, en Hiroshima y Nagasaki.

Con ese abrumador poder, Estados Unidos desatiende los capítulos VI y VII de la Carta de las Naciones Unidas, como ocurrió en Yugoslavia (1999), Irak (2003), Siria (2017) e Irán (Operación "Martillo de Medianoche", en 2025) y Venezuela (2026). De forma similar, Rusia lo hizo con Ucrania (2022), como las acciones de Israel en Palestina. Cada uno con sus argumentos, pero todos hechos que evidencian la inestabilidad del orden de Yalta (1945) y la ineficacia del sistema de Naciones Unidas.

Solo existen dos vías legítimas para tomar medidas coercitivas: con mandato del Consejo de Seguridad o apelando a la legítima defensa tras un ataque -la cual debe ser proporcional hasta tanto Naciones Unidas tome acciones al respecto-, no operando los denominados "ataques preventivos", que desean instalar desde la OTAN y que reconvirtieron esa organización, a fines del siglo XX, como una alianza ofensiva, hecho que está prohibido por la carta de Naciones Unidas. En este frágil equilibrio estamos al vilo de un inminente ataque estadounidense a la República Islámica del Irán, quién nuevamente amenazó en responder con ataques a las bases norteamericanas en la región.

Tras la caída de la Unión Soviética, el mundo se abrió a una nueva competencia por la hegemonía mundial en un contexto de economía cada vez más interdependiente. Zbigniew Brzezinski destaca la competencia estratégica en el "Gran Tablero Mundial", con Eurasia como escenario principal y jugadores geoestratégicos como Rusia, China, Estados Unidos, Japón, la Unión Europea, Turquía e Irán.

Donde la retirada de Moscú tras el colapso de su imperio abría el juego hacia una inmensa área dotada de ingentes recursos estratégicos.

 

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