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Nada más previsible en el mundo que China, que en las últimas semanas acaba de difundir su 15° Plan Quinquenal (2026-2030), su tercer documento sobre "Política hacia América Latina y el Caribe" y un trabajo oficial sobre sus previsiones para el mundo del 2049. En China las palabras cuentan. Desde el triunfo de Mao Tse-Tung en 1949, cada quinquenio el Partido Comunista anuncia sus metas para los siguientes cinco años y, salvo circunstancias excepcionales, como la crisis desencadenada por las turbulencias de la Revolución Cultural a principios de la década del 70 y los efectos de la pandemia en 2020, estos objetivos suelen cumplirse con una precisión desconocida en Occidente.
El documento certifica un giro significativo en la estrategia de desarrollo, basado en el incremento del consumo interno en detrimento de la tasa de inversión. En China el consumo representa el 57% del producto bruto interno y el 43% restante corresponde a la inversión. En las economías desarrolladas de Occidente el 73% pertenece al consumo y el 27% a la inversión. China produce el 30% de los productos manufacturados del mundo, pero consume sólo el 18%. Semejante desfase explica el monumental superávit de su balanza comercial, que asciende a 1,2 billones de dólares y la gigantesca acumulación de reservas en su Banco Central.
Esa enorme masa de reservas permite que en las previsiones gubernamentales el déficit presupuestario del próximo quinquenio aumentará al 4% anual contra el 3% de los cinco últimos años. Ese incremento obedece a una asignación de prioridades que hace que el gasto público en ciencia y tecnología crezca un 8,3%, en defensa un 7,2% y en educación un 6,1%.
Este salto en la inversión en ciencia y tecnología, que es la clave principal de este 15° Plan Quinquenal, supone que el Estado chino invertirá anualmente en este rubro 172.000 millones de dólares, muy poco menos que los 192.000 millones de dólares de la inversión estatal estadounidense en la materia. Si se computa la masa de inversiones de las grandes empresas tecnológicas chinas como Tencent y Alibaba esa suma ascenderá a 723.000 millones de dólares anuales, también apenas inferior a los 800.000 millones de dólares anuales de Estados Unidos.
El texto explicita la intención de "reducir la dependencia tecnológica extranjera" y de avanzar en "autosuficiencia tecnológica". Enfatiza la promoción de las "industrias avanzadas", entre las que menciona la inteligencia artificial, la tecnología cuántica, la bio-manufactura, la energía de hidrógeno, la fusión nuclear y las comunicaciones de nueva generación.
El documento instituye la consigna de una "inteligencia artificial soberana" y la creación de un "gran fondo" para financiar que "el 70% de los semiconductores sean de fabricación china". En esa misma dirección plantea el despliegue de una Red Nacional de Centros de Computación para que "la inteligencia artificial no dependa de chips estadounidenses ni de "nubes extranjeras".
Política para América latina
En consonancia con la difusión de su nuevo plan quinquenal, China hizo conocer también su tercer documento sobre "Política hacia América Latina y el Caribe". Los dos anteriores fueron difundidos en 2008 y 2016, pero su particularidad reside en la coincidencia cronológica con la aparición del documento de "Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos", publicitado por el gobierno de Donald Trump, que reivindica la vigencia de la "doctrina Monroe", certificada por los acontecimientos de Venezuela.
El documento encuadra el papel de América Latina, como una parte integrante del "Sur Global", dentro las cinco "iniciativas globales" impulsadas por Beijing: la Iniciativa de Gobernanza Global (GGI), la Iniciativa de Desarrollo Global (GDI), la Iniciativa de Civilización Global (GCI), la Iniciativa de Seguridad Global (GSI) y la "Cooperación la Franja y la Ruta", basada en la infraestructura.
El texto sigue el formato adoptado en el Plan de Cooperación China-CELAC 2025-2027, que está organizado en cinco "programas de cooperación" cuyos títulos son "Solidaridad", "Desarrollo", "Civilización", "Paz" y "Conectividad entre los Pueblos". Sin ninguna referencia directa a Estados Unidos, reivindica "la gloriosa tradición de independencia de América Latina".
El Programa de la Solidaridad recalca la necesidad de profundizar el diálogo político y la confianza mutua, a través del intercambio entre los gobiernos, los partidos políticos, los parlamentos y las organizaciones de la sociedad civil. El Programa de Desarrollo enfatiza el incremento del comercio recíproco y de las inversiones chinas en la región. El Programa de las Civilizaciones promueve el intercambio académico, cultural y deportivo y el vínculo entre los medios de comunicación. El Programa de la Paz postula la lucha contra la corrupción, el combate al crimen transnacional y la ciberseguridad. El Programa de los Pueblos alude al desarrollo social, la cooperación sanitaria y la relación entre los gobiernos locales.
Un punto novedoso, que contrasta con el alejamiento del gobierno de Donald Trump de la problemática del cambio climático, es la importancia asignada a los avances de China en la producción de vehículos eléctricos y la generación de energías renovables y a las posibilidades que estos adelantos pueden representar para la cooperación con los países latinoamericanos. China, que es el mayor emisor mundial de carbono, es a la vez el mayor productor global de energía eólica y solar.
Si bien el documento se cuida de no confrontar con Estados Unidos, su contenido incluye múltiples alusiones indirectas a la influencia de Washington, como las referencias al interés común en articular una acción conjunta para la reforma de los organismos financieros internacionales, en particular del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, y el empleo de las monedas locales en las operaciones de intercambio bilateral, en desafío a la hegemonía del dólar.
Un tercer documento del régimen chino, difundido también a principios de diciembre, elaborado por el Tengchong Scientists Forum y titulado "Tech Predictions and Future Visions 2049", contiene diez "visiones tecnológicas" y consigna reflexiones sobre el mundo para dentro de veinticuatro años. El eje del trabajo es el avance hacia una "sociedad inteligente". El mensaje principal es que el futuro de la Humanidad está ligado a la innovación tecnológica y que se trata de avanzar en el control de esos adelantos. Entre esas diez visiones se destaca la utilización de robots como asistentes personales. Según la estimación, en 2035 el 30% de los hogares estarían en condiciones de acceder a su uso y para el 2049 el precio de los mejores modelos estaría entre 500 y 700 dólares. El texto preanuncia también el creciente empleo de coches voladores y el tráfico aire-tierra coordinado por la inteligencia artificial.
Estas previsiones, que en otros tiempos corresponderían a la ciencia-ficción, no son producto de la imaginación. Responden a la experiencia de un país que en los últimos 45 años protagonizó el mayor proceso de desarrollo económico de la historia del capitalismo. Es el principal socio comercial de 140 países de los 192 representados en Naciones Unidas. Su crecimiento anual representa más de un tercio del aumento del producto bruto mundial. En los próximos quince años su población de 1.400 millones de habitantes alcanzará un ingreso "per cápita" de 25.000 dólares anuales. China, transformada hoy en abanderada de la globalización, tiene como ventaja comparativa la condición de ser una superpotencia plenamente integrada a la estructura de la Cuarta Revolución Industrial, más aún que Estados Unidos. Por ese motivo, a pesar de su superioridad relativa en el corto plazo, Estados Unidos está obligado a negociar con China un acuerdo estratégico de largo plazo. En las décadas de 1860 y 1870, después de la oprobiosa derrota experimentada en la guerra del opio, los reformadores chinos del Movimiento de Autoafirmación desarrollaron la idea del "yong" y el "ti", que permitía que China podía adoptar las técnicas occidentales ("yong") y aprovecharlas para preservar la esencia cultural de su civilización milenaria (ti). Esa concepción, inspirada en las enseñanzas de Confucio, explica mucho mejor a la China de hoy que los vetustos manuales marxistas.