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La crisis climática no solo está provocando más desplazamientos, sino que también hace que la vida sea aún más dura para las personas forzadas a huir. Según la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), en junio de 2025, más de 117 millones de personas estaban desplazadas por la fuerza en el mundo a causa de conflictos, persecuciones, violencia y violaciones de derechos humanos.
El organismo añade que con el calentamiento global "la mayoría de las personas desplazadas por diversas formas de violencia vive en países que son muy vulnerables al cambio climático y no tienen las herramientas para hacerle frente".
En Salta, el Instituto de Derecho Ambiental y de la sustentabilidad de la Universidad Católica (IDEAS) considera muy importante analizar el tema de los migrantes ambientales, en el marco de la alteración del clima.
La cuestión de los migrantes ambientales no es nueva. Es un tema que atraviesa la humanidad desde la prehistoria. La Biblia, en el Génesis, relata que Abraham, Isaac y Jacob huyeron a Egipto debido a la escasez de alimento. El libro de Jeremías dice que Elías y otros profetas enfrentan sequías y hambrunas que afectan la vida de la comunidad. Otros textos bíblicos llaman a confiar en la providencia de Dios en medio de cambios y desafíos ambientales.
La arqueología y la paleontología han revelado que estos fenómenos han sido decisivos en la vida de las comunidades desde la aparición de Homo Sapiens. Las migraciones por cuestiones de sequías, inundaciones y las consecuentes hambrunas se han repetido a lo largo de milenios. En el siglo XXI se hace necesario, entonces, tomar conciencia de los daños que producen las contribuciones de la actividad humana al cambio climático.
Los huracanes, las inundaciones, los terremotos, las sequías siempre han golpeado a las comunidades sin distinción de clase o ingresos, pero los sectores más vulnerables son los que se ven obligados a dejar su tierra para buscar lugares más hospitalarios. Pero ahora es necesario adoptar medidas enérgicas y efectivas para frenar los daños ocasionados directamente por el hombre, como la contaminación, la pérdida de biodiversidad y la deforestación.
Derechos
La necesidad de dejar el lugar conocido y la incertidumbre por adaptarse a su nuevo destino genera en el ser humano una angustia que repercute en su vida y del todo el grupo. Esto genera un problema, a su vez, para los receptores de estos migrantes, que deben ser solidarios, respetar el derecho del recién llegado a una vida digna, pero también, resolver los desequilibrios económicos y sociales que este aluvión de extranjeros puede generar. Ese es un problema multiplicado en la actualidad, y que no parece estar en vías de solución.
Nuestra historia es la de un país que ha sido y es receptor hospitalario de refugiados que huyen de la guerra o las dictaduras. Pero el llamado "crisol de razas" sigue discriminando o ignorando las necesidades y demandas de sectores marginados, incluidas las comunidades originarias. Muchas veces, estas comunidades no son tan bien recibidas cuando se acercan a los poblados, o requieren asistencia cuando los ríos o la sequía generan hambrunas. Ellos también son migrantes expulsados por las catástrofes.
Estos temas, de acuciante actualidad, son objeto de un análisis profundo del que participan los miembros de IDEAS y otros calificados especialistas. Todos ellos preparan su aporte para un libro que ya hemos presentado a EUCASA, la editorial de UCASAL para su publicación que, esperamos, pueda concretarse en este año.
Es una contribución, que consideramos imprescindible, en una era en la que la desigualdad, los refugiados y las migraciones son síntomas muy elocuentes de inestabilidad social creciente en el siglo XXI.