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A pesar de las normas y las declaraciones a favor de la plena inclusión, en la Argentina se sigue discriminando. Un mal endémico, creciente y que se extiende desde los principales funcionarios hasta los ciudadanos de a pie.
íY hay que tener fortaleza para enfrentar la discriminación! Tan común y cotidiano. Te discriminan por no ser del mismo color, o del color que les gusta. Te discriminan por no ir al mismo colegio, si es público o privado; vales según al que concurras. Te discriminan por si tienes familias destacadas o no. Por el barrio donde vives, por ser lindo o feo según sus normas. Por ser ciudadano común, o hijo o padre de políticos de influencia, ser de derecha o de izquierda o del centro, o de ningún lado.
Lo importante es ser lo que cada cual quiera ser. Actuar y pensar según las propias ideas, siempre que esas ideas no vulneren derechos de los otros que conviven con uno, o que le son ajenos.
La discriminación es un tema complejo, de varias clases, circunstancias e historias. Sobre ella existen leyes y normas éticas, nacionales e internacionales.
¿Qué es la discriminación? Es el trato desigual o injusto hacia una persona o grupo de personas debido a raza o etnia, género, identidad de género u orientación sexual: religión o creencias, nacionalidad u origen, edad, discapacidad o apariencia física. Y se manifiesta en el trato desigual, el acoso, la exclusión y la violencia
Puede ocurrir en el seno familiar, escolar, laboral, social. En cualquier sitio, por eso se dice social.
En el ámbito nacional existe la ley N° 23592 denominada "Ley antidiscriminatoria argentina", que prohíbe la discriminación por motivo de raza, religión, nacionalidad, ideología, opinión política o gremial, sexo, posición económica, condición social o caracteres físicos.
Son típicos los casos de discriminación por raza, Se discrimina al negro afrodescendiente, al marrón, (denominación moderna) al indígena o perteneciente a pueblos originarios, y esto puede ocurrir en cualquier ámbito.
En esta ley se establecen sanciones con multas o prisión a quienes cometan actos de discriminación. Esta ley, así como la conciencia del daño que produce la discriminación debe formar parte de la educación de los niños.
Es imprescindible reconstruir una cultura fundada en el respeto por las personas; es necesario recuperar el respeto por los padres, los ancianos, los cuidadores, los maestros, los alumnos; por el ciudadano en general.
Se trata de hábitos y actitudes, en definitiva, de una cultura moral que han dejado de lado por completo muchos funcionarios públicos a los que les resulta más fácil agraviar que fundamentar. Y por eso, no solo se destruye la tolerancia, en general, sino que se pierde el respeto y la confianza en funcionarios, legisladores y dirigentes.
Vivimos en una cultura del destrato.
La gente se cansa de que a quienes no son parientes, amigos o seguidores incondicionales de los políticos de turno, todo les cueste más. Hasta el ejercicio del derecho ciudadano de ser escuchado por el funcionario competente.
Nuestro país ha suscripto, y tienen fuerza de Ley, la Declaración universal de Derecho Humanos ( 1948), la Convención internacional de Todas formas de discriminación racial (1965), el Pacto Internacional de Derecho Civil y Político (1966), Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (1979), Convención sobre los Derechos del Niño (1989), Convención sobre discriminación en el empleo y la ocupación (1958) y la Convención sobre Derechos de las personas con Discapacidad (2006)
Sin embargo, en la Argentina se sigue discriminando.
Algo está fallando, y es la educación y la cultura.
En este tema, y en muchos otros, tendremos que barajar y dar de nuevo.