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La historia enseña que los humanos se han valido del uso de las rocas y de los minerales desde los más remotos tiempos. Las edades del hombre están definidas precisamente por el nombre de rocas y minerales.
Las civilizaciones han avanzado gracias al mejor uso y aprovechamiento de los metales contenidos en depósitos minerales. Desde el arcaico uso de una piedra dura y filosa, a fundir y mezclar metales, doblegar los átomos que contienen algunos minerales radiactivos y hasta crear combinaciones inéditas con la IA. Ha sido un largo camino que se sigue expandiendo y seguirá expandiéndose mientras el ser humano conquiste el sistema solar y se abra paso hacia las estrellas cercanas.
Nada de esto es utopía.
Sondas de muchos tipos han explorado hasta los confines del sistema solar. E incluso los Voyager ya salieron hacia el espacio cósmico y flotan como botellas en el océano interestelar. Llevan una placa de oro grabada con símbolos que representan nuestra civilización tal como se encontraba medio siglo atrás. Haber lanzado esa botella al océano cósmico es una de las más grandes proezas en la historia de la humanidad. Como fue llegar a la luna o poner robots perforadores en Marte.
Todo esto comenzó cuando el hombre primitivo, primitivismo si se quiere, ya que estamos hablando de antropoides africanos y viejos ancestros nuestros, golpeó una roca silícea para hacer un proyectil y vio que saltaban chispas. Esas chispas representaban fuego y electricidad. Domesticar el fuego sería crucial para cocinar los alimentos, calentarse en los tiempos fríos glaciares que se vivían en el Cuaternario y fundir los metales, lo que les permitió pasar de la edad del Cobre a la del Bronce.
Esas rocas de cuarzo que lanzaban chispas al golpearlas tenían una propiedad intrínseca que llevaría a mover los relojes de cuarzo actuales y al chip de silicio de las computadoras. Silicon Valley, en Estados Unidos, es la síntesis perfecta de esa larga evolución que comenzó en África unos tres millones de años atrás.
Los griegos descubrieron el magnetismo en la mineral magnetita y esa curiosidad se transformaría dos mil años después en una de las principales fuerzas que mueven, comunican y entrelazan la civilización actual. Muchas otras propiedades estaban encerradas en los minerales y fueron puestas al descubierto y aplicadas a cientos de ingenios y creaciones tecnológicas.
La dureza del carbono permitió aprovechar desde el grafito del lápiz hasta el diamante con sus múltiples aplicaciones. El mismo grafito que hoy forma parte de la electromovilidad en baterías especiales. La maleabilidad y la ductilidad permitieron crear láminas e hilos finísimos de metal. Se aprovecharon también el color y el brillo, la fractura y el clivaje, la transparencia y la densidad, el tipo de crecimiento cristalino, características ópticas y organolépticas, entre otros muchos tipos de propiedades físicas y químicas.
También se descubrió en los minerales la fluorescencia, la fosforescencia y la radiactividad. Y a todas estas propiedades se les fue sacando utilidad y provecho. El ser humano descubrió que había minerales infusibles como los asbestos, aislantes eléctricos como las micas, solubles e insolubles, opacos y transparentes, saludables y venenosos, alterables e inalterables; y, en todos los casos encontró algo en que aplicarlos.
A los clásicos elementos químicos que ya se conocían en la antigüedad como el oro, cobre, plata, plomo, mercurio y azufre fue sumando lentamente otros y ya en 1869 el ruso Dimitri Mendeléiev tenía bastante avanzada su Tabla Periódica. Se seguirían descubriendo otros nuevos hasta completar los 92 elementos que están contenidos en más de 5.100 especies minerales de la actualidad. Y a ellos se les sumarían los transuránicos, todos descubiertos por el hombre y su tecnología de manejo del átomo.
A medida que se fueron aprovechando los distintos minerales ellos alcanzaron su calidad de estratégicos, críticos, raros, esenciales y otras denominaciones que se les fueron dando. En el mapa de las naciones lo que es crítico, raro o estratégico para unos puede no serlo para otros.
Los pueblos antiguos buscaron dominar los depósitos de cobre y estaño para fabricar sus armas de bronce. Algo tan simple como el mineral comestible sal (halita), era celosamente controlado por su necesidad absoluta en la alimentación y conservación de alimentos. La palabra salario viene de la sal en tiempos de los romanos.
Luego se convertirían en estratégicos los depósitos de hierro y las minas de carbón. Ello alcanzó su pico durante la Revolución Industrial. Y en el nacimiento del ferrocarril con los trenes, rieles y máquinas a vapor. Y a mediados del siglo XIX con la fabricación masiva de aceros, primero simples y luego cada vez más complejos de acuerdo con el uso de distintos elementos químicos en su composición.
En la primera guerra mundial el estaño se convirtió en crítico y estratégico para los países europeos ya que permitía envasar las carnes en conservas estañando las latas. El plomo lo era a la vez para las municiones, soldaduras, cañerías, baterías convencionales, entre muchos otros usos. El vanadio, uno de los pocos elementos químicos descubiertos en América, pasó a tener un rol fundamental en los aceros elásticos de amortiguadores. Perú se convirtió a comienzos del siglo XX, con la mina Ragra de la familia Rizo Patrón, en uno de los principales productores mundiales. El mineral "patronita", sulfuro de vanadio, toma de allí su nombre. Henry Ford firmó un contrato de exclusividad para abastecer su fábrica de automóviles.
La sofisticación de armamentos en la segunda guerra mundial llevó a que el wolframio o tungsteno se convirtiera en un elemento estratégico. Hitler por abastecerse de España metió en un problema a Franco y su neutralidad con el eje y con los aliados. El norte de Chile es un ejemplo emblemático de la importancia estratégica de minerales. Las grandes reservas de nitratos en las salitreras y de fosfatos de guano en la costa pacífica lo convirtieron en una meca económica mundial. El mundo requería fertilizantes y Chile los tenía. Ello llevó a la Guerra del Pacífico en 1879 y a la pérdida de extensos territorios para Bolivia y Perú. Hasta que un químico alemán descubrió que se podía obtener nitrógeno del aire y fabricar nitratos artificiales. Ello hizo colapsar económicamente toda una región de la cual dependía entonces el norte argentino como proveedor de alimentos, especialmente ganado en pie. Hoy esos territorios contienen una de las mayores reservas del mundo de cobre, molibdeno, renio y litio, además de yodo y nitratos naturales.
Es interesante destacar que para entonces el petróleo tenía poco o escaso valor y los países árabes eran un desierto pobre y vacío. A la par que el petróleo se volvía dominante en la escena global, Becquerel y el matrimonio Curie descubrían la radiactividad y comenzaba la era atómica que iba a tener un quiebre drástico con Hiroshima y Nagasaki.
Hoy la energía atómica se usa desde la electricidad hasta la cura del cáncer por isótopos radiactivos. Hay países atómicos que no cuentan con reservas propias de uranio y las importan de países que no tienen potencial nuclear.
China tiene el control de los recursos y la tecnología de separación de las Tierras Raras. La República Democrática del Congo tiene las mayores reservas de cobalto. Brasil tiene las mayores reservas de niobio del planeta. Australia, cuyo PBI minero es uno de los más altos del mundo, explota sus grandes reservas de hierro magnético tipo BIF y las vende a las siderúrgicas del sudeste asiático.
La aeronavegación, satélites, electrónica, defensa, electromovilidad, energías renovables, robótica y otros logros de la tecnología moderna requieren de baterías especiales, turbinas, paneles fotovoltaicos, chips, impresoras 3D, drones, motores, antenas, entre muchos otros ingenios mecánicos que son imposibles de fabricar si no se cuenta con Tierras Raras Livianas y TTRR Pesadas, Platino y Platinoides (EGP), metales raros como indio, galio, germanio, hafnio, escandio, a los que hay que sumar litio, silicio, cobalto, niobio, tungsteno, titanio, telurio, vanadio, manganeso, cromo, cobre y níquel, entre otros.
El litio se puede extraer de rocas pegmatíticas como lo hace Australia y de las salmueras de los salares tal el caso andino. Hasta hace unas pocas décadas el uso del litio era mínimo y se expandió geométricamente con la llegada de las baterías para celulares, computadoras, automóviles eléctricos y energías no convencionales. La historia enseña que las guerras, las herramientas de defensa y los avances tecnológicos en general crean cambios constantes en el uso de los minerales. Un mineral o elemento químico que era descartado como estéril (ganga) se puede convertir de la noche a la mañana en mineral estrella.
Por todo esto, el cierre de minas es un error conceptual. Un simple teléfono celular requiere de 31 elementos químicos provenientes al menos de un centenar de minerales. La corteza terrestre distribuye aleatoriamente los recursos minerales. Las asimetrías globales sinérgicas positivas se dan entre países que tienen los recursos mineros para ofrecerlos con otros que buscan adquirirlos porque cuentan con plantas avanzadas de fabricación de tecnología de punta. No siempre hay una coincidencia entre la posesión de los recursos y la posesión de la tecnología. Lo cierto es que el nuevo orden global, basado en la inteligencia artificial, defensa, exploración espacial y revolución tecnológica va a depender de minerales y de minería.