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Sobre el "equilibrio del poder": a puro Morgenthau

Los desvaríos de estos días, exacerbados con los ataques a Irán, sólo tendrán solución con un nuevo equilibrio del poder, sin depender de arsenales nucleares y con alguna autoridad que preserve su legitimidad.
Martes, 31 de marzo de 2026 01:28

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Hans Morgenthau (HM) -Coburgo, Alemania, 1904–Nueva York, 1976-, paradigma de la teoría realista del poder, fue estudiado a fondo en los principales centros académicos del mundo y no exento de polémicas.

Acerco al lector sus ideas sobre el concepto de "equilibrio de poder", base de teorías sobre relaciones internacionales y cuestión sensible tanto para la política interna de los Estados cuanto para la política internacional de cualquier época. En efecto, la concentración de poder es una patología solo remediable con contrapesos institucionales… o con más poder.

Realismo vs. idealismo

Los sostenedores del realismo consideran que el poder y su acrecentamiento son motor y explicación de las relaciones internacionales. En cambio, quienes adhieren a la teoría idealista insisten en que el poder puede y debe ser eliminado como motor de la vida internacional y reemplazado por instituciones eficaces (conforme el jurista español Celestino del Arenal). En este segundo campo militaba el presidente Woodrow Wilson, que contribuyó a estabilizar la primera posguerra mundial con el Pacto de la Sociedad de las Naciones (1919), antecesora de la ONU, suplantando el "Concierto Europeo", conferencias diplomáticas con que las potencias imperialistas acomodaban sus cargas durante un siglo XIX llagado de sangrientas guerras.

Desde entonces, el incipiente orden internacional se basó en una serie de normas jurídicas internacionales elaboradas durante siglos a partir de la Paz de Westfalia (1648), suceso que aparejó un cambio de época al separar el poder temporal del religioso y crearse el Estado moderno. El nuevo tiempo requería "principios" obligatorios, inherentes a la condición estatal, básicamente soberanía y autodeterminación más sus corolarios posteriores: independencia, identidad, buena fe, integridad territorial, jurisdicción exclusiva, inmunidad soberana, no intervención. Lo referí en "La crisis del derecho internacional…" (El Tribuno, 08/02/2026).

Aquella mutación introdujo, además, una determinante noción proveniente de la práctica política presente en las sociedades de todos los tiempos, aunque más elaborada después del siglo XVI: el equilibrio del poder.

Poder y equilibrio

Si el objetivo de los Estados es acumular poder, ese camino necesariamente lleva a configurar equilibrios, lo que no deja de ser una opción entre tantas de la política exterior estatal, sostiene este autor. Conseguirlo implica estabilizar las relaciones internacionales y, eventualmente, legitimar el orden en el que estas discurren; sin perjuicio de juegos de poder, tales como habilitar alianzas para condicionar rivales.

Iniciada la instancia multipolar, hay poco margen para que una, dos o tres superpotencias controlen la política mundial a su antojo y por la fuerza de las armas. En palabras de A. Dugin, el mapa del mundo debe estructurarse en varios centros de poder, que no posean el dominio absoluto y permita a cada país unirse en bloques por libre elección, proceso acelerado en 1978 con el ascenso de Deng Xiao Ping: en dos décadas China hizo virar el eje geopolítico a la cuenca del Indo-Pacífico.

La confusión y el desorden actuales evidencian una etapa incierta de un proceso ya en marcha. Por eso, la nueva armonía es cuestión central y desafía la estabilidad hegemónica practicada por Estados Unidos, que atiende descaradamente sus intereses globales sin garantizar cooperación ni seguridad internacionales, lo que se comprueba con el atasco en Irán. Su pretendido unipolarismo redivivo terminará como aquel anterior proclamado por George Bush senior en 1991.

En mi nota citada arriba rechacé la desacertada idea de la muerte del "orden basado en normas"; en todo caso perdió vigencia y eficacia el mecanismo de seguridad colectiva que la Carta de Naciones Unidas asignó en exclusividad al Consejo de Seguridad (CS).

"El poder sin equilibrio no construye orden, solo prolonga el conflicto".

En efecto, el equilibrio delineado en Yalta entre los vencedores (febrero 1945) se plasmó en el método de votación del Consejo: las decisiones importantes sobre paz y seguridad internacionales se tomarían con el voto positivo de nueve de los quince miembros del cuerpo, incluidos los miembros permanentes (y potencias nucleares: EE. UU, China, Francia, Gran Bretaña y Rusia). Si uno de ellos se oponía a una resolución del órgano, la medida de arreglo no se adoptaba. Ocurrió en hartas ocasiones, desde la Guerra de Corea (1950) hasta la crisis finisecular de los Balcanes, la Irak de Sadam Hussein, Libia de Gadafi, Siria de los Assad, Gaza, clara demostración de un desequilibrio que en los hechos suplantó al CS por la OTAN ahora denostada por Trump. Grave asunto: Carla Norrlöf, en reciente nota (Project Syndicate, 18/03/2026), lanzó una inquietante advertencia signo de este tiempo: la alianza atlántica "[…] dejó de funcionar como una red de seguridad coordinada y se convierte en una agregación laxa de estrategias nacionales. Las alianzas rara vez colapsan abruptamente; suelen erosionarse gradualmente a medida que los miembros buscan protección fuera del sistema".

Morgenthau puro

El libro Escritos sobre política internacional de H. Morgenthau (Ed. Tecnos, Madrid 1990) contiene diez ensayos sustanciosos, entre ellos el que refiero. ¿Por qué traerlo a colación? Precisamente por los desvaríos de estos días, exacerbados con los ataques a Irán, los cuales solo tendrán solución con un nuevo equilibrio del poder, sin depender de arsenales nucleares y con alguna autoridad que preserve su legitimidad.

La expresión es usada con cuatro sentidos diferentes, siendo más habitual "una distribución aproximadamente igual del poder"(*). Cada acepción abre varias llaves: si las naciones pugnan por mantener o derribar un determinado status quo, tal situación "[…] lleva necesariamente a una configuración denominada equilibrio del poder y a políticas destinadas a preservarlo", muy peligrosas cuando se desmadran. Señalemos que en relaciones internacionales confrontan dos modelos, el de oposición directa (hacer prevalecer los intereses propios) y el de competición (instalar una influencia dominante).

Como dije al inicio, el concepto vale para el escenario internacional y nacional. Equilibrar poder es un fenómeno social universal con funciones y resultados distintos según el ámbito, más estable ad intra pues la sociedad está mejor integrada con gobierno central, poder legislativo y judicial; lo que no ocurre en el descentralizado plano internacional. Morgenthau se inspiró en los checks and balances de la práctica norteamericana, según lo expuso James Madison en el ensayo 51 de El Federalista, dedicado justamente a la división de poderes dentro de su país.

En ambos escenarios, "equilibrio" equivale a balance en tanto "estabilidad dentro de un sistema compuesto de una serie de fuerzas autónomas". Esto permite comprender las acciones políticas a nivel interno o internacional, que cumpliendo similares funciones procuran su propia estabilidad mediante premisas válidas para los dos planos:

* Los elementos autónomos a equilibrar son necesarios para una sociedad nacional (poderes republicanos, provincias, regiones, agro, industria) o internacional (multiplicidad de actores, naciones particulares, bloques de países) y cada uno de ellos tiene derecho a existir;

* Sin una situación de equilibrio, un elemento autónomo puede dominar a los otros, usurpar sus derechos e incluso destruirlos.

Por cierto, no fue el único que reflexionó sobre el poder y su equilibrio; muchos estudiosos lo hicieron también con solvencia. Pero, bueno, se trataba de Morgenthau y por eso estas líneas.

(*) H. Morgenthau, Escritos sobre política internacional, Ed. Tecnos, Madrid 1990), pág. 119

 

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