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13 de Enero,  Salta, Centro, Argentina
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Construyeron un "museo vivo" para entender la magia del monte en el norte de Salta

El flamante Centro Educativo del Monte, de Yariguarenda, ya abrió sus puertas. Esperan que la inauguración oficial se realice en febrero próximo. Los detalles del turismo comunitario.
Martes, 13 de enero de 2026 11:35
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En Yariguarenda, ubicada en el departamento San Martín, a 13 km al norte de Tartagal, una comunidad guaraní consolida un modelo de turismo rural comunitario que no solo recibe visitantes, sino que regenera el territorio, fortalece la identidad cultural y propone una experiencia transformadora.

El turismo no es una actividad extractiva sino una herramienta de cuidado del monte, transmisión cultural y desarrollo local. A través del proyecto “Reciprocidad con nuestro monte”, impulsado por la Cooperativa de Trabajo Yariguarenda, con el apoyo de la Unión Europea y Redes Chaco, la comunidad consolidó una propuesta que hoy se posiciona como referencia en turismo rural comunitario en Salta y el norte argentino.

Recientemente concluyeron la construcción del "Centro Educativo del Monte" de Yariguarenda. Esta iniciativa se enmarca en la propuesta del turismo comunitario guaraní impulsada por Redes Chaco, que revaloriza la cultura local y genera economía sostenible mediante experiencias de contacto con la naturaleza (senderismo, cascadas, aves) y tradiciones guaraníes, ofreciendo miel y circuitos interpretativos. 

Este flamante Centro Educativo del Monte será un lugar donde convergen historias, saberes ancestrales, leyendas, semillas y prácticas sostenibles, permitiendo a los visitantes sumergirse en la cultura guaraní y su íntima relación con la tierra y el monte. "Nosotros queremos que nuestros visitantes entiendan el monte de otra manera. Es por eso que decimos que este es un museo vivo donde mostramos cómo escuchar el monte y a sus voces, descubrir su ritmo, su espiritualidad, los comportamientos de los animales y de las plantas. Pero también entender a los guaraní y el vínculo con el monte desde nuestra cosmovisión, también en nuestra producción orgánica, nuestras historias, nuestras luchas; cómo entendemos los ciclos de la naturaleza", explicó la referenta de la comunidad Natalia Valdez y nos adelantó que la inauguración oficial será en febrero. Desde luego que los visitantes que pasan por ahí ya lo están conociendo.

La construcción también fue pensada y realizada en sintonía con las significaciones de la comunidad indígena. Esta hecho como arman sus casas, con una base sólida de piedras y con un techo tradicional.

Quizás el Carnaval, el pim pim y los rituales del Arete Guasú brinden el mejor escenario para la inauguración oficial del Centro del Monte.

 

Otras formas de entender

El modelo que se desarrolla en Yariguarenda se apoya en tres pilares que definen las nuevas tendencias del turismo responsable a nivel global: sostenibilidad en la operación, regeneración en el impacto e inmersión en la experiencia.

Turismo sostenible:

"Cuando la operación respeta la vida del territorio". La sostenibilidad en Yariguarenda no es un discurso, sino una práctica cotidiana. La comunidad gestiona sus actividades turísticas respetando los ciclos del monte, utilizando materiales locales, energías limpias y saberes ancestrales. El Centro del Monte, recientemente construido, es un claro ejemplo: diseñado con madera nativa, piedra y caña del entorno, integra arquitectura bioclimática y criterios de prevención de incendios.

Los senderos comunitarios, la apicultura y las propuestas educativas se organizan bajo una lógica de bajo impacto ambiental, priorizando la conservación de la biodiversidad y el uso responsable del territorio. “El monte no es un recurso, es un ser vivo”, nos dice Natalia Valdez y lo repiten los referentes comunitarios, sintetizando una cosmovisión que guía cada decisión.

Más allá de minimizar impactos, Yariguarenda avanza hacia un turismo regenerativo, donde cada visita contribuye a fortalecer el territorio. El proyecto permitirá crear empleo local, consolidar la apicultura comunitaria como alternativa productiva y generar oportunidades para jóvenes y mujeres, promoviendo el arraigo y la transmisión intergeneracional de saberes.

La producción de miel, los recorridos interpretativos y la formación en biodiversidad y manejo del fuego no solo diversifican la oferta turística, sino que regeneran el tejido social, cultural y ambiental.

El turismo se transforma así en una herramienta de resiliencia frente a problemáticas estructurales como los incendios forestales o la falta de acceso a recursos básicos como el agua.


Turismo inmersivo:

"Vivir el monte desde adentro". Visitar Yariguarenda no es “mirar”, es participar. La comunidad propone experiencias inmersivas donde el visitante es invitado a caminar los senderos ancestrales, escuchar la palabra de los abuelos, conocer el trabajo de las abejas, compartir la comida y comprender los ritmos del monte.

El Centro del Monte recientemente construido funciona como un museo vivo y una escuela de naturaleza. Allí, las voces de los guaraní, los sonidos del monte, las máscaras del Arete Guazú y los relatos comunitarios construyen una experiencia sensorial y emocional profunda. No hay guiones prefabricados: la experiencia se construye en el encuentro, desde la hospitalidad y el respeto mutuo.

Este espacio no solo recibe visitantes, sino que resguarda y transmite saberes, fortaleciendo la identidad cultural y posicionando a Yariguarenda como referente regional en educación ambiental intercultural. 

Turismo regenerativo:

"Cuando la visita deja huella positiva". El impacto del turismo en Yariguarenda no se mide solo en cantidad de visitantes, sino en su capacidad de regenerar el territorio y el tejido social. El fortalecimiento de la apicultura comunitaria es uno de los ejemplos más claros: más allá de la infraestructura y el equipamiento, la actividad se consolidó como un eje de arraigo para jóvenes y mujeres, resignificando saberes ancestrales en clave de economía comunitaria.

La miel producida en Yariguarenda se convirtió en un símbolo identitario, asociado a valores de cooperación, cuidado ambiental y trabajo colectivo. Integrada a la experiencia turística, permite al visitante comprender cómo la producción, la biodiversidad y la cultura forman parte de un mismo entramado.

A esto se suma el trabajo sobre senderos comunitarios, que funcionan como aulas abiertas donde dialogan conocimientos científicos y saberes del monte. La actualización del nuevo libro Check List Vida en Yariguarenda, con nuevos registros de flora y fauna, y la formación en manejo del fuego junto a brigadistas del Parque Nacional Calilegua fortalecen la resiliencia territorial frente a incendios forestales, una problemática crítica en la región.
Una experiencia inmersiva que interpela y transforma.

Visitar Yariguarenda no es recorrer un circuito turístico tradicional. Es habitar el territorio, escuchar la palabra de los abuelos, caminar los senderos que forjaron generaciones y comprender que el tiempo del monte no responde a la urgencia, sino a la observación y la repetición.

Esta propuesta se completa con experiencias como “Guardianes del Monte por un día”, donde quienes llegan a Yariguarenda participan activamente de las prácticas comunitarias, desde la apicultura hasta la interpretación ambiental y observación de aves. El turismo se vive así como una experiencia transformadora, tanto para quien visita como para quien recibe.

Mujeres, jóvenes y abuelos:

"El corazón del proyecto". Uno de los impactos más significativos del proyecto es su dimensión social. Mujeres, jóvenes y personas mayores ocuparon roles centrales en la toma de decisiones, la gestión del turismo y la construcción de narrativas propias. La participación activa de mujeres en la conducción de la cooperativa y en los procesos productivos posiciona a Yariguarenda como una experiencia alineada con los principios de equidad y derechos colectivos.

La transmisión intergeneracional de saberes —pilar de la cosmovisión guaraní— se refleja en cada sendero, en cada relato y en cada espacio del Centro del Monte, donde los abuelos son reconocidos como guardianes de la memoria y el conocimiento.

Uno de los pilares del proyecto es la transmisión intergeneracional. Abuelos y abuelas ocupan un lugar central como portadores de memoria, lengua y espiritualidad.
“La sabiduría no está en los libros, está en la palabra que se comparte”, repiten los mayores, cuyas voces forman parte de las instalaciones sonoras del Centro del Monte.

Las mujeres, por su parte, cumplen un rol protagónico en la conducción del proyecto y en la gestión del turismo comunitario. Natalia Valdez, presidenta de la cooperativa, es una de las voces centrales del relato colectivo. “Defender el monte es defender la vida de nuestros hijos y nietos. El turismo es una herramienta, no un fin”, expresa.

Este liderazgo femenino fortalece la organización comunitaria y visibiliza el rol histórico de las mujeres indígenas en la defensa del territorio y la cultura. “No estamos solos. El monte nos cuida, pero también aprendimos a trabajar en red”, destaca Valdez.  En un contexto donde el turismo busca nuevas formas de relacionarse con la naturaleza y las culturas locales, Yariguarenda ofrece una respuesta concreta y profundamente arraigada en su identidad.

Una experiencia inmersiva que interpela

En Yariguarenda, el turismo no se observa desde afuera. Se vive desde adentro. El visitante es invitado a caminar, escuchar, compartir y detenerse.
“No queremos que nos miren como en un museo. Queremos contar nuestra historia con nuestra propia palabra”, sostiene Natalia Valdez.

Una de las propuesta “Guardianes del Monte por un día” sintetiza esta experiencia inmersiva. Quienes llegan participan de actividades cotidianas y aprenden que el turismo también puede ser una forma de educación ambiental y transformación personal.

“El visitante se va distinto. Y nosotros también aprendemos con cada encuentro”, afirman desde la cooperativa. La apicultura comunitaria es uno de los ejemplos más significativos. Más que una actividad productiva, se consolidó como una experiencia educativa y turística que integra biodiversidad, cultura y economía comunitaria.

“Las abejas nos enseñan cómo vivir en comunidad. Cada una tiene su rol y todas cuidan la vida. Sin ellas, el monte calla”, explica Rodrigo Valdez, referente apicultor de la comunidad.

Los senderos comunitarios, por su parte, funcionan como aulas abiertas donde se combinan saberes científicos y conocimientos ancestrales. Allí se habla de biodiversidad, incendios forestales, memoria territorial y luchas históricas por la tierra.

“Estos caminos no son nuevos. Son los caminos de los abuelos, los que nos enseñaron a caminar sin dañar”, relatan los guías locales como Carlos Galean especialista en interpretación ambiental y observación de aves.

Un modelo con identidad y futuro

El proyecto se fortaleció además a través de una amplia red de articulaciones con universidades, equipo técnicos y organizaciones como Redes Chaco, UNSa, la UNLP (Universidad Nacional de La Plata), PATA PILA, INTA, CONICET, el Parque Nacional Calilegua. Más de 20 familias participan de manera directa, mientras que muchas otras se benefician indirectamente a través del turismo y la comercialización de productos.

En un contexto donde el turismo busca nuevos sentidos, Yariguarenda ofrece una respuesta concreta y situada: un modelo que integra desarrollo económico, identidad cultural y cuidado ambiental. Un turismo que no extrae, sino que devuelve; que no acelera, sino que enseña a detenerse. 

En tiempos donde el turismo busca nuevas formas de relación con la naturaleza y las comunidades, Yariguarenda ofrece una respuesta clara: la reciprocidad con el monte como camino hacia un desarrollo justo, inclusivo y duradero. 

Desde el norte salteño, la comunidad guaraní de Yariguarenda demuestra que el turismo rural comunitario, cuando se construye desde la participación real y el respeto por la naturaleza, puede convertirse en una herramienta poderosa para imaginar y construir futuros posibles.


 

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