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"Hondo pesar provocó ayer –decía El Tribuno del 19 de enero de 1976- en los diversos círculos de la ciudadanía salteña, la noticia del deceso del doctor Ernesto Francisco Bavio (1896-1976), hombre de límpida trayectoria política y cuyas virtudes democráticas lo llevaron a los primeros planos del acontecer nacional. Con Bavio desaparece uno de los preclaros hijos de Salta…",
Y era verdad, con Ernesto Efe Bavio -como solía llamárselo- desapareció aquel 18 de enero. Un hombre que desde muy joven abrazó la causa del movimiento nacional que encarnaba la Unión Cívica Radical.
Ya graduado de abogado en 1920 y de regreso a Salta, alternó el ejercicio de la profesión con la docencia y la política, iniciando así su "cursus honorum" en 1922, cuando resultó electo concejal en el municipio Capital. A poco, el cuerpo lo eligió presidente y por ello ejerció interinamente el cargo de Intendente Municipal. En 1928 fue electo diputado provincial por el departamento Capital y al año siguiente asumió la presidencia de ese cuerpo, cargo que en repetidas oportunidades lo llevó a ejercer la gobernación en ausencia del gobernador Julio Pedro Cornejo (1861-1932). Más tarde, en 1929, fue diputado-convencional de la Asamblea Constituyente que modificó nuestra Constitución Provincial y ese mismo año accedió a una banca en la Cámara de Diputados de la Nación junto a su correligionario José María Decavi. Allí, les tocó a ambos defender la postura de Yrigoyen con respecto a la nacionalización del petróleo. Y siendo justamente diputado nacional, lo sorprendió el golpe militar del 6 de septiembre de 1930 que derrocó al presidente Hipólito Yirigoyen, ruptura constitucional que lo encontró en Salta, donde fue detenido y trasladado a Buenos Aires. En esas condiciones permaneció hasta 1931 cuando se le permitió exiliarse en Inglaterra. De allí regresó al país en 1933 y al año siguiente, cuando participaba en Rosario de Santa Fe de una reunión partidaria, nuevamente fue detenido junto a otros correligionarios, entre ellos Marcelo T. de Alvear. Una vez más debió exiliarse en Europa de donde regresó en 1935.
Pero nada arredró a Bavio, pues ya de vuelta a su terruño de inmediato retomó su activismo político en la Unión Cívica Radical, lugar donde lo sorprende la revolución del 4 de junio de 1943. Y cuando un año más tarde arriba el interventor federal de Salta, doctor Arturo Fassio, él junto a otros radicales yigoyenistas se suman a la revolución y por ello el presidente general Edelmiro Farrel lo designa interventor federal en la provincia de Corrientes, donde curiosamente reemplazó a otro salteño, David Uriburu. Y fue justamente cuando desempeñaba este cargo que la Legislatura de nuestra provincia lo eligió en 1946 senador nacional por Salta junto a don Alberto Durand.
Juramento de Perón
Uno de los hechos más destacados de la vida política del doctor Bavio, ocurrió cuando al incorporarse al Senado de la Nación sus pares lo designan presidente provisional del cuerpo. Fue entonces que le cupo la responsabilidad -el 4 de junio de 1946- de tomarles juramento al presidente Juan Domingo Perón y al vicepresidente Hortencio Jazmín Quijano.
El doctor Bavio fue senador nacional hasta el 31 de mayo de 1952 cuando concluyó su mandato y es reemplazado por otro ilustre salteño, don Carlos Xamena.
Concluida su labor parlamentaria, Ernesto F. Bavio se dedicó a la docencia universitaria, ocupando la cátedra de Derecho Comercial en la Universidad de Buenos Aires. A fines de 1954 el gobierno del General Perón lo designa embajador en la República Oriental del Uruguay, cargo en el que permanece hasta septiembre de 1955. Entonces, su residencia en Montevideo cambia drásticamente y pasa de embajador a exiliado. Luego de permanecer un año en el Uruguay se establece sucesivamente en Italia y España, hasta que en 1957 emprende el regreso a América vía Panamá con la intención de visitar a Perón cuando este acababa de trasladarse a Caracas, Venezuela. Finalmente pasa a Bolivia donde permanece hasta que el doctor Arturo Frondizi asume en nuestro país la primera magistratura el 1 de mayo de 1958. Inmediatamente de su regreso a Salta, retoma la actividad política e integra la Junta Promotora del Partido Justicialista junto a José Armando Caro, Ricardo Munir Falú, Juan Carlos Cornejo Linares, Dante Lovaglio, Amadeo Sirolli, Francisco Alvarez Leguizamón y Alfredo Gillieri. Desde entonces, vivirá en carne propia todas las vicisitudes por las que atravesó el peronismo: negación de la personería política; anulación de las elecciones del 18 de marzo de 1962; y proscripción a 48 horas de los comicios del 7 de julio de 1963. Pero también disfrutó cívicamente cuando el partido por fin es reconocido políticamente en 1964, luego de nueve años de vivir en el ostracismo y litigar en los estrados judiciales. Previo a ello, el 6 de enero de ese año, Bavio había participado de la fundación de "Lealtad y Lucha. Lista Verde" junto a Ricardo Falú, Juan Emilio Marocco, Miguel Ragone, Carlos Caro, Armando Jaime, Gustavo Adolfo Marrupe, Juan C. Comparada, Luis Xamena, José Luis Borelli, Elisa, Nora y Camila López, Alfredo Jorge, Abraham Ralle, Mario Villada, Eusebio Jorge Royo, Alfredo Salum, Luis Giarda, Néstor Raventos, María Luisa Jiménez de Marocco, Héctor Canto, Néstor Salomón. Néstor Rodríguez, Horacio Aramayo, Hortencia Rodríguez de Porcel, Aldo Teodosio Guerra, Beatriz Cueva, Rubén Fortuny, Nicolás Taibo y Salvador Valeri.
A los 76 años de edad, más exactamente el 17 de noviembre de 1972, pudo ver los frutos de una larga lucha que lo tuvo como protagonista: el retorno del General Perón a la Argentina luego de 18 años de exilio. Al año siguiente, después de los comicios del 11 de marzo de 1973, el peronismo local le otorgó el último honor: lo ungió presidente del Partido Justicialista de Salta, cargo que meses después declinó por razones de salud y casi tres años después, falleció en un día como hoy de 1976, quizá amargado por la violencia que envolvía al país.
A las exequias de Ernesto Francisco Bavio asistieron dirigentes de todos los paridos políticos de la provincia y varios de ellos hicieron uso de la palabra. Y en ese sentido, bien vale recordar las de José María Decavi (MID) quien señalo: "Bavio fue una figura consular en las filas del Justicialismo; fue amigo de hombres de tres distintas generaciones y es de desear que su accionar y su recuerdo nos sirva de guía y de ejemplo".