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Marisa Ruíz, oriunda de Santa Victoria Este, llegó el 14 de enero a Salta en una ambulancia junto a su esposo, derivado desde Tartagal por una pancreatitis complicada. Se cumplieron dos semanas desde aquella agitada llegada y a la mujer se le agotan los recursos para subsistir, ya que arribó a la ciudad “con lo puesto”. En diálogo con El Tribuno, relató el calvario de sus días y su preocupación ante la falta de mejoría en la salud de su marido, Atanasio Romero.
Todo comenzó cuando Atanasio fue derivado desde Santa Victoria a Tartagal por una pancreatitis severa, que rápidamente se complicó. Su cuadro se agravó con fallas múltiples: páncreas, hígado, riñones, pulmones, vesícula e intestino. Ante la gravedad y la insistencia, fue trasladado de urgencia a la ciudad de Salta, donde ingresó directamente a terapia intensiva.
Desde entonces, su evolución es hora a hora. Fue entubado, comenzó con diálisis por el fallo renal y los médicos evalúan realizarle una traqueotomía si no logra respirar por sus propios medios. Además, contrajo una bacteria hospitalaria, algo que los profesionales explicaron como frecuente en pacientes con un estado de debilidad extrema y desnutrición.
Mientras tanto, Marisa enfrenta otra batalla: sobrevivir en Salta sin recursos. No tiene trabajo fijo, no cuenta con familiares en la ciudad y durante días durmió en hospedajes que no pudo seguir pagando. Golpeó puertas, pidió ayuda en albergues, pero no consiguió lugar. La asistencia llegó de manera solidaria: una misionera y una comunidad religiosa le prestaron una pequeña casita en el barrio San Francisco Solano, donde hoy se refugia junto a su hija.
Aun así, los gastos diarios siguen siendo una carga imposible: traslados al hospital, comida, artículos básicos. “No pretendo grandes cosas”, dice Marisa y agrega que "ropa, una bolsa de arroz o con lo que sea ya es un montón". “Un poco de ayuda para poder quedarme cerca de mi marido y seguir acompañándolo”, remarca.
“Nunca pensé llegar a esta situación”, repite. Cada mañana, Marisa está en el hospital a las 10, esperando el parte médico. Cada día es una espera llena de incertidumbre porque no sabe qué nueva información puede llegar a recibir.
Quienes puedan y deseen colaborar, pueden hacerlo a través del siguiente alias:
Alias: marisa.155.
Titular: Marisa Marlene Ruíz Romero
También puede encontrarse a Marisa diariamente en el hospital San Bernardo, donde permanece acompañando a su esposo.