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VIDEO. “No hay medicación y lo tengo que dejar solo”: el desesperado pedido de una mujer por su sobrino con discapacidad

Karen Díaz denuncia abandono estatal en el caso de su sobrino, un hombre de 40 años con discapacidad intelectual severa que no recibe la medicación necesaria desde hace semanas. Sin tratamiento, sufre crisis, no puede asistir a un centro de día y queda expuesto a situaciones de riesgo. A la falta de respuestas oficiales se suma una historia familiar atravesada por el abandono.
Domingo, 22 de marzo de 2026 14:28
Martín junto a su tía Karen Díaz. Fotos: Nicolás Poclava
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La historia de Martín Omar Díaz, un hombre de 40 años con diagnóstico de retraso mental moderado a grave, refleja una problemática que, según su familia, combina abandono estatal, falta de políticas públicas y desarticulación institucional.

Su tía, Karen Díaz, decidió hacer pública la situación luego de años de reclamos sin respuestas. “Es desesperante. Hace semanas que no tiene medicación y si no la toma, su salud se deteriora y no puede asistir al centro de día”, explicó.

Pero detrás de la crisis actual hay también una historia familiar marcada por la ausencia. Según relató, Martín fue abandonado por su madre cuando tenía apenas tres meses de vida. Con el paso del tiempo, tampoco otros integrantes de su familia se hicieron cargo de su cuidado.

“Tiene madre, tiene hermanos, pero nadie quiere hacerse responsable. Todo recae sobre mí”, contó Karen, quien convive con él y asume su cuidado diario pese a ya no ser su curadora legal.

Una cadena de problemas

La falta de medicación no es un hecho aislado. Según relata, desencadena una serie de consecuencias graves: crisis psicóticas, episodios de fuga del domicilio y la imposibilidad de asistir al espacio terapéutico al que concurría.

“Si no tiene medicación, no lo reciben en el centro de día. Y si no va, yo tengo que dejarlo solo en casa porque trabajo. No tengo otra opción”, explicó.

Martín vive con su tía y requiere asistencia permanente. No puede manejar dinero, ni realizar tareas básicas sin ayuda. “Yo lo baño, le doy de comer, lo acompaño en todo. Él depende completamente de otra persona”, detalló.

A esto se suma un riesgo constante: las fugas. “Cuando no está medicado, se va. Dice que se aburre. Pero cuando se va, no vuelve. Deambula por la calle y no sabemos qué le puede pasar”, contó.

Fotos: Nicolás Poclava

 Antecedentes que preocupan

Uno de los episodios más graves ocurrió en diciembre pasado, cuando Martín desapareció y estuvo más de un mes fuera de su casa. Recién el 26 de enero su familia supo de él, tras ingresar a la guardia del Hospital San Bernardo con una infección severa.

“Estuvo internado con una celulitis compleja. Después lo trasladaron al Ragone, pero fue porque yo intervine. Nadie fue a verlo, nadie hizo seguimiento”, denunció Karen.

Según su testimonio, incluso en ese contexto hubo dificultades para lograr su internación. “Decían que no tenía criterio de internación porque en ese momento estaba tranquilo. Pero había estado dos meses sin medicación”, señaló.

Reclamos sin respuesta

El caso de Martín está judicializado desde 2020. Karen fue su curadora durante años, pero actualmente esa función recae en una curadora oficial designada por la Justicia.

Sin embargo, denuncia que la asistencia es insuficiente. “La curadora solo se ocupa de lo patrimonial. No hay acompañamiento real en lo que necesita”, sostuvo.

También cuestionó la falta de respuestas de distintos organismos: “La Secretaría de Discapacidad, Salud Mental, el Ministerio de Salud, Derechos Humanos y la Justicia… todos tienen conocimiento del caso y nadie resuelve nada”.

Martín percibe una pensión no contributiva por discapacidad y está dentro del programa Incluir Salud, pero según Karen, eso no garantiza el acceso a medicamentos. “Me dijeron que no hay. Así, sin más. No hay”, relató.

 Un sistema sin contención

Otro de los puntos críticos es la falta de dispositivos adecuados para personas con este tipo de discapacidad. Según explicó, no existen hogares públicos donde Martín pueda residir con contención permanente.

“Él quiere estar en un lugar con otras personas, con actividades. Lo dijo incluso ante la jueza. Pero no hay lugar. Los pocos espacios son privados y con cupos limitados”, indicó.

Actualmente, el centro de día al que asistía cubre solo media jornada. El resto del tiempo, queda sin supervisión.

 

 Sola frente a una situación límite

Karen reconoce que la carga es cada vez más difícil de sostener. “Me dejan sola. Yo me hago cargo porque es mi familia, pero no doy más”, expresó. Además, planteó una preocupación a futuro: “Si a mí me pasa algo, ¿quién va a cuidar de él? Él no puede valerse por sí mismo”.

 

Un pedido urgente

Frente a este escenario, lanzó un pedido directo a las autoridades provinciales. Solicita la intervención urgente de las áreas de Discapacidad y Salud Mental, la provisión inmediata de medicación y la asignación de un cuidador domiciliario.

“Hace seis años que estoy detrás de esto. No puedo más. Yo trabajo, tengo mi vida, pero también tengo esta responsabilidad”, planteó.

Además, advirtió que su caso no es aislado. “Hay miles de personas en la misma situación. Familias solas, sin recursos, sin respuestas”, afirmó. 

Mientras tanto, la situación se agrava con el paso de los días. Según relató, la medicación disponible alcanza solo hasta esta semana. Después, el escenario es incierto. “Si no consigo las pastillas, él no va a poder ir al centro de día. Y todo vuelve a empezar”, finalizó.

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