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Los corsos, el mayor acontecimiento social que por décadas tuvo Tartagal

No había nada que envidiarle a ninguna otra plaza porque los trajes, las coreografías, las carrozas, eran de un esplendor difíciles de imaginar .
Sabado, 24 de febrero de 2024 02:07

Las candidatas a reinas de cada agrupación eran las chicas más bellas del Tartagal de aquellos años y la competencia, cada una con su hinchada, era real, apasionada el punto que al darse a conocer a los ganadores, así como algunos festejaban a lo grande, otros mascullaban la bronca que duraba unos cuántos días.

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Las candidatas a reinas de cada agrupación eran las chicas más bellas del Tartagal de aquellos años y la competencia, cada una con su hinchada, era real, apasionada el punto que al darse a conocer a los ganadores, así como algunos festejaban a lo grande, otros mascullaban la bronca que duraba unos cuántos días.

Los nombres de aquel entonces perduran en el recuerdo de quienes siendo niños, jóvenes o ya adultos disfrutaban cada noche de aquellos "Corsos oficiales de Tartagal" que la incomparable vez de la locutora por excelencia de aquellos años, la señora Carol Martínez anunciaba como el gran acontecimiento que se vivía en la localidad del norte de la provincia. Don René Gonzáles, Héctor Julio "Taquito" Pereyra eran las voces masculinas que con un oficio tan pulido sumaban sus aportes en cada noche en que el Corso de Tartagal daba vueltas por la Plaza General San Martín, iniciándose en la calle del mismo nombre. El público see agolpaba en la plaza y en los bares de los alrededores que se ocupaban desde muy temprano.

La realidad era que Tartagal -que por esos años tenía menos de la mitad de la población actual - se paralizaba porque entre los espectadores, entre quienes participaban en las diferentes agrupaciones artísticas y entre quienes trabajaban para poner en condiciones todo el circuito que comenzaba varias cuadras antes y que ordenaban el paso de las comparsas, las carrozas, los disfraces individuales, los vendedores ambulantes, de una u otra manera todo el pueblo participaba de ese gran acontecimiento. Las costureras y los artesanos de la época hacía varios meses que habían comenzado a diseñar los disfraces y ni qué decir de los gorros que habrían de llevar los muchachos de diferentes barrios que integraban las comparsas.

Las tardes y las noches

Febrero en el norte siempre fue igual de insoportablemente caluroso y húmedo por más que hoy, lo impiadoso del verano trate de atribuírse al aumento de la frontera agrícola o a los desmontes; pero eso no era impedimento para que en horas de la siesta y de la tarde, las comparsas recorrieran los diferentes barrios y el centro de la ciudad, llevando su canto y su danza. Al finalizar ponían, en el piso un collar fabricado de semillas de plantas de la zona y ahí los vecinos que habían disfrutado del mini recital ponían su aporte en dinero. Era una forma ingeniosa de poder solventar gastos y esfuerzo.

Pero el corso de Tartagal contaba además con un grupo que hoy en día hubiese recibido el repudio de las agrupaciones feministas: La viuda Alegre. A la distancia y cuando esta agrupación que ejecutaba alegres canciones con sus instrumentos, la gente ya sabía que el corso había llegado a la cúspide.

La viuda alegre estaba formada por quienes integraban la Banda de Música del Regimiento 28 de infantería y algunos muchachos más del pueblo. Todos ingresaban lookeados como chicas, con zapatos con tacones, pelucas con audaces colores, minifaldas, medias de nylon negras y maquillados. Cada tema que interpretaban lo hacían de manera impecable, propio de la banda del Rimte integrada por músicos de calidad.

Y hasta una drag queen original

 Pero en aquellos años en los que la ideología o la perspectiva de género no se abordaba, Tartagal tenía otro personaje que bien podría ser definido como una drag queen, una expresión tan actual que se usa para describir a un hombre producido artísticamente con indumentaria de mujer.

  Beba, la Irresistible, otro famoso personaje de los corsos. 

Juan Ricardo "El Negro" Ripoll, nacido en Tucumán, padre de dos hijos y de oficio mozo, apenas llegaba el Carnaval se transformaba en Beba, la Irresistible y en las noches del corso lucía sus transgresores- -para la época- atuendos.

Al pasar por el palco, invitaba a bailar a las autoridades o invitados especiales que gustosos "tiraban" unos pasos con Beba, quien con su andar felino y seductor seguía recorriendo todo el circuito del corso en el que cada noche lucía un atuendo diferente. También se hizo famoso y su figura desfiló por los corsos de la Av. Belgrano en Salta capital.

Juancito de Embarcación

En medio de toda esa algarabía, no había noche en la que no apareciera Juancito de Embarcación, hoy eternizado en una canción que con tanto sentimiento le dedicó "El Chaqueño" Palavecino. Juancito era un hombre alto, con los años un anciano de pelo blanco que recorría todo el circuito, bailando al son de su caja, con un disfraz de vivos colores. Juancito bailaba y de a ratos marchaba, pero nunca dejaba de sonreírle al público.

  El famoso Juancito de Embarcación.

Su inocencia de niño por ser un adulto con capacidades especiales lo hacía tan querible que cuando Juancito pasaba, los chicos le bailaban a la vuelta y a él eso lo ponía feliz.

Las "vacaciones de los pobres"

¿Qué todo tiempo pasado fue mejor? No deja de ser una opinión. Pero que la murga artística de las décadas del '60 o del '70 "Mascarada"; que la comparsa "Los Tobas Cobrizos" deslumbraban en cada paso por sus trajes y coreografías, no tiene discusión; que las carrozas eran verdaderas obras de arte en la que chicos y chicas trabajaban semanas enteras; que los disfraces se producían como ameritaba un gran espectáculo, de eso no cabe duda. Solo para reseñar esta breve historia de los corsos tartagalenses vale acotar que en 1977 -al año siguiente del golpe de Estado- dejaron de existir por varios años hasta y un poco antes del regreso de la democracia. "Las vacaciones de los pobres"; así solía llamarlo al corso el ex intendente don Alberto Abraham y mucho de razón tenía.

 

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