El dolor y las molestias en su pierna derecha lo tuvieron a maltraer en los últimos tiempos. Un incómodo tumor que amenazaba con extenderse a otros órganos convenció a los médicos de que amputar esa pierna sería la solución. Y Rodolfo Motta volvió a mostrar su garra y corazón para afrontar la lucha. Como en sus épocas de jugador y entrenador. La semana pasada le realizaron la intervención quirúrgica y la recuperación marcha satisfactoriamente.

"Siempre les hice frente a las adversidades. Cuando era futbolista, al tercer partido en la Primera de Nueva Chicago me quebré una pierna. Tuve otras lesiones, hasta me partieron el maxilar de un codazo cuando jugaba en Morón. Después como técnico me dieron varios equipos que estaban últimos en la tabla y los fui remontando. Ahora me tocó esto y yo lo que quiero es vivir para seguir compartiendo el cariño de mi familia y amigos; eso le dije al doctor Erick Pebe Pueyrredón, que fue quien me operó; un fenómeno", dice Motta con una sonrisa y de muy buen humor, en el Instituto Fleming.

Rodolfo Motta, más alla de su extensa trayectoria como futbolista y luego como director técnico en diversos clubes, está plenamente identificado con Nueva Chicago. En las calles de Mataderos empezó a desarrollar su cariño por el fútbol y por el barrio. Y el paso a las divisiones inferiores no tardó en llegar, hasta que a comienzos de la década del 60 llegó el ansiado debut en Primera con la camiseta verdinegra. Atrás quedaban los trabajos en una imprenta y en una mimbrería: Motta ya era un jugador profesional. Siguió su trayectoria en la dura Primera B: Deportivo Italiano, Deportivo Español, Deportivo Morón, Excursionistas, Quilmes y Estudiantes de Buenos Aires.

Todo el aprendizaje y las experiencias acumuladas en tantos sábados en distintos escenarios del ascenso moldearon al director técnico. Estudiantes de Buenos Aires fue su estreno, en el torneo de Primera B de 1982. Enseguida sumó un segundo club, en forma simultánea: nada menos que "su" Nueva Chicago, que veía peligrar su permanencia en Primera y bajo el mando del técnico de la melena enrulada logró el objetivo de mantenerse en la máxima categoría.

En cuatro diferentes etapas, Rodolfo Motta fue técnico de Nueva Chicago. Sin dudas, la más feliz es el ascenso desde la B Nacional en 2006. En su diálogo con Clarín recuerda detalles de aquel equipo: "La verdad que era un equipazo, un gran grupo humano que salía a ganar en todas las canchas. Tenía a Cristian Pellerano que jugaba de volante por derecha y lo convencí de que fuera el cinco del equipo, porque tenía buen manejo y distribuía muy bien la pelota. Fue una de las claves. También lo puse a Nicolás Sánchez como marcador central".

Un grupo de hinchas de Nueva Chicago se acercó a la casa de Motta un par de días antes de la operación para brindarle su apoyo y entregarle una plaqueta en agradecimiento por todo lo ofrecido al club. Desde la Comisión Directiva del club de Mataderos pronto llegó un mensaje oficial: "Rodolfo es un símbolo y otra prueba exacta de lo que es Nueva Chicago toda vez que en condiciones difíciles aceptó conducir nuestro plantel, siempre lo sacó adelante y nunca nos olvidaremos del histórico ascenso del 2006".

En aquel ascenso del 2006, tras haber conquistado el Clausura y caído en la final por el primer pasaje ante el ganador del Apertura, Godoy Cruz (1-1 y 1-3), el Chicago de Motta tuvo una nueva oportunidad ante Belgrano. Ganó 3 a 1, con goles de Federico Higuaín, César Carranza y Lucas Simón el partido de ida en cancha de Ferro Carril Oeste; en la vuelta, en Córdoba, perdía 3 a 1 pero en una gran reacción llegó al 3 a 3, con goles de Cristian Wernly, Lucas Simón y Cristian Pellerano, y así obtuvo el ascenso.

Transitó bastante el ascenso como técnico pero también incursionó en Primera en Argentina y en el exterior. Su currículum incluye: Temperley, Platense, Racing de Córdoba, Belgrano, Chaco For Ever, Brown de Arrecifes, Ferro Carril Oeste, Sporting Cristal de Perú y Emelec de Ecuador (salió dos veces campeón). Incorporó a su hijo Pablo como ayudante del cuerpo técnico hasta que en 2007 pasaron a conformar una dupla técnica en Platense y sólo cayeron en la final por el ascenso ante Tigre. Luego dirigieron a Nueva Chicago y Almagro.

Familiero al máximo como siempre, se sostiene en este momento difícil en el cariño de su esposa Elida, sus hijos Andrea y Pablo y sus nietos Matías, Micaela y Gastón. "En las charlas previas a la amputación, también le dije a la psicológa que quería seguir viviendo sobre todo por mi familia", reveló Motta esbozando una sonrisa y sosteniendo la mirada con sus ojos llenos de luz.

Otro momento glorioso en el ascenso lo vivió al frente de Almirante Brown de Arrecifes. Motta asumió faltando unas fechas y condujo al equipo desde el Argentino A hasta la B Nacional, en 2007, tras derrotar a Sportivo Ben Hur, en Rafaela, 1 a 0 (gol de Flavio Pelichia de penal), faltando una fecha para finalizar el pentagonal por el ascenso en el que Brown terminó invicto. Ah, un detalle: los colores y el diseño de la camiseta de Brown son iguales a los de otra camiseta: la de Nueva Chicago.

AUTOR DE LA NOTA: Guillermo Tagliaferri

FUENTE: Diario Clarín

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