Las inversiones especulativas que compran deudas o títulos emitidos por países o corporaciones con problemas de cumplimiento, aprovechando cuando sus precios están muy por debajo de sus valores nominales y -como son capitales de especulación- esperan a que sus cotizaciones aumenten o que los países emisores de estos títulos no puedan pagar para demandar a la Justicia de cualquier país el pago por el valor nominal más los intereses devengados, estos son los llamados fondos buitres.

Los operadores de mercado prefieren llamarlos “distressed debt” o “fondo de situaciones especiales” (special situations funds), ya que el nombre de buitres es comparado con esta ave de rapiña que espera pacientemente que se debiliten o mueran sus víctimas para atacarlas y posteriormente comerlas. La comparación es perfecta, pero los objetivos son totalmente opuestos ya que en el primero de los casos se busca obtener superutilidades a cualquier costo aprovechado la situación del emisor de deuda y en el segundo el animal actúa por instinto solo para alimentarse.

Fondos y deuda soberana

En Argentina, actualmente afrontamos juicios por casi US$ 3.500 millones de nuestra deuda que queda aún en default. Las demandas son por el valor nominal. Estos títulos fueron adquiridos en la mayoría de los casos a precios inferiores al 20% de este valor (precio de cotización en el mercado).

Los tenedores de esta deuda iniciaron acciones judiciales para cobrarlos por su valor nominal después de la crisis que padecimos en el 2002. Ahora, si logran este objetivo, las utilidades serán muy por encima de cualquier actividad normal de inversión que asume riesgos en un esquema de desarrollo económico, teniendo como parámetros los de un capitalismo serio.

Estas demandas fueron realizadas mayormente en New York porque en las “condiciones de emisión” que puso el Estado argentino se admitió la jurisdicción extranjera en caso de que Argentina no pague, y también se contempló la aplicación de la ley extranjera.

Recordemos que ya se regularizó casi el 93% de nuestra deuda soberana declarada unilateralmente en default durante la década pasada, siendo intención del Gobierno renegociar el porcentaje que falta, cuyo mayor acreedor es el Club de París.

Presión de Estados Unidos

El 17 de diciembre del año pasado el Congreso de los Estados Unidos aprobó su Presupuesto Federal para 2012 por un billón de dólares, que contiene recortes importantes en varias de sus carteras (excepto el Pentágono), sin haber ni siquiera discutido la tan mentada “enmienda Rubio” que buscaba bloquear los préstamos en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y en el Banco Mundial a la Argentina hasta que no arregle su situación frente a los bonistas que quedaron fuera del canje.

El senador Marc Rubio, en su proyecto, exigía que el secretario del Tesoro norteamericano “ordene a los directores ejecutivos de los Estados Unidos en las instituciones financieras internacionales oponerse a los préstamos que otorgan dichas instituciones al Gobierno de la Argentina, hasta que el mismo concrete un avance sustancial con respecto al repago de sus deudas”.

El objetivo de la “enmienda Rubio” era que el Gobierno de los EEUU a través de una ley, votara siempre en contra de los préstamos solicitados por Argentina a los organismos financieros internacionales, donde ellos participen, hasta que su deuda sea regularizara o comience a negociar con los fondos buitres.

Para alegría de nuestro país, los fondos buitres sufrieron una derrota durante el debate del presupuesto 2012. Cuando se trató el tema BID y Banco Mundial, los legisladores acordaron aumentar los fondos norteamericanos aportados a estos organismos para fomentar el desarrollo y la recuperación de las economías que lo soliciten, tal como se había resuelto hacer en las reuniones del G-20, pero ni se tocó el caso argentino.

Ya los bloques demócratas y republicanos de la Comisión de Finanzas del Parlamento norteamericano habían adelantado al Gobierno argentino su apoyo y el rechazo al lobby de los fondos buitres.

El BID a fines del año pasado otorgó a nuestro país un préstamo para “Mejoramiento de barrios” y los representantes de los EEUU votaron a favor, pudiendo considerar que allí se comenzó a materializar el apoyo comprometido.

Primero lo importante

Argentina renegoció su deuda externa que incluía 152 bonos distintos, emitidos en 7 tipos de moneda y con 8 legislaciones diferentes. Hoy solo falta acordar con un 7% de sus acreedores. Concluimos que a los fondos buitres que están incluidos en este porcentaje no les conviene aceptar la propuesta hecha por nuestro Gobierno y por eso iniciaron acciones legales en distintos países, especialmente en los tribunales de New York, donde no les está yendo muy bien.

La equidad y la no discriminación apoyada en el derecho internacional son algunos de los más importantes argumentos utilizados por nuestro país para defenderse de las demandas interpuestas en los distintos tribunales.

Es estratégico que el Gobierno regularice lo que queda de la deuda declarada unilateralmente en default, ya que generará confianza entre los inversores, obtendremos mayores préstamos y aumentarán las inversiones.

Solamente me conformaría que retornen y se inviertan en el país los capitales de argentinos que están en el extranjero y los dólares que salieron de nuestro territorio en los últimos años, también conocido como fuga de divisas o salida de capitales. ¿Será mucho pedir?

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Sección Editorial

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