El hombre es un gran seductor, no hay caso. Ellas mueren por él, está claro. Es un romance profundo, nacido en el vínculo que Marco Antonio Solís sabe alimentar tan bien con cada bocanada de romanticismo, cada mirada, cada saludo desde el corazón o con cada beso tirado a alguna de las miles de mujeres que en cada presentación lo siguen.

A las 22.10, la delgada figura del exitoso mexicano apareció para los gritos interminables de las fans. Detrás, un juego escénico fantástico, con pantallas gigantes movibles, varios niveles, cuatro bailarinas, tres coreutas, vientos, cuerdas (12 músicos de la Orquesta Sinfónica de Salta), teclados, guitarras y percusión.

Y a pesar de todo ese despliegue, acompañado por un muy buen sonido y juego de luces, la delgada figura de Marco Antonio se agiganta, cada vez que de su boca salen esas frases que conmueven, todas orientadas a aquellas cuestiones del corazón que jóvenes y mayores, todas, en algún momento sufrieron o disfrutaron.

Sí, el público, era mayoritariamente de mediana edad, en promedio. Haciendo palmas o con los pies al compás de la música, atentamente seguían y hasta coreaban cada tema que con tanta jerarquía sabe interpretar Marco Antonio Solís, haciendo gala de una voz de timbre y color particulares, que lo distinguen.

“Hermanitos de Salta, qué bueno es estar otra vez acá”, lanzó el ídolo desde el escenario, y la respuesta no se hizo esperar.

Y fue más allá aún: “Tanto agradecemos a nuestro amadísimo Creador por traernos nuevamente aquí”, con lo cual, el Delmi parecía rugir.

Al cierre de esta edición, el esperado show de Marco Antonio Solís apenas transitaba la primera parte. Seguro que faltaba lo mejor, para el deleite completo de las algo más de 6 mil personas que vibraron al compás del corazón, de la mano del talento.

 

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