“Soy devoto de San la Muerte desde los 17 años. Lo conocí cuando desfilaba en el fortín de los Gauchos de Güemes. Un señor tenía la imagen, una réplica pequeña en el bolsillo y una vez me la mostró. Admito que la primera vez que la ví me asustó pero a la vez me dio curiosidad saber de qué se trataba y qué representaba. El hombre me explicó que la imagen le ayudaba con su trabajo y a proteger los caballos”, contó Aramayo.

“Días después, yo estaba con un caballo que comenzó a caminar mal y cuando lo revisé tenía una estampita del mismo santo; la guardé en mi billetera y después le conté lo que me pasó y mi amigo me dijo que el santo me estaba buscando. Así comenzó mi devoción”, dijo.

En cuanto a si obligó a Marcela Mamaní a realizar un ritual con la imagen, respondió: “Yo no la obligué a nada, nunca hicimos un ritual ni nada de eso, yo tengo una réplica en mi habitación y también la tengo tatuada el pecho, pero nunca la obligué a creer en eso”.

“Fui a Corrientes, al santuario, que es inmenso, y ahí aprendí todo lo relacionando al culto a San la Muerte. Yo le pido todos los días que me dé trabajo y que me proteja. También le pongo plata en el altar y a fin de mes voy a comprarle velas. Es muy milagroso. Todo lo que le pido me lo da”, contó.

Finalmente dijo: “Mi creencia en la imagen no tiene nada que ver con mi relación con Marcela ni nada por el estilo, porque también creo en San Cayetano, el Gauchito Gil y en el Señor y la Virgen del Milagro, tengo imágenes de todos ellos en mi casa”.

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