Era alrededor de la 1:30 de la madrugada del 18 de marzo de 1990, cuando dos hombres jóvenes (algo más de 30 años), vestidos como policías se presentaron en el museo
Isabella Stewart Gardner de Boston, Estados, Unidos, quienes, sin ejercer ningún tipo de violencia, maniataron a dos guardias usando un par de esposas y cinta adhesiva para taparles la boca.
Después, recorrieron las diferentes galerías mientras buscaban las obras que, según suponen los investigadores, podrían haber ido a sustraer por encargo. Así, en un lapso de una hora y 20 minutos, se alzaron con 500 millones de dólares en obras de los más preciados artistas de la humanidad. Entre ellos el holandés Rembrandt, su compatriota Johannes Vermeer van Delft, y los franceses Edgar Degas y Edouard Manet, entre otras piezas de menor valor.
Los investigadores del FBI suponen que los dos hombres eran expertos y conocedores de los sistemas de seguridad, ya que sin mayores inconvenientes se movieron por el museo, sin que ningún sensor captara la presencia de los ladrones.

Los detalles llamativos

Lo que más llamó la atención de los frustrados, hasta ahora, investigadores del FBI, fue que se llevaron obras como las de Degas, de menor valor que el autorretrato de Rembrandt, que llegaron a descolgar de la pared pero que, finalmente, quedó abandonado allí; también ignoraron obras de Botticelli y de Rafael. Incluso había piezas de colección como
una bandera del regimiento de Napoleón y valiosas cartas con la firma del militar, estadista y emperador francés.
Pero lo más pragmático que se llevaron consigo fue el video de seguridad donde había quedado grabado el robo.
“Me imagino a estos tipos que se despiertan al día siguiente, toman el diario y dicen ‘parece que hicimos el robo de arte más grande de la historia’”, comentó Anthony Amore, director de seguridad del museo, quien supone que los delincuentes desconocían el valor de las piezas. Pero lo cierto es que no parece ser tan así. El valor de las obras y la difusión que tuvo el robo fue superlativo por lo tanto hacía prácticamente imposible la venta del botín. Lo que nos lleva a otra de las hipótesis: que el robo haya sido un trabajo por encargo y las obras de menor valor, hayan sido tomadas para sí por los delincuentes, quienes, seguramente, también serían hábiles conocedores del arte.

Las obras sustraídas

 Los investigadores creen que la primera obra que tomaron fue “Tormenta en el Mar de Galilea”, un Rembrandt de 1,5 por 1,2 metros, pintado por el genial artista en 1633. Los ladrones colocaron el cuadro en el suelo, cortaron prolijamente la tela y dejaron el marco.
Luego se apoderaron de “Paisaje con un obelisco”, de Govaert Flinck, y de un segundo Rembrandt, al que también separaron de su marco; “Una dama y un caballero en negro”, también de 1633. Pero el cuadro más valioso que secuestraron, fue “El concierto‘, de Vermeer, un óleo de unos 80x65 centímetros, de 1660. Es uno de los 36 trabajos conocidos del pintor holandés y se calcula que cuesta unos 250 millones de dólares.

La iniciativa de una mujer audaz

El museo Isabella Stewart Gardner, está ubicado en Boston (Massachusetts, Estados Unidos) y tiene una colección de más de 2.500 obras de arte europeo, asiático y americano, incluyendo pinturas, tapices y artes decorativas. Se fundó con la colección privada de Isabella Stewart Gardner en la mansión que era su residencia habitual. El museo también alberga exposiciones temporales de arte histórico y contemporáneo. Isabella Stewart Gardner, quien murió en 1924 a los 84 años, era miembro de una rica familia de origen irlandés que se jactaba de proceder del linaje Estuardo. La joven recibió una exquisita educación y viajó por el mundo adquiriendo obras de arte junto al marchante Bernard Berenson.

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