La Merced era un bastión radical. Aquí no solo hubo que trabajar contra una fuerte oposición, sino que había que enfrentar un poderío económico.

Es fácil hacer oposición con la lengua. El desafío está en construir, competir con iniciativas, dar el ejemplo, trabajar, caminar los barrios.

Un líder político. Así califican sus pares del interior, más allá del color partidario, a Juan Angel Pérez, intendente de La Merced. Fue electo por su pueblo en seis períodos consecutivos como jefe comunal, también como diputado provincial, y ocupó el cargo de ministro de Gobierno durante la gestión del Dr. Juan Carlos Romero como gobernador. Encabezó a principios de la década de 1990 la creación del Foro de Intendentes, del cual fue presidente, e integra en la actualidad al Grupo Chicoana, formado por jefes comunales del Valle de Lerma.

Serio, de pocas palabras, su personalidad rompe el perfil del dirigente tradicional. Sin embargo, su capacidad de gestión y administración pusieron a la localidad en un lugar de privilegio a nivel provincial, según sus afines y opositores.

¿Cómo logra mantenerse un intendente por seis períodos consecutivos sin sufrir un desgaste?

El desgaste se sufre, sin duda. Pero en mi caso,la gestión municipal es una vocación.

Mis comienzos fueron como empleado de la comuna. Conozco el paño desde adentro. En la época en que comencé mi carrera política no eran tiempos fáciles, y menos para el justicialismo. En este punto vale la pena recordar que La Merced, particularmente, era un bastión radical. Aquí no solo hubo que trabajar contra una fuerte oposición, sino que había que enfrentar un poderío económico y una tradición partidaria. Y así, con mucho esfuerzo, logramos, junto a Alfredo Jorge padre y luego con su hijo, el actual senador por el departamento, revertir la situación. Mirando hacia atrás, es increíble que hayamos transformado a esta localidad en un referente del peronismo a nivel provincial.

¿Cuál es la percepción que la gente tiene en estos momentos del municipio?

La gente comenzó a percibir los beneficios de la justicia social, supo lo que era mantener un contacto directo con sus representantes y, por supuesto, vio los cambios profundos que encaramos en la infraestructura urbana y rural, que fundamentalmente se dieron durante la gobernación del Dr. Juan Carlos Romero y que ahora continuamos y profundizamos con el Dr. Juan Manuel Urtubey.

Bueno, quizás todas esas cosas y ese gran trabajo la gente lo valoró. Seguramente esto posibilitó que aún siga al frente de la administración municipal, con la misma fuerza de siempre.

¿Cree que el cargo ejecutivo en un municipio es el más expuesto a las críticas y a los sinsabores?

Y sí. Un hombre de Estado con vocación no es intendente de 8 a 13, sino que lo es las 24 horas durante toda la semana. Es ahí donde se marca la diferencia.

Fuera de las grandes ciudades, en las comunidades más reducidas hay que atender las inquietudes de la gente hasta en la propia casa.

El pueblo exige dedicación completa y muchas veces uno puede decir sí y otras hay que decir no, y eso no es cosa sencilla. Es el cargo con más contacto directo con el vecino y en la mayoría de los casos se trabaja para resolver problemáticas de diversa índole. Y muchas veces la oposición, en vez de confrontar con ideas o proyectos y aportar también su esfuerzo para el crecimiento del pueblo, hace lo más sencillo e improductivo: se limita a criticar.

Es fácil hacer oposición con la lengua. El desafío está en construir, competir con iniciativas, dar el ejemplo, trabajar, caminar los barrios, hablar con la gente y atenderla de la mañana a la noche, y, lo más importante, darle soluciones.

En cambio, para criticar solo hace falta sentarse en un café o tomar un micrófono y darle a la lata. Pero esto la gente lo tiene claro. Los argentinos, en general, cada vez comemos menos vidrio.

Es por eso que muchas veces digo que los errores los comparto con mi familia, mientras que los aciertos con mi pueblo. En este sentido quiero destacar el rol fundamental que juega la familia, como apoyo para que un funcionario siga adelante, pese a los escollos que se le puedan cruzar en el camino.

Usted fue uno de los fundadores del Foro de Intendentes, allá por los años '90. ¿A qué obedeció esta iniciativa?

Efectivamente, soy fundador del Foro junto a exintendentes como Francisco Cornejo, de El Carril, entre otros. Nació como un Foro de Intendentes Justicialistas, porque en aquel entonces, a fines de 1991, teníamos un gobernador renovador, a Roberto Augusto Ulloa.

La idea era hacer frente a las presiones que comenzábamos a sufrir las intendencias justicialistas y realizar gestiones en bloque. Y nos dio resultados excelentes. A pesar de las diferencias con el Gobierno central, logramos salir adelante.

Luego, con los años y cuando presidía la entidad el exintendente de Guachipas Enrique Cari, se abrió el juego y se integró a todos los jefes comunales, sin importar el origen partidario. La entidad continúa vigente desde hace más de 20 años.

¿Qué opinión le merece la actualidad provincial y nacional?

Solo basta decirle que ya pasamos lo peor, la crisis de 2001, que significó la quiebra del país y las provincias, y logramos sobreponernos.

A nivel provincial, hay que mirar un poco alrededor para ver cómo administraciones como las de Córdoba, Buenos Aires y Tucumán atraviesan serios inconvenientes que les imposibilitan cumplir, entre otras cosas, con el pago de los sueldos.

Aquí en Salta, el Gobierno de la Provincia está controlando la situación, lo que devela que existe una buena administración.

Hay problemas, como en todos lados, pero lo cierto es que los municipios tienen un protagonismo histórico y eso es muy valorable.

En ese sentido, ¿nota una desaceleración de la obra pública?

De ninguna manera. La obra pública continúa a buen ritmo, lo que se nota es un mayor control de parte de la Provincia respecto de lo que se ejecuta en el interior.

En La Merced continuamos adelante con una labor profunda que apunta a adecuar la infraestructura urbana a las actuales necesidades de una localidad en pleno crecimiento.

Aquí no nos quedamos con los brazos cruzados. Por ejemplo, en salud pública, para acercar la asistencia que se brinda a los vecinos de las barriadas y los parajes rurales, solventamos el funcionamiento de cuatro puestos de salud municipales, en los que se brindan servicios de medicina general, enfermería y de diversas especialidades como podólogos, oculistas y piscopedagogos.

Desde el municipio buscamos constantemente transformar la realidad para no caer en el conformismo y el derrotero del no se puede.

Muchas veces se escucha hablar de la inclusión social, pero no son muchas las acciones que se realizan desde el Estado.

¿Cómo afronta el municipio los problemas que afectan a amplios sectores de la provincia, con salud y educación?

En materia de salud el hospital colabora con nutricionistas, clínicos, pediatras y psicólogos. Es decir, todas las instituciones nos planteamos trabajar en conjunto y complementarnos con el fin único que nos impulsa y que es mejorar la calidad de vida de al gente. Los puestos están ubicados en barrio 25 de Mayo y en los parajes La Cañadita, Las Pircas y El Hayco.

En seguridad vial hicimos un trabajo en profundidad, con la instalación de semáforos, señalización vial, etc. Y fuimos la primera localidad en colocar rampas para discapacitados en todas las veredas del casco céntrico.

Es decir que buscamos constantemente transformar la realidad para no caer en el conformismo y el derrotero del no se puede. En todas las épocas mantuvimos una misma postura: lo que está bien a nivel provincial lo aplaudimos, lo que está mal lo planteamos.

En cuanto a los análisis de los economistas sobre la realidad argentina, ¿qué opina desde su rol de funcionario?

Los análisis de los eruditos, de los economistas, de los periodistas especializados y de los filósofos de la política siempre resultan entretenidos e interesantes, aunque muchas veces la realidad pasa por otro lado.

La experiencia me enseñó que la temperatura de la gente se mide caminando las calles, no en las oficinas de las consultoras ni en los cafés. Pero siempre es bueno que se hable de política, de la cosa pública. Esas son las ventajas de la democracia, el poder expresar posturas, lo que no hay que confundir con faltar el respeto, denigrar al otro, criticar malintencionadamente o poner en tela de juicio la honorabilidad de las personas, porque en definitiva quien elige es la gente y esa decisión es digna del mayor respeto, porque es la esencia de nuestro sistema.

La Merced es conocida a nivel provincial por la labor que realiza con los discapacitados y las personas de la tercera edad. ¿Cómo surge esta motivación?

Sí, desde hace muchos años venimos trabajando en la inclusión. Muchas veces se escucha hablar de esta temática, pero no son muchas las acciones que se realizan desde el Estado que realmente permiten que una persona con algún tipo de discapacidad se integre realmente y se sienta cómodo en la vida cotidiana. En este aspecto trabajamos en infraestructura, como la colocación de rampas en los sectores más transitados hasta el dictado de talleres de formación laboral para que el discapacitado, de acuerdo a sus posibilidades, desarrolle aptitudes que le permitan generar su sustento. Quienes no pueden alcanzar esta independencia desarrollan al máximo sus capacidades, es decir que estas actividades actúan como una verdadera terapia. Para ello creamos el Centro de Capacitación Laboral para Personas con Discapacidad (Formar) que recibe no solo a los jóvenes de La Merced, sino de todo el Valle de Lerma. Y, lo más importante, la atención es gratuita. También formamos una secretaría específica, Promoción Social, que se ocupa de ejecutar programas de rehabilitación, deportes especiales y actividades recreativas.

Para los abuelos, en tanto, abrimos dos centros de atención gratuita. Uno en La Merced y otro en San Agustín. Allí se los recibe todos los días, se les brinda atención médica especializada, se los lleva de viaje, se les da el desayuno y el almuerzo, y aquellos que por problemas de salud no pueden llegar hasta los centros, les enviamos las dietas a sus casas. Son verdaderos espacios de recreación y contención.
 

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