Internada, sin chances de re-reelección y con una posible derrota electoral en dos semanas, Cristina Kirchner sigue siendo la protagonista excluyente de la política argentina casi sin discusión. Eso, por sí solo, garantiza un grado de gobernabilidad extra, ya que los mercados se mostraron toda la semana tranquilos y no hubo ninguna protesta que haya enrarecido el clima político. Todos los actores influyentes de la Argentina tienen claro quién tiene el poder hoy. La duda existe, pero para 2015.

El centralismo con el que conduce el Gobierno le permite a la jefa de Estado demorar la inevitable disputa por la sucesión y evitar disidencias internas, pero puede poner en riesgo la propia permanencia de su proyecto político en solo dos años: nadie de su riñón parece autorizado aún a levantar el perfil y terminar de lanzarse de cara a 2015, mucho menos con la mandataria recién operada.

Ese esquema de poder, concentrado exclusivamente en la figura de la Presidenta, dejó esta semana al kirchnerismo en una compleja situación en materia de gestión. Tras la operación de Cristina -que avanza en una favorable recuperación- la administración continuó funcionando, eso es indudable, pero el ritmo de actos y anuncios en la Casa Rosada bajó considerablemente.

Tanto es así que Argentina logró destrabar créditos por 3.000 millones de dólares en el Banco Mundial, lo que representa una gran noticia luego de años sin financiamiento de los organismos multilaterales, y ningún funcionario con proyección estuvo autorizado para capitalizar esa situación. ¿Es eso cuidar la legitimidad de Cristina o descuidar las chances electorales del kirchnerismo? Extrañamente, hay un poco de todo: si nadie asoma demasiado la cabeza nadie empezará a despegarse del Gobierno antes de tiempo, pero tampoco nadie avanzará en imagen ante la opinión pública. El oficialismo se estaría condenando así a alinearse en las presidenciales con Daniel Scioli, un gobernador al que buena parte del núcleo duro no tolera por “tibio”.

Inicialmente, el anuncio del Banco Mundial iba a estar encabezado por Amado Boudou, pero la mesa chica del kirchnerismo no quiso darle ese plafón y suspendió el anuncio público. Allí surgió un doble comando que quedó muy evidenciado: el boudouismo citó a la prensa para un “anuncio importante” y el kirchnerismo lo suspendió argumentando “problemas técnicos”. Sin Cristina, quien mantiene alineados a todos los sectores del oficialismo, las fisuras internas comienzan a hacerse más visibles, pese a los esfuerzos de la Casa Rosada por no alimentar versiones rupturistas.

La decisión de cancelar el acto, que causó malestar en el entorno del vice, también le impidió a candidatos como Martín Insaurralde, Daniel Filmus o Jorge Obeid poder ser parte en medio de la campaña de una medida de semejante envergadura. Esa dualidad, entre cuidarle la espalda a la Presidenta y mostrarle a la sociedad que el Gobierno tiene la madurez para funcionar un tiempo sin su líder, se le está haciendo muy difícil de sobrellevar a Carlos Zanini y compañía.

El vicepresidente Amado Boudou, quien quedó a cargo del Ejecutivo, tiene una celosa custodia ministerial sobre sus actividades y se busca que su figura no despegue más de lo deseado. ¿Temen que la imagen negativa del vice contamine a los candidatos oficialistas? Eso existe, pero no es el elemento principal: lo que nadie quiere es que Boudou aproveche esta larga licencia de Cristina para instalarse políticamente ante la sociedad.

El exministro de Economía, que esta semana sufrió varios desplantes públicos, cada vez está más solo en el Gobierno: más de la mitad del gabinete y el propio hijo de Cristina desconfían de él. Un ejemplo del raro clima interno que se vive en el Gobierno ocurrió anteayer en Tecnópolis, donde Boudou encabezó un acto por los cuatro años de la ley de medios acompañado solo por un ministro, Julio de Vido. Allí no estaban ni los militantes de La Cámpora ni los de Kolina que van a todos los actos de Cristina. Todos los presentes fueron convocados por el titular del Afsca, Martín Sabbatella. Hubo cánticos por la Presidenta y por el exintendente de Morón, pero ninguno por el ahora jefe del Ejecutivo. El mensaje era inocultable: Boudou, más allá del lugar de privilegio que ocupa, no tiene ningún apoyo en las bases del kirchnerismo. Parece imposible pensar que semejante puesta en escena no haya tenido la venia de alguien en el Gobierno.

La oposición, muchas veces crítica al extremo del Gobierno, actúo con una responsable solidaridad ante la operación de Cristina. No hubo exabruptos ni utilización política del hecho, solo mesura y mensajes de recuperación. En los hechos, la internación de la Presidenta congeló la campaña electoral y la transformó en meras recorridas con declaraciones de forma. ¿A quién favorece esta especie de parate en la actividad proselitista? La teoría marca que al que va ganando, ya que es el que menos tiene que remontar. Aunque también es cierto que los candidatos oficialistas comenzaron a repuntar un poco los últimos días.

De todos modos, parece que la fotografía del 27 de octubre pase lo que pase hasta ese día, diferirá muy poco de la del 11 de agosto pasado.

 

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