De los cuatro gobernantes de países sudamericanos y del Caribe enrolados en la línea bolivariana -esto es, demagoga y populista-, se destaca por sus dichos disparatados, jocosos si no fueran lamentables, y opiniones extravagantes y ridículas, el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro.

Sus colegas del grupo, Cristina Fernández viuda de Kirchner, de la Argentina; Evo Morales, de Bolivia, y Rafael Correa, de Ecuador, suelen guardar, aunque no siempre, las formas. Pero nos ocupemos solamente del venezolano, designado por Hugo Chávez su heredero.

Las frases de Nicolás Maduro son de antología. Señalemos que aún no lleva un año en el cargo.

Prescindiendo de su cronología, veamos algunas de ellas. Una, acaso de las primeras que tomaron estado público, fue cuando contó: “A veces vengo en las noches y me quedo a dormir en la tumba de mi comandante (Hugo Chávez) en el Cuartel de la Montaña”. Añadió que una de esas noches lo visitó el espíritu de Chávez en forma de “un pajarito” que era “chiquitico”. “El pajarito silbó un ratico, me dio una vuelta y se fue, y yo sentí el espíritu de Hugo Chávez.”, dijo.

Venezuela, más que cualquier otro país de la región, padece la violencia y la inseguridad social. Maduro identificó al culpable de esa situación. “­Es el Hombre Araña el culpable de la violencia!”, aseguró. Por supuesto, y Batman y Mongo Aurelio.

Don Nicolás tiene seguido ataques de paranoia. En esos trances, asevera: “Estados Unidos tiene un plan para eliminarme a mí y a Siria en simultáneo!”. Y ve conspiraciones contra su gobierno por todas partes. Nos recuerda a alguien, ¿verdad?

Y también, en esa línea, está convencido, y lo dijo, que “el cáncer que sufrió Hugo Chávez, le fue inoculado por la derecha fascista”.

Por ahí le acomete cierto virus místico y proclama que “Cristo redentor se hizo carne, se hizo nervio, se hizo verdad en Chávez”.

Y supone que como “tenemos a nuestro comandante en el cielo, a lo mejor en algo influyó en la elección del nuevo Papa”. Francisco, agradecido.

Y tiene su versión sobre algunos pasajes de la Biblia. Por ejemplo, para él es una verdad indiscutible que “Cristo multiplicó los penes”.

El recuerdo de su comandante no lo abandona. Da por descontado su influencia, esté en donde esté, y sabe que “en cualquier momento Chávez convoca una Constituyente en el cielo para cambiar la Iglesia en el mundo”.

Como casi todos sus pares bolivarianos, siente desdén por los genéricos. Para él, “Venezuela tiene millones y millonas de Bolívar”. Será por eso que anunció: “Vamos a repartir gratuitamente 35 millones de libros y libras entre los estudiantes”.

Nosotros y nosotras no le vamos en zaga. Aquí todos y todas somos felices. Y más aún. Por el canal oficialista Encuentro se anuncia un nuevo programa dedicado a resaltar la figura de mujeres que se distinguieron en nuestra historia. El espacio se llamara “Ríoplatensas”.

Nicolás Maduro, cuando se enoja, es de temer. En las últimas elecciones lanzó este anatema: “Si alguien del pueblo vota contra Nicolás Maduro, está votando contra él mismo. Le está cayendo la maldición de Macarapana”. Macarapana fue una batalla del siglo XVI en la que grupos indígenas fueron derrotados por los españoles. Lo de la maldición es un invento de él.

Feliz porque el Parlamento le otorgó súperpoderes. Maduro se permitió ser sincero. Confesó: “Los capitalistas especulan y roban como nosotros”.

­Ah! Se nos olvidaba. El 1 de noviembre anunció el comienzo de la Navidad temprana y “felicidad para todo el pueblo”.

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