Del dicho al hecho hay un largo trecho. En medio de un discurso de mayor apertura tras la derrota en las primarias -que incluyó un reconocimiento de la inflación, de la inseguridad y la creación de una mesa de diálogo intersectorial- el kirchnerismo mostró en el Presupuesto 2014 otra vez la misma cara de los últimos años. La inflación seguirá minimizada a menos de la mitad, la Gendarmería tendrá 635 millones de pesos menos, se profundizará el centralismo fiscal y no hubo un solo cambio al proyecto original que muestre voluntad de armar consensos. Eso, a solo un mes de las elecciones generales, difícilmente ayude al Gobierno y a sus aliados a instalar que entendieron el mensaje de las urnas.

¿Qué explicación lógica tiene que Salta, por citar un caso, tenga ocho veces menos recursos nacionales por habitante que Capital Federal, si sus índices sociales son exuberantemente más magros? ¿Es ese un criterio redistributivo de la riqueza? Por supuesto que no, pero seis de los siete legisladores salteños -incluido Alfredo Olmedo que dio quórum- no repararon en eso ni se preguntaron por qué la Provincia, siendo la octava más poblada del país, tendrá 16 distritos que recibirán más fondos proporcionales que ella.

En casos como éste, donde el perjuicio está a la vista y no existen chances de realizar modificaciones por la rigidez del oficialismo, dar quórum es avalar implícitamente algo que desfavorece a Salta, así de simple. Olmedo acusa a El Tribuno de querer vincularlo con el kirchnerismo, pero no existe bloque parlamentario de la oposición que no se haya manifestado públicamente en ese sentido. Lo hicieron Ricardo Gil Lavedra de la UCR, Eduardo Amadeo del peronismo disidente, Gerardo Milman del GEN y Claudio Lozano por la izquierda porteña. Si tiene cuatro patas, ladra y tiene cola es un perro, no hay más vueltas.

Argumentar que el Presupuesto es bueno solo porque tiene más plata que el año pasado es un simplismo inmenso para un funcionario público. Un ejemplo derriba cualquier justificación: para arreglos en la Casa Rosada hay 6 veces más fondos que para reconstruir la ruta nacional 68: 31 millones contra 5. Incluso, el diputado Pablo Kosiner llegó a preguntarse -para desmentir una nota de El Tribuno- quién había previsto que en el Presupuesto 2014 iba a haber 190 millones de pesos más para Salta. Curiosidades de la vida: quién lo previó no fue otro que él mismo, cuando en el Presupuesto 2013 votó como previsión presupuestaria que la Provincia debía recibir el año próximo 536 millones de pesos, un 36% menos de lo que se fijó en el Presupuesto 2014 (345,4 millones de pesos). El Presupuesto 2014 tiene falencias estructurales a nivel nacional y un impulso muy vago a la obra pública a nivel provincial.

A nivel nacional, hay más fondos para arreglar un centro cultural que para combatir inundaciones; hay sobreestimación del crecimiento -y por ende más dinero para los acreedores- y se ratifican los superpoderes para cambiar todo lo que dice el Presupuesto sin consultarle a nadie.

A nivel local, ninguna ruta tendrá un avance considerable, no hay fondos para poner en marcha la prometida Facultad de Medicina de la UNSa y en obras públicas habrá 36% menos de plata de la votada el año pasado. Si a eso se le suma que los recursos para el Belgrano cargas casi no llegarán al tramo salteño; que los desages pluviales para Cerrillos, La Merced y El Carril casi no avanzarán, y que hay un 6% menos de plata para obras de la que hubo en 2013, el panorama se oscurece aún más. En dos palabras, el Presupuesto 2014 casi no ayudará en nada a que Salta progrese en el mapa nacional, condenando así a la Provincia a que continúe encabezando todos los índices que nadie quiere encabezar. El alineamiento ciego del urtubeycismo con la Casa Rosada, traducido en el voto siempre positivo de sus diputados, cada vez es más difícil de explicar sólidamente. Esos mismos diputados, sumados a cientos de otras provincias en la misma sintonía, son los que respaldan conscientemente una inflación menor a la mitad de la que existe sin sonrojarse. ¿Es eso patriotismo u obsecuencia? La respuesta parece estar a la vista.

El propio Gobierno de Salta, kirchnerista desde el discurso pero difuso desde los principios, reconoció en varias oportunidades que la suba de precios dista horrores de la que se informa oficialmente, pero jamás encabezó un pedido para normalizar las estadísticas.

Que todo este debate se esté dando en plena campaña electoral es más que saludable para la democracia, así el elector puede tener una visión más acabada de qué significa tener legisladores que “apoyen” al Gobierno.

 

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