La realidad de Ana Guanca, una madre soltera, es difícil de aceptar.

A ella misma le costó un tiempo asimilar que su hija había sido afectada por un síndrome llamado West, que se caracteriza por una encefalopatía epiléptica durante la infancia.

Valentina, su nombre, es una nena que tiene un año y ocho meses de vida. No puede ver. La enfermedad hizo que ella perdiera totalmente la visión. Además, sufre de broncorrespiro y se alimenta por una sonda de silicona.

Ambas viven juntas a la vera de un canal en la calle Zuviría 1.876.

En una casa precaria, Sandra, madre de Ana, entiende que su hija hace todo lo posible por Valentina, pero la ayuda que necesitan las supera. Están dispuestas a luchar por la salud de ella, pero la falta de recursos se presenta como el principal obstáculo, aunque aseguran que lograrán superarlo.

Por la delicada condición en la que se encuentra Valentina, necesita una vivienda en condiciones dignas.

Actualmente viven en una humilde casa justo en la margen de un canal contaminado. El techo de chapa de esa vivienda representa un peligro porque cualquier aumento de temperatura provoca efectos sobre la menor. “Estoy dispuesto a hacer todo por Valentina. Ya entendí bien que necesita un cuidado especial, pero fue fuerte que de un día para el otro la vida de tu hija cambie totalmente porque le agarró convulsiones”, cuenta Ana.

Le nena ya viajó al hospital Garrahan en Buenos Aires. Allí, la madre y la abuela contaron que fueron muy bien atendidas.

No bajarán los brazos hasta que Ana Guanca y Valentina puedan acceder a una casa que le brinde a la menor garantías de que su salud será resguardada.

Para ayudar a la niña

Ella necesita en estos momentos sondas siliconadas para alimentarse y para el aspirador que utiliza, jeringas, pañales y una silla para sentarse. Las donaciones se pueden acercar a la calle Zuviría 1.876.

 

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