Pese a la repercusión mundial de la noticia, la euforia que se vivió en la Casa Rosada por el acuerdo con el Club de París duró lo que un suspiro. Solo ocho horas después de difundirse el arreglo, que tiene una envergadura económica trascendental, el kirchnerismo debió meterse en el barro para absorber un golpe durísimo: tiene al primer vicepresidente de la historia de la República imputado por corrupción. Amado Boudou ya no solo es un cadáver político, es sobre todo una carga pesadísima de llevar para Cristina hasta el final de su mandato.

Una vez más, la sombra del funcionario le pega al Gobierno en donde más le duele: la disputa por la iniciativa política. Su citación a indagatoria replicó tan fuerte en la agenda mediática que opacó en gran parte el logro de Axel Kicillof ante las principales potencias del mundo. Si bien no se refirió al caso Ciccone, al ministro de Economía se lo vio anteayer con un visible rostro de desencanto al explicar los detalles del acuerdo. Kicillof sabía que la noticia de esa mañana ya no pasaba por sí mismo como imaginó al volver de Europa, sino por los reveses judiciales del exmilitante de la Ucedé que sigue culpando a los medios por sus desprolijidades.

El vicepresidente, que se niega a pedir licencia o renunciar, seguirá desgastando a Cristina en materia de imagen pública mientras avance la causa Ciccone. Boudou no habla con la prensa, no se le conocen actividades preponderantes y no tiene relación con casi ningún miembro del Gobierno. Sin embargo, su poder de daño sigue intacto: con su nula autocrítica, el vice está volviendo a colocar en la opinión pública a la corrupción como un tema central.

De hecho, el mismo día que Cristina estará reunida con los líderes del BRICS las potencias emergentes más importantes del mundo- Boudou estará entrando en Tribunales para declarar como imputado. Lo hará, ni más ni menos, que estando a cargo de la presidencia de la Nación. ¿Qué noticia impactará más en la opinión pública ese día, la de Cristina o la de su vice?

“En el Gobierno Boudou ya casi no tiene aliados. Mantiene una buena relación con Diego Bossio y no mucho más. El problema es que él no es un ministro que puede ser reemplazado por decisión de la Presidenta. Boudou nos hace daño, de eso no hay dudas, pero veo casi imposible que tenga la altura para renunciar”. Transparente, un influyente miembro del kirchnerismo admitió así, en un estricto off the récord, que no se viven tiempos tranquilos en el Gobierno tras la decisión del juez Ariel Lijo.

Con una economía frenada y una inflación que sigue siendo muy alta -la de abril habría sido del 1,5 por ciento- regularizar la deuda con el Club de París era una de las prioridades fundamentales de Cristina para este año. El arreglo seguramente derivará en un mediano plazo en un fortalecimiento de la inversión basado en un abaratamiento del crédito. Más allá de eso, la negociación no representa una recuperación económica por sí sola, pero ordena las variables financieras en pos de ese objetivo.

Si a eso se le suma el arreglo con Repsol, la normalización de las estadísticas inflacionarias, la estabilización del dólar en $8 y la reciente suba de la Asignación Universal por Hijo, Kicillof pasó a ser ahora el funcionario con mayores pergaminos para exhibir dentro del Gabinete. Ese rol puede ser compartido con el ministro de Transporte Florencio Randazzo, quien viene levantando el perfil notablemente con la venia de Cristina. “Randazzo está creciendo en intención de voto, pero es muy difícil que le alcance para ganarle la interna a Daniel Scioli”, afirmó ayer a El Tribuno un importante encuestador que mide para el oficialismo.

¿Hace cuánto un ministro de Economía no es protagonista en un Gobierno kirchnerista? El último que se recuerda fue Roberto Lavagna, que dejó el cargo hace más de ocho años. Kicillof, a quien se le desconocen antecedentes rutilantes en materia de gestión, recibió el Palacio de Hacienda en un momento de fuerte debilidad del Gobierno. La mandataria, que volvía de una larga convalecencia de salud, había perdido las elecciones de octubre de manera contundente en los principales distritos y las variables económicas ya no eran las de antes. La que moderó la gestión fue Cristina, Kicillof fue los últimos meses su mano derecha en ese objetivo.

Rumbo a 2015

En la entrevista publicada hoy en El Tribuno, Sergio Massa confirmó que no habrá alianza de ningún tipo entre él y Scioli. Si bien el dato puede parecer obvio, no lo es tanto: las últimas horas habían crecido las versiones en ese sentido. Massa tiene muy claro que la gobernación bonaerense, eventual moneda de cambio de un arreglo con Scioli, le parece ya un premio menor.

En la misma nota, Massa también lanza duras críticas hacia el PRO, justo en momentos en los que se hablaba de una supuesta primaria entre el diputado y Mauricio Macri. No hay moneda de cambio: es la presidencia o la presidencia.

La moderación que está mostrando Cristina también se está dando en la oposición, que busca mostrarse públicamente más unida de lo que realmente está. En el Frente Unen hay bastante recelo con Elisa Carrió y en el PRO la sucesión de Macri en Capital está tensando a los grupos internos en pugna. Se habla poco de 2015, pero es en lo que realmente están pensando todos.

Salvo “Pino” Solanas, todos los principales líderes del espectro opositor reivindicaron abiertamente el acuerdo con el Club de París como hace tiempo no hacían con medidas oficiales, pero le dedicaron mucho mayor tiempo a pedirle la renuncia al vicepresidente.

 

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