Discriminación y exclusión son realidades con las que los enfermos de VIH conviven diariamente.

En el anonimato y, víctimas del rechazo, ellos no pierden las esperanzas de revertir la realidad que los excluye del resto y tratan de llevar una vida normal.

Alrededor de 4 mil personas infectadas con el virus en nuestra provincia, forman parte no sólo de las estadísticas sino de una realidad en la que el VIH existe en todos los ámbitos sin distinción de clase social ni de preferencia sexual.

“Somos un ghetto” , expresaron algunos durante la charla que mantuvieron con El Tribuno. Una triste pero real manera de explicar la estigmatización que sufren.

Miles de años atrás, la lepra era considerada una enfermedad incurable que obligaba a quienes la padecían a vivir alejados de la comunidad. El virus de inmunodeficiencia humana cumple en la actualidad el mismo papel.

Lejos de aminorar la marcha y gracias a la contención de sus “pares” como ellos los llaman, gran parte de los enfermos de VIH en Salta eligen seguir adelante pero sin dar a conocer su diagnóstico. Algo que hacen por miedo a quedarse sin trabajo, al prejuicio o a las ofensas.

“Lo que buscamos es que las personas no se victimicen por tener el virus. Lo que sí está bueno es reclamar los derechos que podemos tener con respecto a la inclusión laboral, el acceso a una vivienda digna y que estos temas sean tratados como si fueran para cualquier otra persona”, explicaron.

Sin dar ni siquiera nombres, ellos reflejan cómo se vive con una patología a las que todos temen.

Nahir-nombre ficticio- es una joven salteña a la que el VIH la encontró sin pensarlo.

“No soy gay ni travesti ni promiscua. Soy una mujer como muchas otras, con hijos y ama de casa. Contar cómo me transmitieron el virus no me parece relevante, lo que sí es importante decir es que se trata de una enfermedad que afecta a cualquiera y nadie está exento de contraerla”, resaltó la mujer que luego de revertir un pronóstico de sólo 10 días de vida, un año después, puede contar su historia.

Ella junto a Carina, y otros integrantes de un grupo de “pares” buscan cada día las herramientas para contrarrestar lo que más les duele: el rechazo.

El estigma y los prejuicios son reales para ellos, pero por ningún motivo les quita las ganas de luchar para que un día las barreras no existan y la gente pueda entender que tener VIH no significa una condena de muerte.

Ni tampoco una enfermedad que los encasilla en una determinada elección sexual o bien con la prostitución.

Simplemente ser consideradas personas que de una u otra manera comparten el sueño de que alguna vez tengan la libertad de mostrar sus rostros sin temor a lo que pueda sucederles.

 Diferencias y  transmisión 

No es lo mismo tener VIH que tener Sida. Sida significa: Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida.Es la etapa avanzada de la infección causada por el VIH. El síndrome (conjunto de síntomas) aparece cuando el VIH debilita las defensas del cuerpo. Esta situación predispone a las personas a desarrollar las “enfermedades oportunistas” , aprovechando la caída de las defensas. Las enfermedades oportunistas son infecciones o tumores que se desarrollan en el contexto de un sistema inmunológico deteriorado.

Transmisión

Se transmite: por tener relaciones sexuales sin preservativo ya que puede pasar a través del flujo vaginal, el líquido preseminal o el semen en contacto con los fluidos o las mucosas de otra persona; por compartir agujas, jeringas, máquinas de afeitar, alicates, piercings, agujas para tatuar o cualquier otro elemento cortante y también de madre a hijo. En caso de mujeres embarazadas con VIH se lo pueden transmitir al bebé durante el embarazo, en el momento del parto o durante la lactancia.

Desmentida desde el San Bernardo 

Las contradicciones junto a la polémica por las carencias en la atención de los enfermos de VIH en el Hospital Del Milagro no sólo se presentaron desde el Ministerio de Salud, sino también desde los hospitales.

Es así que Hugo Sarmiento Villa, gerente general del Hospital San Bernardo, dejó en claro su postura: “Desmiento categóricamente que en el San Bernardo no se atienda a los pacientes con VIH. Son atendidos cuando ingresan con politraumatismos o necesitan una intervención quirúrgica de emergencia. Cuando se trata de intervenciones programadas tienen que esperar como cualquier otro paciente. No existe ningún tipo de discriminación y para la atención específica de la enfermedad existe un centro especializado y es el Hospital Del Milagro”, explicó el facultativo en relación a los reclamos realizado días atrás por los médicos del hospital de avenida Sarmiento.

"Sentimos que vivimos  dentro de un ghetto” 

ANONIMATO | LA MAYORIA DE LOS PACIENTES NO MUESTRA SU ROSTRO 

La atención de la mayoría de las personas infectadas con el virus se concentra en el viejo Hospital Del Milagro. No ajenos al nosocomio, los enfermos de VIH fueron más que claros a la hora de graficar sus experiencias: “Para nosotros esto es como un gheto. Es habitual que nos atiendan en consultorios apartados de los demás . No se por qué motivo pero siempre nos tocó estar al lado de kinesiología, entonces muchas veces fingí estar esperando que me atiendan en ese sector y cuando escuchaba que me llamaban recién me iba adonde me correspondía”, explicó un joven salteño que como muchos otros prefiere resguardar su identidad.

Las anécdotas de cómo hicieron para no ser reconocidos a la hora de una consulta médica, abundan al igual que los malos momentos que pasan cuando dan a conocer su enfermedad. Siempre en un lugar alejado de los demás, la mesa de una confitería céntrica fue el punto de encuentro para que un grupo de enfermos de VIH dialogara con El Tribuno y contara que tener la enfermedad no es algo que todos entiendan y que el prejuicio diezma el sentido común hasta de propios profesionales de la salud.

“Valoramos el trabajo de los psicólogos, una vez uno de ellos nos pidió que diéramos a conocer que teníamos VIH pero lo real es que ninguno sabe de que se trata tener el virus, de ese día donde te dicen que tu diagnóstico es positivo o de aquel cuando tomás tu primera pastilla y, menos de cuando te tratan como a un bicho que no se toca”, expresaron.

Aquel viejo hospital 

Más allá del lugar donde reciban asistencia médica, todos los enfermos de VIH en Salta pasaron indefectiblemente por el Hospital Del Milagro.

Centro de referencia para el tratamiento de la enfermedad, el nosocomio es el primer establecimiento a donde un paciente con el virus recurre si tiene una emergencia.

Las carencias edilicias, de insumos y de recursos humanos no es indiferente para los pacientes: “Nos gustaría que el hospital contara con más recursos humanos porque realmente están superados. Por ejemplo, el programa provincial de VIH sólo cuenta con dos médicos, una es la jefa y el otro un profesional que va tres veces por semana. Necesitamos asistentes sociales, nutricionistas y psicólogos. Hay solo una psicóloga para atenderlos a todos. Las mujeres no tienen ginecólogos, carecen de esa atención y se ven obligadas a concurrir a otro hospital donde no las quieren atender”.

La discriminación

Con 40 grados de fiebre, diarrea o sea cual fuere el cuadro clínico, las urgencias no son atendidas en cualquier hospital.

Las quejas de la mayoría de los pacientes con VIH apuntaron contra el hospital San Bernardo.

Una experiencia compartida y que hasta el momento no encuentra solución.

“En el hospital Del Milagro están capacitados para atendernos pero si son médicos deberían tener todos esa capacitación y asistirnos en cualquier otro lugar. No somos extraterrestres ni bichos, somos personas y necesitamos el mismo trato para volvernos a incluir en la sociedad y no sentirnos excluidos”, resaltaron los pacientes a la vez que solicitaron que en las guardias existan infectólogos que los puedan asistir. “La gente tiene que saber que el VIH es una enfermedad como cualquier otra y que con los medicamentos se controla. Uno puede tener una vida completamente normal” completaron.

El miedo que  menos esperan 

El temor a no contraer la enfermedad lleva, en muchos casos, a que sean algunos médicos quienes ejerzan discriminación. En este contexto ciertos profesionales llevan consigo un prejuicio en el que el uso de batas, guantes y barbijos son la muestra fiel que el trato no es el mismo para todos.

Aquel paciente que da a conocer un diagnóstico positivo de VIH no siempre la pasa bien en un consultorio médico. Las explicaciones y los cuestionamientos terminan minando una consulta e impulsando a que para la próxima se oculte la verdad.

“Cuando llegamos a un especialista no saben como tratar el tema y si les decimos nuestro diagnóstico se convierten en astronautas, se ponen barbijo, camisolín, guantes, y esas cosas”, coincidieron.

Más de veinte años con  el VIH y una vida normal 

Hace 27 años, Carina -nombre ficticio- convive con el VIH. La enfermedad le fue diagnosticada cuando tenía sólo 18 años y los prejuicios eran mayores a los que hay en la actualidad.

Sola y, con miedo trató de llevar la enfermedad como pudo. En el proceso las experiencias de discriminación fueron muchas.

Se casó, tuvo hijos y hoy con 45 años puede afirmar que se puede tener una vida completamente normal.

“Mi marido me aceptó con la enfermedad y tuve tres hijos, dos son sanos y una falleció cuando tenía dos años, ella tenía el virus. La discriminación pasa porque no hay capacitación. Por ejemplo en mi trabajo yo conté la verdad y no hay problema, la gente se preocupa por conocer de la enfermedad e interiorizarse sobre ella. Eso los lleva a no tener miedo, al saber que no se trata de un contagio sino de una transmisión del virus. En mi caso, al contrario me cuidan”, dijo Carina quien con su ejemplo da fuerzas a quienes recién atraviesan la etapa de conocer que tienen el virus.

Moneda corriente

Distinta fue la historia para Nahir, quien luego de una debilidad crónica fue trasladada al hospital San Bernardo donde le diagnosticaron VIH. A partir de allí la discriminación y el rechazo comenzó a ser moneda corriente para ella.

“Los médicos habían entendido que por tener la enfermedad yo era una persona que trabajaba en la noche, una prostituta o una cosa así, no sé”, explicó Nahir.

“Cuando me dieron el diagnóstico no vino la psicóloga a prepararme y en los casi dos meses que estuve internada sólo vinieron dos veces a verme los infectólogos”, completó la joven ama de casa que luego de un año de saber que tenía el virus, puede afirmar que “todo depende de las ganas que uno tenga de salir adelante y de la ayuda de tus pares”.

Las citas 
  • “En el San Bernardo están los lugares para las personas "sanas' y en un rincón para infectología”.
  • “Nuestra lucha también es para que todos se hagan el test del VIH y que lleguen a la detección temprana”.
  • “Les pasa a los heterosexuales, a las personas con una vida normal, le puede pasar a cualquiera”.

ENFERMA DE VIH

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