Tenemos que remontarnos a las antiguas culturas griega y romana para empezar a hablar de la ropa interior femenina. En aquella época ya utilizaban telas para tapar sus zonas más íntimas. Y así sucedió hasta la Edad Media.

Antiguamente, el único objetivo de la ropa interior femenina era el de ajustarse al cuerpo de la mujer para corregirlo y moldearlo. Los corsés eran entonces las prendas interiores por excelencia que utilizaban las mujeres para cubrirse. La ropa interior femenina fue evolucionando incluyendo los ligueros cuyo papel principal era el de sujetar las medias.

De 1830 en adelante, las mujeres utilizaban distintas prendas íntimas y cada una de ellas desempeñaba una función determinada. Los cubrecorsés, las enaguas, los volados, los encajes... toda una amplia variedad. Hasta entonces una simple tela de seda hacía el papel de sostén. No será hasta 1914 cuando aparece el primer corpiño.

A partir de este mismo año el mundo de la danza influyó definitivamente en el diseño de la ropa interior, lo que ayudó a la mujer a tener una mayor libertad en sus movimientos y olvidarse de ir tapada hasta los pies. Los primeros modelos fueron diseñados para minimizar más que enfatizar.

Desde la década de los años 30 hasta los 50 el diseño de la ropa íntima era bastante conservador. Gracias a los progresos tecnológicos la empresa Triumph sacó el primer corselette, el cual era sin tirantes y el primero con cremallera atrás. Su finalidad era la integración de elementos elásticos y resaltar el confort y libertad de movimiento de la mujer. El primer sujetador de esta marca fue en 1950 y se convirtió en uno de los best seller de la época.

Los años locos

Gracias a la llegada del movimiento hippie en los años 60, una bocanada de aire fresco invadió la moda íntima y es cuando estas prendas van alcanzando un mayor protagonismo. En 1966, Triumph lanza el primer sujetador que utiliza elastano en su tejido y se convirtió en el modelo más vendido por esta marca en todos los tiempos.

A partir de los años 70 las costuras incómodas y los movimientos restringidos pasan a la historia, ahora la sensualidad se convierte en protagonista de las prendas intimas. Es más, la exaltación de la ropa interior por mitos eróticos de la época es cada vez más común, como por ejemplo lo hizo en su día Marilyn Monroe.

Comienzan entonces a usarse materiales más finos y ligeros como la lycra y el nylon.

El auténtico boom de la ropa interior fue a partir de los años 80. Exhibir estas prendas ya no se considera un problema socialmente y se acepta que la mujer debe sentirse también guapa y cómoda por dentro. Los colores cobran protagonismo gracias a los escotes de las mujeres.

En los años 90 el compromiso y la sensibilidad con el medio ambiente es cada vez mayor por lo que el algodón se convirtió en la prenda estrella. A partir de aquí, afloran un sin fin de distintos tejidos para confeccionar estas prendas y se convierten en un amplísimo abanico de posibilidades donde elegir para las mujeres. Cortes inspirados en realzar las curvas y escotes, pero siempre ofreciendoles el máximo confot.

La actualidad

Durante la última década, la confección de ropa intima se centra sobretodo en la confección de tirantes perfectos, efectivos y transparentes. Las curvas se realzan de una forma natural y las microfibras en los tejidos proporcionan un shaping seguro y cómodo.

La importancia de la ropa interior ha llegado hasta tal auge que Brasil celebra el Día Nacional de la Ropa Intima debido a los grandes ingresos económicos que ésta les proporciona al país. En definitiva, la ropa interior vive uno de sus momentos más dulces en el mundo de la moda en la actualidad.

 

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