El deterioro de los indicadores laborales no es nuevo, pero se profundizó en el último año, y escaló en semanas atrás cuando, en plena recesión y con un crecimiento incesante de la tasa de inflación, la Argentina entró en default por el conflicto con los fondos buitre.
Y hasta el propio Gobierno no lo oculta. Los datos de la Encuesta Permanente de Hogares reveló que en 12 meses, hubo 554.800 puestos de trabajo perdidos o cesanteados, sin considerar los afectados por suspensiones parciales con pago acotado de salarios.
Los números fueron más dramáticos en lo correspondiente al segundo trimestre respecto de los tres meses previos, 273.700 personas debieron quedarse en sus casas por haber perdido el empleo, no sólo porque proporcionalmente la cantidad de afectados fue singularmente más significativa, sino porque sucedió en un período estacionalmente aumenta la capacidad de generación de riqueza, la producción y el comercio.
En tanto, si se analizan los primeros seis meses del año, el parate económico se perdió 404 mil puestos de trabajo. Hace tres años, la desocupación estaba en 7,2% y la tasa de actividad de 46,3%. En el primer semestre de 2014 esos porcentajes, en promedio, fueron de 7,3% y 45,6%. De acuerdo a la estimación de Idesa, si la tasa de actividad fuese la misma de 2011, el desempleo hubiera sido 8,7%, o sea 1,4 puntos superior. La tasa de actividad del segundo trimestre fue de 44,8%, la más baja desde el año 2003 inclusive. La de empleo es de 41,4%, la menor desde 2006.

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