"Ayer me agarró la mano y me dijo: 'Mari, ¿nos vamos?'. Hoy ya no hablaba", contó Marisol. Su padre, Ángel Flores, de 57 años, ingresó al hospital Oñativia de la ciudad de Salta el 19 de mayo y sigue esperando, ahora en el San Bernardo, los materiales quirúrgicos para la operación que le permitirá volver a tener una vida normal. "Decidimos venir acá para hacer pública la denuncia, no nos queda más nada. Nos jugamos la última carta; si no, vamos a tener que velar yo a mi hermano y ella a su papá", manifestó Estela Flores, en diálogo con El Tribuno.

Ángel tiene un diagnóstico de espondilolistesis, producto de una infección que le afectó dos vértebras. Como éstas le presionan la médula, el hombre está paralizado. El médico necesita para realizar la cirugía materiales costosos que suman 205 mil pesos. El Ministerio de Salud podrá comprarlos con un decreto firmado por el gobernador Juan Manuel Urtubey, ya que supera el monto máximo de 100 mil pesos que se autoriza habitualmente.

Marisol Flores, hija de Ángel, se levanta todos los días y llama a las oficinas donde se gestiona la compra de estos materiales. A las 9 lleva a su hija al jardín y entra a su trabajo en una zapatillería. A las 13 viaja desde Rosario de Lerma hasta el hospital San Bernardo de esta capital donde está internado su papá, y regresa a las 18 al local para terminar su jornada a las 22. Su hermana tuvo que trasladarse desde Mar del Plata, donde vive con su familia, y busca un jardín de infantes para su hijo de 5 años. Vino a acompañar a Marisol ya que la madre de ellas murió hace unos años.


El viaje de Ángel

Cuando comenzó a sentir dolores, Ángel fue al hospital Oñativia. Allí, sin haberle hecho estudios, le diagnosticaron el síndrome de Guillain-Barré. Su hija y su hermana denunciaron que una médica hizo abandono de paciente. "Mi papi lloraba de dolor y la doctora decía que era porque estaba en la cama, y no fue así", expresó Marisol. "Mirá todo el tiempo que se perdió por culpa de esta médica que dio un diagnóstico que no era", lamentó.

Marisol denunció la desidia con que trataron a su padre en el Hospital Oñativia. "Además nos hicieron gastar mucho dinero, me hacían comprar parches de 396 pesos para calmar el dolor", manifestó la hija de un hombre que no tiene trabajo ni obra social, es diabético y perdió la audición.

El 15 de mayo Ángel había llegado al hospital caminando. El médico traumatólogo le pidió unos análisis y una radiografía, pero cuando volvieron a mostrarle los resultados no quiso reconocerlo, relató su hermana. "Yo nunca vi a este paciente", se excusó el médico. Ante las amenazas de Estela de denunciarlo, los miró y dijo: "Yo no puedo hacer nada, buscá un clínico", y le recetó calmantes.

El 19 llegó en silla de ruedas. "Otra doctora del mismo hospital me dijo: 'Tráigalo mañana, hoy no hay cama'. Entonces fui yo misma a ver y encontré una sala con dos camas que se habían liberado el día anterior. Es lamentable porque es un ser humano", manifestó Estela.

Cuando la médica le pidió una resonancia, que le hicieron en el tomógrafo del hospital San Bernardo, se vio lo que en verdad tenía. "Tuvimos que esperar cuatro o cinco días más para que lo trasladaran por falta de camas y finalmente lo recibieron por guardia", comentó Marisol. "La doctora se lavó las manos, fue sincera y me dijo: 'Mirá, ya van dos meses acá, no se hizo nada y no se va a hacer nada porque en este hospital no hay neurólogo ni neurocirujano, una vergüenza", manifestó.

"Un médico me dijo que ahora tiene una infección en la parte respiratoria y en los riñones también. Ya no habla, ¿por qué dejaron pasar tanto tiempo?", lamentó Marisol.

"El pedido de materiales está hecho en el Ministerio de Salud hace un montón, y no pasa nada. Cuando llamo, me dicen: "No, está en trámite, es muy caro", explicó Marisol quien a principios de julio comenzó a solicitarlos. "El Ministerio me dice que los papeles llegaron tarde, pero ¿qué culpa tengo de que en el Oñativia no hayan hecho nada y a mi papá lo hayan trasladado tan tarde?", se preguntó Marisol. Primero le dijeron que costaba 340 mil pesos, después 300 mil y unos minutos antes de la entrevista con El Tribuno, 205 mil. Era la tercera llamada del día. El médico a cargo de la cirugía le aseguró que en cuanto lleguen los materiales, va a operar a su padre.

"Preferimos que nos digan que no se puede hacer nada a que nos tengan con esta incertidumbre. Él hace 3 meses que está mal y le duele. Lo han atado, no tiene irrigación en el cerebro. Está cada vez peor, esto quiere decir que lo están dejando morir", denunció su hermana. "El ya no da más, en sus momentos de lucidez me pide que lo llevemos: "Llevame, no doy más". Se saca el oxígeno, está desesperado. Ahora lo tienen sedado, pero hasta el viernes pasado estaba bien", expresó Estela.


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