Darío Fisher, el músico no vidente, que ya es parte de Salta, la linda

“No soy de Salta pero ya me siento parte de esta hermosa tierra”, expresó Darío Fisher, el músico no vidente de la peatonal Alberdi. 
Germán Darío Fisher Acosta tiene 39 años y hace 17 que toca el órgano en este transitado paseo céntrico. Este hombre llegó desde Necochea hace dos décadas, buscando una mejor vida junto a su madre y su pareja. Siendo aún un adolescente, salió para alejarse de la violencia familiar en la que vivía junto a su madre. 
Con 72 años, Carmen, mamá de Darío, recuerda como si fuera ayer el día que salieron de la ciudad bonaerense donde vivían. Escaparon de la casa que compartían con su padre y tomaron un tren que los trajo a Tucumán, en busca de una nueva vida. “El nunca hizo nada por mí. Nunca le importé. Aprendí música gracias a que mi mamá hizo de todo para que me acepten en un conservatorio privado”, recuerda el músico.
A los 12 años, siendo aún un chico, tomó sus primeras clases de música. “Mi mamá vio cómo me gustaba la trompeta y buscó quién me diera clases. Primero dijeron que tenía que esperar a que fuera más grande. Al otro día que cumplí los 12 me llevó al conservatorio. Le dijeron que no me podían recibir porque soy no vidente, pero insistió y aquí estoy”, contó el joven orgulloso de los esfuerzos que hizo esta mujer. 
Desde hace un poco más de 4 años Darío es parte de la banda de música municipal 25 de Mayo. Ingresó a esta formación luego de luchar mucho, junto a sus pilares: su madre y su esposa. Desde hace una década que solicitaba el ingreso a la banda, pero fue recién hace cuatro años que aceptaron su pedido. “Todo fue por gracia divina. Un día estaba tocando en la peatonal, pasó un jefe de la Municipalidad y me preguntó si estaba en alguna banda. Le dije que no y que tenía la nota cajoneada. Volvimos a ver qué pasaba y bueno, aquí estoy”, expresó con felicidad y satisfacción, porque además de contar con un sueldo su familia también cuenta con los servicios sociales correspondientes. 
El músico organiza su agenda de actuación entre los actos oficiales de la banda, las actuaciones en la peatonal y las solicitudes para animar fiestas privadas. 

Los primeros temas

Este joven cuenta con un oído privilegiado y esto es lo que le permite aprender distintos temas musicales, incluso los que están de moda. Recuerda que el primer tema que aprendió a tocar fue “La pollera amarilla”, con la interpretación de Gladys, la Bomba Tucumana. Asegura que cuando aprendió este tema, resolvió que tenía que tomar clases de teclado. “Yo tocaba pero lo hacía con tres dedos, así que aprendí a usar los cinco, como debe ser”, reflexiona. 
Las primeras interpretaciones de se dieron en las calles de su Necochea natal. Sin embargo, este músico callejero advierte que aquella ciudad no es como Salta, “no reciben tanto turismo y en invierno el frío te corta”. 
Cuestionado sobre si no extrañaba su tierra, no dudó en afirmar que no. “Salta es muy linda y me trata muy bien”, dijo junto a su esposa Laura, con quien recorre salones y casas de familia donde lo contratan para tocar y animar fiestas. “Las experiencias de esos show son únicas”, contó entre risas, mientras recordaba que alguna vez una clienta, con billetera abultada, le pidió a su esposa que “lleve esto a su fiesta”. “Y cuando decía esto se refería a mí”, recordó. 
Así también en muchas ocasiones animó las fiestas de familias humildes que no dejaron de servirle la mesa como a uno más de la familia. “Hay de todo y con el tiempo vas ganando experiencia. Lo mismo nos pasó en la calle. Sabemos que los mejores días son los fines de semana, el resto no, porque la gente no se relaja para escucharte y tirarte algo”, reflexionó. 
Por el momento no cuenta con un medio de transporte, así que cuando sale a trabajar debe hacerlo en un remise o taxi. “Pero ahora que estoy mejor con el sueldo, queremos ver un autito usado que ande bien y sea barato de mantener para poder movernos”, expresó.

Una historia de amor que nació en la playa

La pareja está junta hace unos 20 años y llegó desde Buenos Aires.

Darío y Laura están juntos hace 20 años. Se conocieron en Mar del Plata durante una temporada de verano. “Yo estaba con mi familia de vacaciones, porque soy de Misiones. Una tarde mi hermana más chica insistía en que la acompañe a la peatonal, y bueno tuve que ir. Así conocí a Darío”, recuerda la mujer. 
Él tocaba en la peatonal junto a un grupo de bailarines y mientras su hermana bailaba, Laura comenzó a charlar con el músico, hasta que un día se dio cuenta de que no veía la hora de ir a la peatonal para verlo. 
Hoy la pareja tiene además un hijo de 17 años, que cursa los últimos años en una escuela de música. “Jonathan canta y toca la guitarra, y además estudia música”, contó Laura, feliz de las gracias que le dio la vida. 
El músico tiene problemas de visión desde nacimiento, solo puede distinguir colores y bultos. Luego de pasar por varios médicos, logró tener un diagnóstico, actualmente no tiene ningún problema de salud ni toma medicación. 

Todos paran

“El tiene un ángel que hace que la gente se pare a escucharlo”, expresó su esposa, mientras que el músico advierte que si bien le encanta la trompeta, toca temas variados porque a la gente le gusta la música variada, “porque si no se aburren”. 
Darío mantiene su repertorio actualizado, así que además de practicar 15 minutos todos los días en el teclado prepara temas nuevos, que según la variante musical que tengan, le toma dos días o tal vez menos aprender. 

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