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Fernando González: “Siempre me fascinó ese ejercicio de la violencia que los barrabravas hacen cada fin de semana”
Entrevista con el periodista y escritor de "El Barrabrava". 

Si la Argentina se reflejase en el fútbol surgirían decenas de características de nuestra identidad: pasión, constancia, fuerza, coraje, humildad. Pero no todo sería tan brillante y también aparecerían facetas oscuras como la obsesión, la corrupción, la ambición desmedida y, sobre todo, la violencia.
Incomprensible e insólita a veces, es precisamente en la violencia del fútbol donde el periodista Fernando González puso el ojo para su primera novela “El barrabrava”, recientemente publicada por Editorial Sudamericana. 
Prosecretario general de Redacción en el diario Clarín desde agosto de 2016 y antes director periodístico de El Cronista (entre 2008 y 2016), González concluye que la Argentina es un “país barrabrava” y para explicarlo acudió a la historia de ficción de Facundo Gómez Lara, un barrabrava nada común, porque nada le falta en su vida pero su alma violenta lo envuelve cada vez más. 
En “El Barrabrava”, González entra de lleno en un mundo de dualidades y de límites que se corren constantemente hasta un punto en que el hincha ya no es hincha sino simplemente un ser violento, inmerso en un ámbito más violento aún. 


¿Porqué te inclinaste por esta historia?
Es una historia que tiene que ver con la violencia individual y con la violencia en Argentina que es un tema recurrente. Argentina es un país barrabrava en determinados momentos de su historia, sobre todo en su historia reciente. Además, siempre me fascinó ese ejercicio de la violencia que los barrabravas hacen cada fin de semana. Así que ahí empecé a trabajar esta historia sobre un chico de clase media alta que no es el clásico marginal que viene de los sectores más angustiados de la sociedad sino un chico que tiene todo bien en su familia, en sus estudios y en sus necesidades básicas pero es un violento que se empieza a meter en ese laberinto de los grupos barrabravas. 
En distintos momentos hablás de la dualidad del barrabrava, ¿cómo se llega a eso?
La dualidad viene de que es un chico correcto en su comportamiento durante la semana: es un buen alumno de colegio, un buen empleado de la empresa de su padre y es un hijo correcto pero el ser violento se le sale todos los fines de semana cuando va a la cancha y se pelea y destila odio en cada pelea. Esa es su dualidad. 
¿Porqué creés se da ese descargo se da en la cancha?

Si bien todo empieza como un juego para este adolescente, a medida que crece empieza a darse cuenta que está en el círculo de una cuestión mucho más compleja, mucho más oscura, mafiosa, con contacto con los políticos, los dirigentes de los clubes, la policía y los sindicatos. Muchos barrabravas incluso son víctimas de las dirigencias que los utilizan como cuerpo de choque para sus objetivos. ¿Porqué lo hace él? No se entiende, porque no tiene razones socioeconómicas para hacerlo. Y el porqué le sucede eso a él es precisamente el eje en la búsqueda de la novela. 

Muchas veces describiste a la Argentina como un país adolescente, ¿creés que tener el fútbol y los barrabravas que tenemos está relacionado con eso? 

Absolutamente. Si uno tiene la posibilidad de ver fútbol en otros países desarrollados, hay cierta violencia escondida: gritar, insultar al rival, insultar al jugador propio que juega mal.... Una violencia contenida que funciona casi como terapia de sacarla en el fin de semana en la cancha. Pero hay un límite que casi nunca traspasan y es el de ley o el del punto en que la pasión se convierte en un arma para hacer daño al otro. En general no traspasan ese límite en cambio en Argentina ese límite se traspasa todo el tiempo. Creo que tiene que ver con nuestra tendencia como sociedad a vulnerar la ley y también con algo interno porque si uno revisa nuestra historia hay momentos donde la violencia afloró y hasta ahora no entendimos porqué explotaba. 

¿Creés que pueda haber algún cambio en el corto plazo?

Es complejo. Hay algunas intenciones interesantes de algunos funcionarios de volver una política de Estado el combate al barrabrava. En la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, el secretario de Prevención Deportiva está recolectando las identidades de delincuentes para prohibirles el ingreso a las canchas y para eso tiene que contar con la colaboración de los clubes. Gran Bretaña tuvo a los hooligans durante una década en los ochenta en la que fueron muy violentos y debió establecer nuevas leyes y armar todo un plan de prevención para poder sacarlos de las canchas. Es decir, se puede hacer pero tiene que involucrarse el Estado, sino va a ser imposible. 
¿Cómo combinaste tu tarea de periodista con la de escritor de ficción?

Creo que la ficción en la literatura tiene una libertad mayor que la del periodismo porque en esta profesión siempre debés remitirte a los hechos comprobables. Uno tiene más libertad y puede volar en la literatura hay que avanzar para hacerlo bien. La libertad está pero después hay que escribir historias que al lector le gusten, se sienta identificado y que haya algo detrás de eso. No porque uno sea un buen periodista se puede ser un buen escritor, hay todo un tramo que recorrer y yo lo estoy intentando. Ojalá en el futuro, además de periodista pueda considerarme un escritor en serio.