Le endilgan con testigos wichis  pagados el crimen de una niña

"Me acusaron sin pruebas, me persiguieron y me detuvieron. Me destruyeron la vida a golpes por orden de la fiscal de Embarcación y al ver que no me autoinculpaba me llevaron a Tartagal, me indagaron y dejaron en libertad por unos días", dijo Sixto Damaseno Gómez, quien fue declarado inocente en juicio oral y público celebrado hace unos días en Tartagal.

El criador de ganado aseguró que "esa vez me dejaron en libertad porque fui con una abogada de una fundación. Pero después entre la fiscal Martínez y la Brigada de Investigaciones del departamento San Martín me persiguieron, investigaron a mi esposa, a mis hijos, me hacían vigilancia en los fondos de mi campo hasta que un mes después me llevaron esposados a prisión. Fueron interminables las torturas y los golpes que me dieron.

Estuve semanas defecando sangre, encerrado.

Durante 14 meses mi familia vendió todos los animales con los que se mantenía. Abogados, viajes, idas y venidas, hasta que finalmente llegó el juicio oral".

Gómez, quebrado por el relato, se queda pensativo y dijo: "Allí se comenzó a develar la trama de la Justicia de Salta, de los policías y del "arreglo'".

Todos los testigos que presentaron reconocieron en juicio que jamás les leyeron sus supuestas declaraciones. Desconocieron las mismas y algunos de ellos ni siquiera entienden correctamente nuestra lengua, y menos su escritura.

Así cada uno de ellos (wichis) contradijeron a la fiscal y fueron más allá, aseguraron que fueron comprados por dinero para acusarme. Les pagaron para que firmaran acusaciones armadas en las que me sindicaban como el autor de un crimen lamentable, como lo es el de una niña, pobre en todos los sentidos.

"El juez que autorizó todo esto fue Nelso Aramayo. Catorce meses de mi vida me vi torturado. Mi madre falleció a los pocos meses, cuando le relataron las gravísimas acusaciones que pesaban sobre mí.

No solo era la muerte de una niña sino otros delitos mucho más graves aún.

Cómo iba a hacer yo eso si esa niña era compañera de estudio de mis hijos. Es lastimoso ver que uno confía en las autoridades y estas se ven involucradas en algo tan sucio. Ya no se puede confiar en nada", aseguró.

Si estar preso es terrible mucho más lo es cuando no se cometió crimen alguno.

A mis hijos en la escuela los apartaron por ser hijos de un criminal, a mi esposa la investigaron hasta los últimos días.

Todos me conocen, ya jamás hice nada a nadie. Tengo que cuidar a mis hijos por esta injusticia por el mal trabajo de las autoridades. A mi me dolió en el alma lo que le hicieron a esa criatura del paraje El Familiar.

No somos dueños de mandar un chico del paraje al pueblo porque en el camino lo pueden matar, porque aquí en Morillo (Coronel Juan Sola) pasan cosas que antes no solían pasar y de las que no que hablar.

Fue una cosa mal hecha por las autoridades", reflexionó.

Luego se refirió al hecho en sí y dijo que "a la familia de la chica les pido que se pongan en manos de Dios, él le va a hacer ver quién mató a esa criatura.

Me golpearon, me hicieron lo que quisieron, me trataron de asesino, pero en el día del juicio quedaron avergonzados.

Los ignorantes testigos callaron la boca de gente que tanto estudia, abogados y policías. Así se hizo justicia.

Me dejaron en la calle. Hoy no tengo con qué darle de comer a mis hijos.

Se tuvo que gastar todo. Me da vergenza salir.

Quedé todo mal. En el campo y en el pueblo.

No se puede apuntar a un inocente y hacerlo prisionero para cerrar el caso.

No hallaron cómo incriminarme de la muerte de Claudia Marisol Campos.

En la Alcaidía me hacían revolcar a trompadas y patadas para que confiese lo que nunca había hecho.

Durante 14 meses no solo pensé en mí, también en esa víctima inocente, una niña de escuela que también desde el cielo debe haber sentido pena por mí.

En ella y por ella le pedía a Dios la verdad y esta afloró en el juicio. Mes a mes me hice más fuerte. Me puse en la mano de Dios y él me hizo libre", finalizó Damaseno Gómez.

La madre de la víctima no creyó en la Justicia

El 3 de junio del 2016 y a dos meses del hallazgo del cuerpo de Claudia Marisol Campos (14), un hombre de 45 años fue detenido por una comisión de la Brigada de Investigaciones de Tartagal, enviada por la Justicia penal de aquel distrito.
Esa detención puso fin a más de dos meses de investigaciones para dar con el autor de un brutal femicidio ocurrido en la localidad salteña de Juan Solá, o estación Morillo, pueblo ubicado a 400 kilómetros de la capital, sobre la ruta 81, y terminó de manera total las marchas y las protestas que tanto molestan a ciertas autoridades.
El sujeto, se dijo entonces, acorralado por el testimonio de diversos pobladores, todos wichis, fue detenido en el paraje o puesto El Refugio, donde se hallaba supuestamente escondido.
En el lugar la policía secuestró varias armas de fuego, como así también dos celulares con los que mantenía conversaciones con residentes en el pueblo, quienes finalmente dirigieron a los policías hasta el lugar donde se hallaba el principal sospechoso de la muerte de la joven Claudia Marisol Campos, ultimada de manera cruel en un monte cercano al camino vecinal por donde transitaba la mañana del 18 de marzo.
Desde la localidad del Chaco salteño, la madre de la infortunada estudiante, Evangelina Campos, le dijo a El Tribuno  vía telefónica que se hallaba desconcertada por la noticia, ya que el presunto autor es un hombre vastamente conocido por la familia de la víctima y de absoluta confianza, por su humildad e intachable forma de vida.
Con su bebé en brazos, que no dejó de llorar durante toda la entrevista, dijo entre sollozos que siente algún alivio, pero que aún en esa situación le dolió saber que los medios de comunicación llegaron antes con la noticia que la propia policía.
“No entiendo por qué recién me entero, después de que el supuesto asesino de mi hija ya declaró en Tartagal.
No comprendo este silencio oficial dijo en esa nota que se encuentra en la web.
Yo soy la madre, la que sufre el dolor, la perjudicada, la que nunca va a olvidar y no me avisaron siquiera”, dijo dolida mientras el pequeño bebé no paraba de llorar.
En los últimos días esa madre se enteró otras vez por los medios que en el fondo tenía razón. El crimen de su hija sigue siendo una herida.

 

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