“Aún hoy, hacer los temas del Cuchi no es una cosa fácil”

A los 77 años, Chacho Echenique anda por el mundo con el corazón joven. Carga un saco lleno de proyectos donde rescata las últimas e inéditas zambas del Cuchi Leguizamón, el cancionero popular de las comidas que hiciera con Hamlet Lima Quintana, el próximo disco que reúne su producción personal -y que probablemente llamará “Cantor vallisto”-, recitales, encuentros y, además, la recuperación de una guitarra perdida en los vericuetos del tiempo.

Es alto y de mucha fortaleza física. Mientras habla, las palabras no le alcanzan y comienza a tararear melodías que terminan de redondear su idea. Echenique fue esa singularísima primera voz del Dúo Salteño, uno los proyectos artísticos más altos que alcanzó el canto popular argentino. Justamente el Dúo Salteño fue resultado de su asociación con Patricio Jiménez, ambos convocados por el Cuchi Leguizamón en 1965, para volcar en ellos una cancionística propia que su genio musical estaba pergeñando junto a poetas como Manuel J. Castilla y Miguel A. Pérez. Chacho volverá a las canciones de Leguizamón este jueves a las 21.30, en Casa de la Cultura, en un homenaje por los 100 años del nacimiento del compositor. Junto a Melania Pérez, Sara Mamaní y Mariana Carrizo, harán un recorrido por el cancionero del autor de “La pomeña”. Recién en 1969 saldría el primer disco del dúo, marcando un nuevo estilo en la música popular argentina que en ningún momento dejó de sostenerlo en su norte poético. Criado en San Antonio de los Cobres, Chacho proviene de una familia de deportistas y se destacó como número 5 en San Martín de Tucumán y luego en San Lorenzo y en Lanús. “Yo jugué con Sanfilippo, en el mismo equipo”, cuenta. Fue elegido nada menos que por el mismo Toto Lorenzo y su futuro se encaminaba definitivamente a las canchas cuando la canción se le cruzó en el camino.

“Yo cantaba como cualquier otro chango, con mi guitarra. Y siempre he sido un cantante intuitivo, no como Patricio. Pero con el Cuchi aprendí muchísimo, todos los días”, cuenta. Recuerda que era “muy exigente. Ya veníamos preparándonos por unos dos años y para él todavía le faltaba. Al principio él quería hacer folclore de cámara. Y el nombre que le quería poner al grupo era ‘Dueto Argentino’. Así figuró en el programa la primera vez que actuamos en Santiago del Estero, era un 25 de mayo. En un festival para festejar la salida de Onganía y la vuelta de la democracia. Nosotros no teníamos idea política en ese entonces, solo queríamos cantar. Había que laburar, sobre todo Patricio, que se había casado hacía muy poco y ya tenía su primer hijo. Después, cuando ya teníamos el primer disco, el Cuchi le quiso poner ‘Caschi Lanudo’ al dúo. Por suerte quedó Dúo Salteño no más. Así nos presentamos en La Vizcachera, una peña antigua de Buenos Aires. Ya estábamos viviendo en Capital con Patricio. Y cuando escuchaban los arreglos que teníamos, más de uno creía que desafinábamos. Pero para mí, en ese momento Piazzolla y el Cuchi le estaban dando al país su canto popular moderno. Cada uno con aportes de sus propios paisajes, con su poética. Y actualmente es lo que sigue sonando, identificando a la música popular. Son cosas que van a quedar para siempre porque tienen una historia detrás. Y a un tipo como el Cuchi. Para mí era un ‘tocado’, un talento verdadero, natural. Cuando musicalmente se fue hacia los impresionistas, pudo decir otras cosas desde el folclore. Él nunca me habló del jazz, pero muchos lo ven desde ahí. Pasa que hizo aportes increíbles a la música en general. Hasta en la forma de tocar la guitarra en la música popular. ¡Y en el canto! Tan difícil era cantarlo, más exigido por la segunda voz de Patricio. Mirá, en un disco registramos 70 voces diferentes. Y eso era hace unos 50 años. No era un sonido común para el oído. Pero sin embargo mirá cómo se transmitió     todo eso... Ahí está la magia”. 

 

“Todavía le sigo encontrando cosas a su música: es el misterio”

Preparar las canciones del Cuchi sigue siendo un reto para Echenique.

Hijo de madre iruyense, Echenique siempre estuvo en contacto con la copla y la baguala y con su particular modo tonal de cantarlas.


Seguramente por eso el Cuchi lo haya elegido para formar parte central del Dúo Salteño, ya que, como él mismo decía, en el corazón de toda su producción musical latía la baguala.
“Por ejemplo la ‘Zamba del silbador’ comienza con una baguala, pero después se vuelve una zamba de corte clásico. Esos cambios son complicados. Y si no le damos ese toque y cantamos todo igual, no pasa nada. Lo mismo que con Piazzolla, te pasa que para interpretar al Cuchi la música es muy difícil, dificilísima. Y era severo cantar dos horas esas canciones como hacíamos nosotros”, recuerda.

Según el cantante, no todos le decían “Cuchi” a Leguizamón. “Yo siempre le dije ‘Doctorazo’. Teníamos muchísima confianza pero nunca le dije Cuchi. Solo a los que eran muy amigos suyos les dejaba que le digan ‘Cuchi’. Si no, no te daba bola. Con Manuel Castilla eran muy distintos. El ‘Barba’ era como un duende. A veces desaparecía en medio de un recital. Es que a él le gustaba andar por las cantinas, conociendo a la gente de por ahí. Lo que tenía era un humor grandioso. Vos le decías cualquier cosa y él ya se inventaba algo exquisito para hacerte reír. Se complementaban bien con el Cuchi, que era explosivo y Manuel no, era más reflexivo”, dice Chacho. “El Dúo salió con toda esa historia detrás y por eso tiene el peso de las cosas auténticas. Así quedó en la música nacional. Hoy se enseñan sus canciones en las escuelas. Para mí, el Cuchi es de los pocos autores que no tienen un solo tema que no me guste preparar para cantar. Todavía hoy le descubro cosas nuevas. Y ese es uno de los misterios que están ahí, en su música. Es una lástima que no haya dejado más”, dice.
 

 

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