María Belén Zannier
Durante siglos, los cuentos de hadas fueron considerados como literatura para niños, cuentos hoy bastante cuestionados por el estereotipo de mujer que de ellos se desprende, sobre todo en las adaptaciones realizadas en el siglo XX. Pese a ello, siguen teniendo un encanto difícil de romper tanto para los padres como para los chicos, dadas las características del género.
Es que esta clase de relatos evoca todo tipo de violencia, injusticia y desgracia, pero con la esperanza de liberarse de la pobreza, el maltrato y la injusticia. Sus personajes no tienen medias tintas: son buenos o malos. Además, son relatos cortos, con una trama sencilla que contienen elementos mágicos y sobrenaturales, como manzanas, espejos, capas. Hay personajes característicos, como las madrastras y las princesas; y seres maravillosos, entre brujas, gnomos y ogros que conviven con los humanos. 
Su desarrollo en un tiempo y un espacio indeterminados aumenta aún más el misterio. Y ni hablar de la clásica fórmula de inicio “Había una vez...” o “En un reino muy lejano...”.
Sexo y crueldad
No obstante, pese al magnetismo que generan los cuentos de hadas, sus versiones originales distan mucho de las actuales, estaban dirigidas a adultos y abundaban en la narración de hechos crueles y alusiones sexuales variadas.
El origen de los cuentos de hadas es incierto y tiene su base en la tradición oral europea, especialmente de Alemania, Francia, Dinamarca e Italia. Son cuentos que fueron transmitidos de generación en generación desde épocas inmemorables y están presentes en todas las culturas, como es el caso de “Las mil y una noches”, en el mundo oriental.
Muchas de las acciones crueles que se narran eran comunes en siglos pasados, por las extremas condiciones de vida en aquellos tiempos. Por ejemplo, el abandono de los hijos y el infanticidio eran prácticas comunes en la Edad Media, ante la escasez de alimentos. Ello se evidencia en el clásico cuento de Hansel y Gretel. “Los orígenes de los cuentos de hadas son remotos. Lo que conocemos hoy son los textos recopilados por Charles Perrault y los hermanos Grimm, con una diferencia de más de 100 años. Eran cuentos que se contaban de generación en generación y están presentes en todas las culturas. Tienen similitudes en cuanto a temas y estructura narrativa”, destacó a El Tribuno la profesora en Letras Sonia Hidalgo, quien se especializó en Literatura para Niños y Jóvenes en España y es docente en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta.

Un hito histórico
Una vez que los cuentos adoptan la palabra escrita, el panorama empieza a cambiar. En el siglo XVI el italiano Giambattista Basile publicó “Pentamerone”, una recopilación de cuentos de toda Italia. En él aparece Lila, la precursora de Blancanieves, que con solo 7 años se clava un peine mágico y queda inconsciente. Estudiosos alemanes sugieren también que el cuento de Blancanieves se basa en la historia de María Sophia Von Erthal, una princesa alemana del siglo XVIII que sufrió los desprecios de su madrastra, era ciega y muy bondadosa. Por otra parte, Basile también escribió La Bella Durmiente, donde el príncipe, que no logra despertar a la princesa, abusa sexualmente de ella para luego regresar a casa con su esposa. En tanto, la princesa da a luz a gemelos.
Charles Perrault
El 1697 es clave para la popularización de los cuentos de hadas, ya que en ese año se publicó “Historias del Pasado”, del francés Charles Perrault, un funcionario que trabajó en la Corte de su país. El autor recopiló historias orales del folclore popular y reescribió versiones mucho más atenuadas y finas, ya que estaban destinadas a la lectura de las clases altas. La colección incluye los famosos cuentos de Caperucita Roja, Cenicienta, Pulgarcito, Barbazul o El Gato con Botas.
Un ejemplo de esta atenuación es su versión de Caperucita, ya que en el relato original es devorada por el lobo, mientras que el francés introduce la figura del leñador, quien finalmente salva a la niña. “Este autor le agrega a cada cuento una o dos moralejas, en las que se evidencia, además, un tono más irónico que moralizador sobre las costumbres de la época. Además, en ese entonces la infancia era muy breve, desde muy chico se empezada a trabajar y era una etapa de la que nadie se preocupaba”, señaló Sonia Hidalgo.
Los hermanos Grimm
Años más tarde, irrumpen en escena dos filólogos y folcloristas alemanes, Jacob y Wilhelm Grimm. Entre 1812 y 1822, publicaron “Cuentos infantiles y del hogar”, una colección que recopila más de 200 cuentos, entre los que figuran Blancanieves, Cenicienta, Pulgarcito, La Hija del Molinero, El Rey-Sapo, Rapunzel, El Sastrecillo Valiente, Caperucita Roja, Barba Azul y Hansel y Gretel.
A diferencia de Perrault, sus cuentos mantuvieron el carácter original de los relatos, preservando su crudeza y el contenido sexual de las narraciones. Esta transcripción tenía como finalidad preservar la tradición popular oral alemana en su más pura esencia. 
Con el tiempo, se descubrió que todas estas historias les encantaban a los niños y se hicieron múltiples versiones. No obstante, las que más se popularizaron fueron las de Perrault, más acorde al público infantil, y, en menor medida, la obra de los hermanos Grimm.
No obstante, ambas fueron traducidas a cientos de idiomas y la primera edición del libro de los Grimm, que se encuentra en Alemania, fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad.
Hans Christian Andersen 
Un nombre que no puede faltar al momento de hablar del danés Hans Christian Ander sen (1805-1875). 
A diferencia de los Grimm y Perrault, este escritor no se limitó a transcribir o reformular historias, sino que creó sus propios cuentos maravillosos. Entre los más conocidos sobresalen El Patito Feo, Pulgarcita, La Niña de los Fósforos, La Sirenita y La Reina de las Nieves. Sus personajes desvalidos se resignan a su destino hasta que un héroe, hada madrina u otro ser fabuloso acude en su ayuda y premia su virtud.
“Es el maestro moderno del cuento de hadas. El sí escribe pensando en un público infantil como destinatario. Desde la ficción, los cuentos les muestran a los niños cómo es el mundo. En La Sirenita, la protagonista deja todo por amor y el príncipe se termina casando con otra mujer. El final es para pensar, ya que la protagonista pierde su identidad al dejar de ser sirena y la vida misma, puesto que muere”, finalizó Hidalgo.
Cenicienta, en dos versiones
Pocas historias trascendieron tanto como la de Cenicienta. Se popularizaron gracias a los hermanos Grimm y Charles Perrault, pero ambas versiones tienen notables diferencias entre sí. 
En el cuento de los alemanes, las hermanastras se cortan el dedo gordo del pie y el talón para calzarse la zapatilla, mientras que el francés elimina este pasaje e introduce el zapato de cristal. Su Cenicienta es muy bondadosa y elige dormir entre las cenizas, mientras que la de Grimm es obligada a hacerlo. 
Las hermanastras son perversas y malvadas como su madre en la versión de los alemanes; en cambio, en Perrault solo son poco amables y Cenicienta se preocupa por ellas en el final. 
En la recopilación de los Grimm, son atacadas por una bandada de pájaros al asistir a la boda y acaban mendigando por las calles. 
En el cuento de Perrault aparece el hada madrina, quien mueve a la joven a la acción. En cambio, en los Grimm, ésta se acerca a un árbol, que personifica a su madre muerta, y le pide ayuda para poder asistir al baile. 

Relatos para entender el mundo
Leer cuentos de hadas no solo sirve para que los chicos se acerquen a la literatura y desarrollen hábitos de lectura ya desde pequeños. Son también una ventana para descubrir cómo eran las costumbres de otras culturas y épocas y poder compararlas con las propias, desarrollando así mayores conocimientos y una mentalidad crítica en los más pequeños, al tiempo de fomentar el diálogo entre padres e hijos.
“Leer cuentos de hadas permite aprender de otras culturas y tiempos. Sirve para discutir con los chicos sobre muchos temas, ya que plasman las injusticias de ciertas épocas”, señaló la profesora Hidalgo.
“Ejemplo de esto es la Cenicienta, en donde se describe la vida de una mujer pobre, encargada de las tareas domésticas, algo común en ese entonces. La única forma de salir de ese ámbito era a través del casamiento y la belleza física jugaba un papel esencial”, afirmó. 
Las princesas Disney
La especialista aclaró también que los cuentos de hadas no proponen ningún ideal a seguir. La historia cambia cuando se trata de las versiones modernas, como las de Disney. “El prototipo de princesa de las versiones originales de los cuentos de hadas no son los mismos que las princesas de Disney, que están muy idealizadas. Es éste el estereotipo de mujer que se cuestiona hoy con las antiprincesas y no los cuentos de hadas en sí”, aclaró.
Finalmente, destacó que la lectura de estos relatos les ayuda a los chicos a liberar angustias propias de la edad. “Estos cuentos son muy simbólicos y le ayudan al niño a entender el mundo. Un chico no sabe qué es la maldad hasta que la ve personificada”. 
 

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