Claudia Barrionuevo, la salteña que fue miss Argentina y volvió del infierno

Claudia Barrionuevo (26) es la primera Miss Argentina (2015) salteña. Fue testigo presencial de un furcio histórico durante la 64ª edición del certamen Miss Universo, que se realizó el 20 de diciembre de 2015 en The AXIS, complejo Planet Hollywood Resort & Casino, en Las Vegas (Estados Unidos). 
Allí 80 candidatas de diversos países y territorios autónomos competían por el título y al concluir el evento la colombiana Paulina Vega, Miss Universo 2014, coronó a su compatriota Ariadna Gutiérrez Arévalo como su sucesora. La escena iba a adquirir ribetes cinematográficos cuando Steve Harvey, conductor del certamen, las interrumpiera y anunciara que había dado erróneamente como ganadora a la concursante de Colombia. El momento cuando le sacaron a Ariadna la corona y la banda para traspasársela a Pía Alonzo Wurtzbach, de Filipinas, la verdadera soberana, fue visto por espectadores de 190 países.
Meses después la única salteña en la historia que compitió por ser la mujer más bella de la galaxia pasaría por una amnesia disociativa, que le ocasionaría que todos sus recuerdos, incluido este, se fueran por un resumidero. 
El 16 de noviembre de 2016 Claudia cuenta que “entrenaba en exceso. Me bajó la presión de golpe. Me desmayé y me golpeé contra un zócalo del baño. Al despertar no me acordaba de nada. No reconocía a nadie”. Su voz templada adquiere notas trémulas al narrar para El Tribuno una experiencia que ha dado materia abundante a la ficción, por ejemplo en la comedia romántica “Como si fuera la primera vez” (2004) con Adam Sandler y Drew Barrymore, cuyo personaje sufre amnesia anterógrada; o en el drama romántico “Votos de amor” (2012) con Rachel McAdams -que pierde la memoria a raíz de un accidente automovilístico- y Channing Tatum. 
“Fue terrible porque tuve una pérdida de todo. Quedé desmemoriada completamente. Es subreal lo que me pasó y no se lo deseo ni a mi peor enemigo”, detalla hoy Claudia, recuperada totalmente. 

“Al no saber quién sos, tampoco sabés qué propósito tenés en esta vida... ni para más tarde, mucho menos para mañana ni para ningún día. Es igual a que te saquen de donde estás, te lleven a cualquier casa, te metan allí y te digan: ‘Tu nombre es este y esta es tu familia’, pero vos no sabés quién sos. No podés ni empezar a recordar porque ni siquiera sabés cuál es tu nombre. Hoy no tengo explicación para decir ni cómo pasó, ni por qué me pasó”, detalla. Añade que pasó casi un año en su casa de El Carril, rodeada de su núcleo familiar primario: su mamá Mercedes Muñoz (57), sus hermanos Carlos (31) y Cynthia (29) y su novio Guillermo Durand Cornejo (35).
“Obviamente no veía a nadie. Si salía a comprar el pan era con mi mamá, o mi hermano me sacaba a dar una vuelta para charlar conmigo. Solo tengo agradecimiento para con mi familia, porque estuvieron cuando yo no era la más tierna del mundo para recordar, era incluso odiosa, pero sobre todo por no saber ni quién era la persona que me hablaba, ni quién era yo. No me hacía bien que alguien se acercara para decirme: ‘¿Te acordás de cuando salimos a comer aquel chocolate?’. Y querés decirle que no te hagan más eso porque te sentís peor, aunque sabés que te quiere ayudar, pero no lo podés procesar”. 
Clínicamente, la amnesia disociativa se caracteriza por la pérdida de la capacidad para recuperar los recuerdos almacenados sin que exista un aparente daño neurológico. Se produce en quien la padece una pérdida de la identidad personal, conocimientos semánticos y capacidades procedimentales, al menos durante las primeras fases del cuadro.

Tapa de la revista Gente 
Así como en los guiones de las películas -e incluso los peores culebrones mexicanos buscan esta vía de resolución- los terapeutas recomiendan que se estimulen los recuerdos bajo el relato de anécdotas acompañados de registros audiovisuales de los hechos. 
“Me decían que era modelo y me mostraban fotos y videos. Yo veía a las candidatas de la gala de Miss Universo y decía: ‘¿Pero cuál de estas soy?’. Fue todo un proceso reconocerme yo, sentirme yo y poder avanzar”, prosigue Claudia. 
Ella sentía que había entrado en un círculo de fuego, donde nadie que no fuera ella misma podía acompañarla. 
“Había dejado de dormir. Para el médico era un problema, pero para mí no porque no sabía si lo que me venía a la cabeza eran recuerdos o sueños. Él me decía que yo tenía que descansar y yo le respondía: ‘¿Para qué voy a descansar, si yo tengo que recordar?’. Me esforzaba un montón en pensar, en averiguar y parece que inconscientemente fue bueno porque me funcionó, regresé”, afirma. 
Así como ocurrió con su madre, hermanos y sobrinos, la anemia disociativa le había borrado de manera expeditiva y tajante de la mente a su novio. 
“Al principio no lo recordaba. Me visitaba como un amigo y lo trataba como a cualquiera, aunque veía fotos y sabía que era verdad lo que él me decía. Inconscientemente tenía por él una cuestión de afecto y cuando recordé surgió de nuevo el sentimiento. Pero al principio a él le molestaba que le dijera: ‘Yo no me acuerdo de vos’”, se sincera Claudia. 
Como bien lo dijo Mario Benedetti en ¿Cosecha de la nada?, “en el olvido encallan buenas y malas sombras” y a Claudia le resulta inexplicable que el primer recuerdo que afloró en su cabeza haya sido el de una compañerita de la escuela primaria. 
“Supe que había empezado a recordar, porque me vi hablando de ella. Salí adelante en menos de un año, bastante bien y rápido. Empecé a ocuparme de mi vida y de mis cosas para poder salir adelante. Siempre pienso que si uno se ocupa todo mejora”, dice. 

 

Claudia, como chica de tapa. Foto gentileza de Christian Beliera para la revista Gente. 

Hacia la India

Una vez que el repertorio de sus recuerdos fue devuelto a las páginas del libro de su vida, Claudia quiso volver a Buenos Aires, donde había anclado su carrera tras el Miss Universo 2015. “Mi mamá no quería porque sentía miedo por mí, pero yo decidí volver a trabajar de lo que trabajaba en Buenos Aires, aunque no sabía si me iba a volver a salir bien. Al principio pensé en qué iba a hacer si no me volvía a sentir cómoda como modelo. Sobre todo me planteaba que si no me gustaba qué iba a hacer para vivir. Hicimos las fotos y me terminé divirtiendo. Las personas involucradas en la sesión ya me conocían y me guiaban del modo como solíamos trabajar. Aunque no tenía una noción completa de mi trabajo, decidí irme a la India”, continúa Claudia.
Si como vio el poeta Pedro Salina “hoy son las manos la memoria (...) y en las manos queda el recuerdo de lo que han tenido”, en las de Claudia habrá quedado el arrojo de cuando fue a concursar a un certamen de belleza en China. O cuando con apenas 20 años migró a Costa Rica, donde vivió tres años y medio. 
“Quería irme lejos y estar tranquila conmigo y trabajar. Allá (por India) solo tuve tiempo de pensar en el trabajo y no en otras cosas”, sintetiza. 
En Bombay estuvo desde octubre pasado hasta febrero de este año. 
“Eran jornadas interminables, de doce horas, de lunes a lunes. Fotos para e-commerce. Un cambio de ropa tras otro. Hacía horas extras, que me pagaban doble. Fue muy intenso y sacrificado. Pero valió la pena desde lo económico y terminó siendo una gran experiencia”, define. 
En la India pudo constatar una verdad: la de no poder abarcar el mundo con sus brazos, algo que echó luz sobre una vocación solidaria que anida en su corazón y a la que en un futuro prevé dar alas. 
“Desde que puse un pie en la India me recibió una ola sofocante de calor. Sé que suena horrible, pero el primer tiempo lo pasaba muy mal. Salía de comprar del supermercado y los chiquitos se me agarraban de las piernas para pedirme comida. Les daba a los dos o tres que se me habían acercado lo que yo tenía: botellas de agua o frutas, y salían como de un enjambre muchísimos más”, relata. Añade que también supo acostumbrarse a la culinaria regada de sabores picantes y carente de res vacuna en lo absoluto. 
“Yo que soy una amante de la carne, me la pasé en abstinencia, a base de pollo, y con mis compañeras de departamento (de varios países del mundo) nos cocinábamos comida sana”, detalla puesta a rememorar sus cambios de rutina en el vasto país asiático. 
“Allá realmente se perciben los contrastes: hay gente muy pero muy pobre, o muy pero muy rica. También las jornadas laborales son extenuantes. Tenía que decirle a mi agente que me separara un día de descanso, porque no había domingo ni feriado”, advierte.
Entre las inmejorables oportunidades laborales que le tocaron, salió en la tapa de Vogue Nueva York. 
“Me sorprendió la industria de la moda allá. Estando en una agencia de la India tuve que viajar a Nueva York para hacer una tapa para Vogue. Los fashion show y los desfiles son increíbles”, desliza y la maravilla del recuerdo hace mella en su voz, que de pronto vuelve a sonar fresca y entusiasmada. 

Un viaje hacia adentro

Claudia y sus colegas sudamericanas sufrían la interferencia idiomática. Al hindi -el cuarto idioma más hablado en el mundo en relación con la cantidad de población nativa- se suman otras 22 lenguas oficiales. “Al principio desconfiábamos hasta del portero, pero simplemente porque no entendíamos nada de lo que nos decía. Luego nos dimos con que es una población con bajos índices de delincuencia. Allá nadie te agrede porque creen mucho en el karma”, acota. En sus escasos ratos libres en la India aprovechó la experiencia de una modelo polaca para integrar un grupo que hacía salidas turísticas relacionadas con sitios espirituales. “No soy una experta, pero los beneficios de la meditación son muchos. Allá todos lo hacen, cultivan su espiritualidad y esto te equilibra emocionalmente”, señala. Y quizá este tramo en la vida de Claudia se haya tratado de eso: de que “el descenso al infierno” haya sido el catalizador para un viaje hacia su interior.
 
 

 

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