El 19 de octubre de 2018, en el marco de la entrega de los Premios Princesa de Asturias en Oviedo (España), recibieron el máximo galardón en la categoría deporte dos alpinistas extremos, el italiano Reinhold Messner y el polaco Krzystof Wielicki, figuras eximias en la historia del montañismo universal. Además de escalador, Messner es autor de medio centenar de libros y director de una importante red museística en el norte de Italia. El pasado 17 de septiembre festejó su cumpleaños número 75 y sigue en plena actividad. Como antropóloga-montañista con raíces italianas, valoro la oportunidad que este reciente galardón ofrece, para ahondar en la vida de un hombre muy admirado, pero tal vez no suficientemente conocido en nuestro medio. Un escritor y alpinista con quien he mantenido interesantes encuentros y cuya obra he tenido el gusto de estudiar.

El récord de un montañista

Nacido en una aldea rural del noreste de Italia en 1944, a la edad de cinco años Reinhold Messner realizó su primera ascensión coronando una abrupta cima de más de 3.000 metros en compañía de su familia. El dominio alcanzado en la escalada en roca le permitió abrir nuevas rutas a lo largo y a lo ancho de las Dolomitas durante su adolescencia. En su juventud, mientras estudiaba en la Universidad de Padua, efectuó primeras ascensiones en los Alpes y participó en sucesivas expediciones internacionales a Sudamérica y Asia. La tragedia lo acechó desde temprano, con la muerte de su hermano Gunther en el monte Nanga Parbat, durante una escalada en la que Reinhold perdió también la mayor parte de los dedos de los pies, como consecuencia del congelamiento.

Messner es mundialmente reconocido como el primer alpinista en escalar el monte Everest sin oxígeno (en 1978) y el primero en ascender a la cima de los catorce picos de más de 8.000 metros existentes en los Himalayas. Ha realizado más de cien primeros ascensos -muchos de ellos en solitario- y escalado más de tres mil seiscientas cumbres en todos los continentes. Sus hazañas han sido reconocidas por los montañistas más prominentes de Europa, Asia y las Américas, quienes elogian la cualidad visionaria de sus expediciones y los principios de sustentabilidad aplicados, respetando el carácter prístino del paisaje de montaña y ampliando los horizontes de la capacidad humana, en ascensiones efectuadas sin oxígeno suplementario y sin uso de drogas.

Realizó también diversas exploraciones polares y en 1991 completó por primera vez el cruce a pie de la Antártida sin apoyo exterior. En las últimas décadas ha atravesado extensos desiertos en distintas latitudes -incluyendo el desierto de Gobi en Mongolia- y se ha dedicado a documentar fílmicamente la cultura de los pueblos de montaña. Como escritor ha producido cerca de medio centenar de libros, que abordan la historia del alpinismo y su filosofía, habiéndose interesado también por el estudio y difusión de mitos y leyendas tradicionales sobre las montañas sagradas de Asia y África. Desempeñándose como Parlamentario de la Unión Europea, ha elaborado un decálogo para la protección de los paisajes de altura en ese continente.

Los Museos Messner de Montaña

Es fundador y director de la red de Museos Messner de Montaña (MMM), cuyos seis establecimientos abordan respectivamente la escalada en roca, las culturas de los pueblos de altura, la mitología, el montañismo, el alpinismo tradicional de aventuras y las exploraciones en el hielo. Dichos museos, a los que ha dedicado gran parte de sus esfuerzos y recursos, contribuyen activamente a la difusión de la historia del montañismo, la construcción de la identidad regional sud-tirolesa, el turismo sustentable y la educación para la valoración y preservación del patrimonio cultural y natural de la montaña.

En 2006 fui invitada a disertar junto con Messner en un panel de cuatro expertos, que tuvo lugar en el Club de Exploradores de Nueva York. Entre desayunos y almuerzos protocolares organizados en el marco del prestigiado New Yorker Festival, Reinhold me contó acerca de las dificultades que había encontrado al intentar remodelar las ruinas de un castillo cercano a la ciudad de Bolzano, para convertirlo en sede de su segundo museo dedicado a las montañas. En aquella visita a la gran manzana, el alpinista iba acompañado de una de sus hijas, Magdalena Messner, quien estaba a punto de concluir sus estudios secundarios.

Siete años después viajé a Bolzano para recorrer los museos de montaña (cinco inaugurados hasta aquel momento). Volví a sentarme a conversar con Reinhold, esta vez en el restaurant del castillo Firmiano, restaurado magníficamente y convertido en museo de la montaña. En 2014 acompañé a Messner en caminatas alpinas organizadas desde el Museo del Hielo en la localidad de Solda. También asistí a dos conferencias que dictó en auditorios colmados con medio millar de personas.

En 2015 participé de la inauguración del sexto MMM en la cima del Plan de Corones, dedicado a la historia del alpinismo tradicional, donde me encontré nuevamente con Magalena, graduada en Bienes Culturales y actual coordinadora de la red de museos fundada y dirigida por su padre.

Tras escalar docenas de cumbres en las Dolomitas volqué mis observaciones antropológicas en diversos artículos científicos.

Uno de estos fue dedicado íntegramente al papel que estos museos cumplen en el fortalecimiento de la identidad, la cultura y el turismo en la provincia italiana de Sud Tirol. Prologado por un profesor de la Universidad de Miami Dade, mi artículo fue publicado en febrero de 2016 en el Journal de Educación para la Sustentabilidad, en Estados Unidos.

 Trayectoria brillante

Reinhold Messner es Miembro Honorario del Explorer’s Club de Nueva York y Medalla de Oro de la Royal Geographical Society de Londres. Ha recibido numerosos premios internacionales, incluyendo el Piolet de Oro (2010), Tourfilm Life Achievement (2012), Paul Press Award (2013), Naturelife Environment Award, entre otros muchos reconocimientos que incluyen una distinción de la Sociedad Geográfica Española (2005) y la orden de Caballero, otorgada por el Gobierno de Italia. El Premio Princesa de Asturias, que Messner comparte con Wielicki, me conmueve de manera especial y por razones muy particulares.
Pocos días después de disertar con Messner en Nueva York viajé a Oviedo para ser galardonada con el Premio Príncipe de Asturias en la Categoría Comunicación y Humanidades, entregado a la National Geographic Society. La ceremonia y el protocolo se cumplieron al pie de la letra: las entrevistas el lobby del histórico hotel Reconquista, la Audiencia Real para recibir el galardón de manos de su majestad don Felipe, la alfombra roja y los flashes de los fotógrafos, la ceremonia académica en el Teatro Campoamor, los banquetes y agasajos que ofrecen los reyes a los premiados y la perenne melodía de las gaitas como telón de fondo. En mi libro sobre el Camino de Santiago y las Montañas Sagradas de Galicia (publicado en Salta por la editorial Mundo) hice referencia a estas experiencias, que tienden a quedar grabadas indeleblemente en el alma.
Se ha dicho que en 2018, por primera vez, son alpinistas quienes reciben el famoso premio de Asturias en la categoría dedicada al deporte. La lógica me lleva a pensar entonces que debemos ser muy pocos los montañistas reconocidos con estas distinciones, en perspectiva histórica. La noticia no deja de sorprenderme, al tomar consciencia de que tuve oportunidad de recibir este notable galardón (que algunos consideran segundo en importancia después del Nobel) varios años antes de que fuera entregado a personas de la talla de Reinhold Messner y Kryzstof Wielicki. En aquella soleada tarde de octubre de 2006, era la primera mujer argentina que llevaba la bandera celeste y blanca al seno de esta importantísima ceremonia mundial.
Conociendo personalmente la trascendencia de estos premios, desde las páginas de un medio periodístico de nuestro país, celebro con todo el corazón la distinción Princesa de Asturias recibida por Reinhold Messner y Krystof Wielicki. Queda pendiente aprender más acerca de la vida del ilustre alpinista polaco y quizás llegar algún día a felicitarlo personalmente por sus ascensiones invernales en los Himalayas. En el caso de Messner, me alegra que se hayan reconocido su trayectoria de más de sesenta años en la práctica del montañismo y sus inigualables y pioneras contribuciones, que llevaron a ampliar los horizontes de lo que se considera posible para un ser humano. Celebro, además, que se haya tenido en cuenta su prolífica labor como escritor sobre temas de importancia histórica y filosófica; así como su compromiso con la preservación de los paisajes y las culturas de los pueblos de montaña.
 

 

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