Papa Francisco
En la mesa con Francisco: un libro revela las debilidades gastronómicas del Papa
Prefiere el maté al té o al café, sabe preparar risottos y se considera un buen asador. Aunque le gusta comer “sano y sencillo”, el vino no falta en su dieta.

¿Qué come el Papa? ¿Cuáles son sus debilidades culinarias? ¿Sabe cocinar? ¿Qué platos son su especialidad? Un nuevo libro, “En la mesa con Francisco”, se ocupa de hacer una radiografía alimentaria del jefe de la iglesia católica.

Según su autor, Roberto Alborghetti, al Papa Francisco le gusta comer “sano y sencillo”, con austeridad, aunque con una infaltable copa de vino. Prefiere el mate antes que el té o el café y se considera un buen asador.

El libro incluye 36 recetas de comidas que lo acompañaron en su vida: sopas, risottos y calamares rellenos, entre otros. También rastrea en los orígenes modestos del Papa, en el marco de una familia italo-argentina, donde eran habituales las largas mesas de domingo y donde jamás se desperdiciaba nada. “De niño, en casa, cuando se nos caía el pan, nos enseñaban a levantarlo y besarlo: Nunca se tiraba el pan”, cuenta Bergoglio en el libro.

La comida atraviesa la familia del Papa. Sus antepasados fueron dueños del café restaurante “Nocciola” (avellana) en Montechiaro, Italia, donde los panaderos locales aún elaboran un exquisito bizcocho de avellanas con una masa sin harina.

Fueron sus abuelos piamonteses, Giovanni y Rosa, los que le transmitieron el “saber gastronómico” al hablarle del “pan casero”, de los bizcochos de avellanas, de los agnolotti, de los tagliolini, de la polenta, las castañas secas, las manzanas o los quesos. También los que le enseñaron a preparar la bagna cauda, un cocido emblemático de esa zona de Italia.

Según el libro, el Papa sigue aplicando hoy las máximas anti-desperdicio de comida que aprendió en sus infancia. En una de las visitas a la cocina de la Casa de Santa Marta, donde vive y come, pidió que por favor no tiraran el agua de la cocción de la achicoria. “Me la tomo con gusto. Es buena y hace bien”.

Pero las comidas del papa Francisco van más allá de la degustación exquisita y placentera y a menudo se invita a sí mismo a almorzar en el comedor de los empleados del Vaticano, porque para él ese momento es compartir, según desvela Roberto Alborghetti.

El autor destaca los repetidos llamamientos del papa contra el desperdicio de alimentos porque “con la comida no se bromea”.

“Como las galletas de la abuela” fue el título de una homilía que pronunció Francisco en una misa, en la que reveló que cuando era niño su abuela le hacía galletas “con una masa muy liviana”, que ponía en aceite para calentarla “y se inflaba, y se inflaba y cuando la comíamos estaba hueca”.

Según le explicó su abuela, “son como las mentiras: Parecen grandes, pero no tienen nada dentro, no hay nada verdadero allí”.

Según Alborghetti, sus abuelos le enseñaron a preparar la “bagna cauda” -plato emblemático del Piamonte- y el delicioso “bunet”, dulce típico que debe degustarse con un “dolcetto”, el vino de las uvas cultivadas en terrazas.

El biógrafo recoge cómo la hermana de Jorge Bergoglio, María Elena, explica que su familia era pobre y su madre se inventaba platos con las sobras, como los espaguetis con albóndigas.

De ahí, que el Papa insista en que la comida no se desperdicia. La hermana de Francisco también revela que el pontífice “cocina muy bien, le salen riquísimos los calamares rellenos y le encanta el risotto” (el libro incluye las recetas completas de los platos que menciona en el texto, con fotografías incluidas).

Como buen argentino, dicen que Francisco sabe hacer el asado como nadie, que aprendió de su abuela a elegir el corte adecuado de la carne, y que lo marina muy bien con hierbas aromáticas y los demás ingredientes del chimichurri.

El libro desgrana, a través de testimonios, algunos de los platos que más le gustan al Papa, como las sopas o el lechón relleno, que él también cocinaba, y que una vez se enojó con un zapatero que lo invitó a comer porque había gastado mucho dinero para ofrecerle salmón.