La profesión y su capacidad la llevaron a varios puntos del país

Hermosinda recordó que "los cuidados para el personal de la Standard eran estrictos porque -cuestión de sentido común- a la empresa no le convenía tener obreros enfermos y la prevención siempre resultó más efectiva y económica en términos materiales. Por ese motivo, ya en aquel entonces no se les permitía consumir agua sin hervir, o leche que no fuera pasteurizada y hasta se tomaba en cuenta que la totalidad de las habitaciones de la Escuela de Nurses y del hospital contaran con telas metálicas, para evitar el ingreso del vector transmisor de la fiebre amarilla, el mosquito Aedes aegipty.

Una disciplina militar

"Teníamos una disciplina religiosa, casi militar y no debíamos relacionarnos sentimentalmente con ningún compañero de trabajo, por lo que preferentemente debíamos ser solteras" recordaba Hermosinda; y es que los directivos de la Standard tenían bien claro que la entrega plena al trabajo era sinónimo y garantía de eficiencia y productividad. Dos fueron las directoras de la escuela de nurses del norte de Salta, la única creada por los americanos en nuestro país. La primera, una joven inglesa llamada Cecilia Benet, que con los años dejó ese cargo a Celestina Ponte de Balcarce.

Cuando se recibió de enfermera, Hermosinda fue nuevamente becada, esta vez a EEUU, donde realizó una pasantía en el Hospital de Oregón, junto a otras tres compañeras de su promoción.

Al regresar al Campamento Central, que funcionaba donde hoy se encuentra el Regimiento 28 de Infantería, en Tartagal, Hermosinda se hizo cargo de la Escuela de Enfermería, puesto que ocupó hasta 1959, cuando la compañía se fue del norte.

Hacia el sur del país

En 1959 ESSO trasladó a Hermosinda hacia Plaza Huincul, Neuquén. Allí la capacitación para el personal seguía siendo política de la compañía, por lo que los principales promotores de salud eran el personal de la ESSO. En esa capacitación estaba el trabajo diario de Hermosinda Egez.

En Plaza Huincul permaneció tres años hasta ser trasladada a Buenos Aires, ciudad en la que trabajó cuarenta y un años ininterrumpidos en las oficinas centrales de la compañía. Su experiencia en el trabajo de campo y en la medicina del trabajo era tan vasta que, al jubilarse, los médicos le entregaron un presente que para Hermosinda tenía un gran valor: una placa que reza "A la maestra de enfermeras y médicos. Gracias por enseñarnos a querer, respetar y jerarquizar a la medicina del trabajo".

Hermosinda obtuvo en Buenos Aires la Licenciatura en Enfermería y representó en Ginebra a la Argentina como presidente de la entidad que nuclea a las enfermeras de nuestro país. En 1992, junto a un equipo de salud conformado por médicos y enfermeros de varios hospitales de Buenos Aires, regresó al norte argentino, cuando se produjo la epidemia de cólera en el Chaco salteño y se instalaron por un tiempo en Santa Victoria Este.

Una carrera brillante

Fue miembro del Comité de Bioética del Colegio de Médicos, asesora de la Escuela de Enfermería de la provincia y trabajó en la Universidad Católica de Salta en la organización de cursos sobre Bioética.

Nombres de grandes médicos como Ramón Carrillo, con quien Hermosinda tuvo el privilegio de colaborar; el doctor Carlos Lugones, en cuya memoria se bautizó con su nombre a un barrio de Tartagal; Vicente Arroyabe, un sanitarista e investigador vastamente conocido en todo el país y por supuesto, el médico Francisco Luis Vasalo, creador luego de ejercer varios años en Bolivia de la Unidad de Salud del norte de la ESSO, son sólo algunos de los prestigiosos profesionales con los que trabajó.

 

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