Fiestas Juninas, Inti Raymi y Yule. Las fogatas de junio se prenden y en torno de su lumbre las comunidades estrechan lazos. En Salta es una tendencia en alza la celebración de ritos de culturas diversas, adaptados a las costumbres y disponibilidad de recursos locales.

Las Fiestas Juninas son el evento comunitario más importante en Brasil, después del carnaval, y se efectúan en homenaje a tres santos: Antonio (13), Juan (24) y Pedro (29). Allá en los centros vecinales y clubes, las escuelas e incluso en las calles entre el 12 y el 29 de junio se disponen las quermeses de comidas típicas y las ferias de juegos. Su origen es pagano y deriva de celebraciones que se hacían en Europa antes de la Edad Media, con las que pobladores rurales anunciaban el solsticio de verano para homenajear a los dioses de la naturaleza y la fertilidad. La Iglesia, al constatar que su adoctrinamiento no conseguía menguar su popularidad, termino adhiriéndose a ellas y atribuyéndoles un carácter religioso. En Brasil las Fiestas Juninas fueron introducidas por los portugueses en el periodo colonial, aunque la conmemoración se transformó al recibir influencias africanas e indígenas y también asumió características peculiares en cada región del país.

Aquí en Salta llegaron con la apertura del Traductorado de Portugués de Lenguas Vivas en 1998 y sufrieron un revival en 2012 con la implementación de la enseñanza gratuita del portugués en los Institutos de Idiomas de Salta. La coordinadora del área de Portugués de esta institución, Julieta Hernández, explicó que la celebración de las Fiestas Juninas se enmarca en los contenidos de enseñanza propuestos para todos los trayectos. “El objetivo es que nuestros alumnos se reconozcan en el otro, se comparen y se reflejen en una cultura distinta, pero que a su vez tiene puntos de encuentros con la nuestra”, señaló. Añadió que el trabajo mancomunado entre profesores y alumnos, incluso de otros idiomas, propicia la interconexión, más allá del aprendizaje en el aula. “La mirada está puesta en que nuestra supervivencia depende de las interacciones sociales y del tipo de vínculos que establecemos con los demás”, definió.

El viernes pasado en coincidencia con la Noche de San Juan se realizó la fiesta en la escuela Mariquita Sánchez de Thompson, sede del instituto 7219. Allí se teatralizó el casamiento campesino, un rasgo de humor infaltable en la celebración, en el que un joven en estado de ebriedad es obligado a casarse con una novia, pero se presenta otra mujer, embarazada de él, y el sacerdote interviniente decide enlazarlo con esta última. También se bailó la cuadrilla, una danza marcada por un locutor, que guía a las parejas en el proceso, sin privarse de hacerles algunas bromas.

La profesora del 7219 Paula Paterlini le contó a El Tribuno que los festejos se realizan año tras año, “para acercar de forma vivencial a los alumnos a la cultura brasileña. Ellos se sorprenden de ver que Brasil no es solo samba, carnaval, caipirinha y feijoada, y sin dudas lo que más les gusta de esta fiesta es disfrazarse y bailar”. Además, dispusieron una muestra con las “simpatías” juninas. Expresión de supersticiones campesinas, estos ritos fueron recogidos por el periodista, abogado e historiador Luís da Câmara Cascudo en Diccionario de Folclore Brasileño, de donde las tomaron los alumnos del 7219. La relación entre los devotos y los santos “juninos” es casi familiar. Usualmente a san Antonio se le hacen pedidos amorosos, a san Juan adivinatorios sobre asuntos amorosos, también para la salud y la felicidad. Mientras que al primer papa de la Iglesia católica se le solicitan la casa propia y la protección de la familia.

Para la exposición los alumnos habían adaptado, por ejemplo, aquel rito que dictamina que se deben escribir los nombres de cuatro pretendientes en las cuatro puntas de una sábana y luego hacerles nudos. A la mañana siguiente aquel que esté desarmado indicará quién es la persona con la que se va a casar el “promesante”. Pero en la muestra del 7219, en virtud de la idea de la alumna Mirtha Ríos, lo que se adivinaba era el ganador de la Copa del Mundo, entre Argentina, Brasil, Francia e Inglaterra, en coincidencia con las realizaciones de las lenguas que se enseñan en el Instituto de Idiomas de Salta. Por obra exclusiva del azar -o de la magia de la Noche de San Juan- el triunfador fue Argentina, entre unos 30 participantes que desdoblaron un nudo de las sábanas dispuestas para tal fin. Entre los visitantes muy populares resultaron las simpatías para adivinar la cantidad de hijos que una persona va a tener, a través de un péndulo, y para saber cuántos años alguien va a demorar en casarse. “En estas fiestas fui partícipe del esplendor de la ‘magia blanca’, quizás heredada de los europeos, pero también viva en nuestras raíces originarias, lo cual hace más vivido y real el dejarse llevar por las simpatías para conocer nuestro futuro, tal vez incierto o quizá más cierto en la mística y proveedora madre naturaleza, signo de que ella siempre nos da razones para vivir y amar”, señaló Valeria Canchi Papadópulos, alumna de quinto año de Portugués.

La noche de Yule

Por otra parte en las comarcas de wiccanos salteños la noche del 21 al 22 de junio, coincidente con el solsticio de invierno, se celebró la fiesta de Yule, relacionada con la mitología germana y el paganismo nórdico. La facilitadora gestalt y especialista en runas Carolina Fernández le contó a El Tribuno que “la noche de San Juan se lleva a cabo en el hemisferio Norte porque ellos están en primavera y prenden fogatas enormes simbolizando al sol. Cuando a Escandinavia llegó el cristianismo le cambiaron el nombre y comenzaron a llamarla Noche de San Juan, porque decían que esa noche había nacido san Juan Bautista”.

Agregó que en esta parte del globo, en el solsticio de invierno, se celebra el Inti Raymi desde el chamanismo o Yule desde el paganismo. Estos últimos encienden un tronco al que lo mantienen prendido hasta el amanecer y los grupos se disponen en torno de él en vigilia, acompañándose por ser la noche más larga del año. “Antes cuando no existía el fuego las tribus se juntaban en las cuevas para acompañarse. A partir de que existe el fuego, las personas comen juntas, cuentan historias y cantan. Todo lo que se pide es para el renacimiento, porque a partir del 22 de junio los días comienzan a hacerse más largos y las noches más cortas. Comienza el renacer del sol”, explicó. El tronco se guarda para el año siguiente, cuando se lo vuelva a hacer arder del 21 para el 22 de junio, y antes de que se consuma del todo se prende un nuevo leño que absorberá la energía del primero. También algunas comarcas prenden el fuego dentro del caldero de los paganos, que representa el útero femenino, y así las llamas son consideradas como el sol que no nació. “Esto sirve para recordar que el sol, a pesar de que no lo vemos, sigue vivo, mientras que en la Noche de San Juan es representación directa del sol”, detalló. Además, por polaridad se comen frutos secos y aquello que acostumbre ser consumido durante Navidad. De igual manera los colores típicos son el rojo, el verde, el dorado y el plateado, y se pone muérdago, que simboliza la unión y el amor de pareja.

Finca La Huella hace 24 años abre sus tranqueras en Inti Raymi

En finca La Huella, de Vaqueros, celebran el Inti Raymi, tradición de los pueblos originarios andinos. “Tiene su raíz en un hecho astronómico, el solsticio de invierno. A partir del 22 de junio los días se van haciendo más largos y las noches más cortas, por eso existe la tradición de pasar la noche más larga del año en unión y comunidad, a la luz y el calor del fuego”, detalló Tane da Souza Correa, de la finca. Desde hace 24 años, ellos abren la tranquera a los visitantes, vecinos y amigos. A todos los asistentes convidan sopa de maní y de zapallo y cazuela de cabrito. “Pasamos toda la noche con todos los que quieran venir. Hay un momento en el que se cede la palabra. Cada uno puede intercambiar lo que desee con el resto. Como van músicos, se arma la ronda con guitarras, violín y quena. Siempre hay parejas que bailan una chacarera, una zamba, y así transcurre la noche hasta el amanecer”, contó Tane. Añadió que así esperan el primer sol del nuevo ciclo y el año nuevo agrícola, cuando se comienzan a preparar los campos para las cosechas, por lo que sobran razones para agradecer. Tane dijo que este año la celebración fue particular y el agradecimiento tal vez más hondo que de costumbre. Hace unos meses La Huella atravesó días aciagos cuando unos perros entraron en los corrales y mataron a más de ochenta ovejas y cabras. “La solidaridad que sentimos por parte de vecinos y amigos, no solo de Vaqueros, sino también de la ciudad, fue gigante. Buscamos agradecer especialmente este año eso”, precisó. Por último, dijo que para ellos es una oportunidad de seguir creando lazos: “No sabemos lo que piensa o lo que siente cada uno de los otros porque capaz no los conocemos a todos, pero podemos aunar los buenos deseos y el agradecimiento por un valor de solidaridad, aquél que nos ayuda a salir todos juntos de los malos momentos”.

Recibieron al sol en el cerro San Bernardo

“Cada 21 de junio, el astro rey se aleja de la tierra hasta su punto máximo. En esa fecha nuestros ancestros andinos conmemoraban el Inti Raymi o Fiesta del Sol, la celebración más importante de la tradición incaica. La ceremonia era el equivalente a nuestra fiesta de Año Nuevo y marcaba el inicio de un nuevo año agrícola. Pero, además, era un momento trascendental de conexión con el padre Sol: solsticio significa ‘sol inmóvil’. Durante el Inti Raymi nuestros antepasados le pedían al sol, que estaba más lejos que nunca, que retorne”, señaló Katia Gibaja, presidenta de la Academia de Quechua Qollasuyo.

El contenido simbólico y ancestral del Inti Raymi o Fiesta del Sol se mantuvo intacto hasta nuestros días gracias al compromiso de instituciones como la Academia de Quechua Qollasuyo, que los 21 de junio ascienden al cerro San Bernardo a las 7 para recibir al sol. En la cima la gente realiza el ritual andino esperando ansiosa los primeros rayos que conectan al hombre con la energía cósmica solar. “El despertar de los Andes” fue este año un momento para unir la espiritualidad con la ciencia andina.

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