La semana pasada la diputada Elisa Carrió, como experta economista, aportó su receta para superar la "crisis social" a fuerza de "propinas". Al intentar fundamentar su original propuesta en la Cámara Baja, afirmó que "es necesario que se mantengan las propinas y las coimas, porque me parece importante".

Los "compañeros" diputados no dejaron pasar el furcio y arremetieron con burlas y abucheos.

La respuesta de la fogosa parlamentaria convirtió en un uróboro (serpiente que se come a si misma) a su colega Agustín Rossi, haciéndolo comer de su propia sopa.

En fulminante respuesta Lilita (que había sido previamente provocada por el ex funcionario kirchnerista quien la tildó de "personaje siniestro"), afirmó que la palabra "coima" se le había venido a la mente, precisamente cuando vio el rostro de Rossi en la banca de enfrente.

Etimologías

Si los diputados tuvieran algunas nociones etimológicas y de lenguas extranjeras habrían advertido que no fue un lapsus si no una correcta expresión. Me explico.

Todos recordaran que el año pasado el jefe de los espías, Gustavo Arribas, negó haber recibido 600 mil dólares desde Brasil como pago de sobornos de la constructora brasileña Odebrecht. Lilita fue una de las fogoneras de esa denuncia.

Ahora bien, ocurre que el término "propina" en Brasil tiene un significado muy diferente al que tiene en español; es un término que se utiliza para referirse a sobornos a funcionarios públicos.

Concretamente Lilita quiso decir que "hay que mantener los sobornos y las coimas", como motor de la economía del país. Y esto es muy lógico. ¿Qué funcionario público argentino estaría deseoso de promover la construcción de nuevos puentes, rutas, aeropuertos; en síntesis obras públicas de cualquier tipo, si no supiera que hay un retorno?

En Brasil a la propina voluntaria, se le llama "gorjeta" (pronúnciese "goryeta"), un dinero extra que cualquiera puede dar en el valor que le parezca a quien considere que lo merece por el servicio realizado. Y a la coima se la llama "caixinha".

En cambio, en Argentina y sus países limítrofes cuando alguien menciona la palabra "coima" o "cometa" todo el mundo sabe que está hablando de sobornos.

Los nombres del soborno

La palabra coima en realidad es de etimología incierta, pero precisamente muchos la emparentan con la palabra portuguesa, "cooymha" que a su vez procede del latín "calumniare".

En algunos países latinoamericanos, coima identifica a una prostituta, a una amante o a una empleada doméstica.

La coima en México es denominada "mordida", en Perú es la "cutra", mientras que en Colombia, Venezuela y Cuba es llamada "corbata", "matraca" y "botella", respectivamente.

La acción de coimear en Argentina la conocemos también como: aceitar, morder, untar, cometear. (Todos estos datos los saqué del Manual de Ética empresarial usado por los CEOS de Oderbrecht.)

Otra posibilidad es que Lilita hubiera preferido la etimología castellana de la palabra propina. En este caso la etimología se remonta al verbo griego "pinó" que significaba beber con el agregado del prefijo "pro", se formó "propinó", expresando la idea de extender amistosamente el brazo (y el vaso) hacia otra persona para ofrecerle bebida. (Lilita era pro Pino, cuando estaba con Solanas; luego se quedó solo con el "Pro").

Este verbo griego pasó al latín como propinare con el mismo significado, pero en el bajo latín de la Edad Media se derivó de él el sustantivo propina, que inicialmente tenía el sentido de "regalo" o "dádiva" y, más adelante, denotaría "pequeña gratificación por encima de lo convenido para el pago de un servicio".

Los romanos también usaban esta palabra como brindis o como "salud": ­Propino tibi salutem! (te saludo antes de beber). La idea de la bebida se mantiene en la expresión popular "empinar el codo".

En francés propina se dice directamente "pourboire" que significa textualmente "para beber".

Con estas etimologías quizá la diputada chaqueña quiso decir "dad de beber a los coimeros".

Coima y literatura

"Es que estamos en el Imperio de la Coima, en el reinado del pichuleo, en el país de la granjería. La coima; la coima es la polilla que roe el mecanismo de nuestra administración, la rémora que detiene la marcha de la nave del estado (y esta vez es cierto el mito de la rémora y la macana de la nave del Estado).

La coima es el aceite lustral con que cuanto bicho inspector y subinspector que vagabundea por ahí, lubrifica sus articulaciones y engorda su estómago; la coima es la madre de muchos bienestares, el alma de numerosas prosperidades, el ángel tutelar de los que venden aserrín por harina, achicoria por café, pan quemado por chocolate, mármol molido por azúcar; la coima es la diosa protectora de todos los tahúres que pululan en nuestra tierra, de todos los comisarios que entran flacos y salen gordos, de todos los magistrados que se taponan los oídos para no escuchar los alaridos de la Justicia. La coima es la que arranca un certificado de buena conducta para un específico facineroso; la coima es la que le da ciudadanía de honestidad a un granuja cien veces más ladrón que el mal ladrón Gesta; la coima es la que ablanda y humaniza al inspector personudo, al abogado recio, al escribano melifluo, al oficial de justicia inexorable, al médico talentudo. 

La coima, invisible, penetrante, ardua e infalible, penetra por todas partes y compra al grande, al cogotudo y al severo como al pequeño, al modesto y al humilde que se conforma y transige con tal que le den para un café con leche. Panaderos, lecheros, hueveros, mercaderes de aceite, de vino, de drogas, dueños de fábricas, de industrias, de millones, ministros, covachuelistas, embajadores, jueces, presidentes de cualquier cosa, escritores, periodistas, comisarios, no hay uno que resista la coima, no hay uno que no se doble a su amable presencia, que no se conturbe frente a su mocedad. Y el que no coimea deja coimear”. 

Quizá algún lector encontró ciertos anacronismos en los párrafos de este subtitulo. Ocurre que fueron escritos por el gran Roberto Arlt, en el diario El Mundo, el 16 de enero 1929; luego fue recopilado en su “Tratado de la delincuencia”. 

El tema no era nuevo ya en marzo de 1907 el diario La Razón publicaba un editorial bajo el elocuente título “El imperio de la coima”. 

En realidad, nuestra historia de cometeros se remonta a la Colonia, (con el desfachatado contrabando), también durante la guerra del Paraguay, en 1867, el marqués de Caxias escribe que: “Nuestros aliados no quieren acabar la guerra porque con ella están lucrando”. 

En 1910, el diario La Stampa, de Turín, afirmaba que en Argentina “la propina es una institución: tiene un nombre solemne de resonancia griega”. Como los uróboros (que también simbolizan la repetición eterna de los ciclos), para Argentina todo tiempo pasado fue igual; condenada a repetirse en sus peores vicios.

 

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