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Cómo motivar con las palabras

Los seres humanos, a diferencia del resto de los animales, nos comunicamos principalmente a través de las palabras. Pero muchas veces ignoramos el poder que encierran, al punto de crear o transformar la atmósfera a nivel emocional.
Si anhelamos disfrutar de relaciones interpersonales satisfactorias, tenemos que escoger la clase de palabras que construyan puentes, que nos acerquen al otro, que motiven y alienten a los demás. 
Consideremos algunos ingredientes que nuestras palabras deberían tener.
* Amabilidad. El rabino Telsuquim explica en su libro sobre el poder de las palabras, que todos debemos practicar con regularidad estas cuatro frases: “gracias”, “¿cómo estás?”, “te amo” y “¿qué necesitás?”. 
Veríamos cambios importantes si las usáramos a diario.
* Unidad. No es lo mismo decir “yo” que “nosotros”. Hablar en la primera persona del plural es una forma de trabajar por la unidad. En lugar de expresar: “Ustedes me tienen que resolver este problema”, podemos escoger: “¿Cómo podemos resolver esto juntos?”. 
En ámbitos como la pareja, la familia o el trabajo, demostrar que tenemos el firme deseo de hacer cosas juntos, en lugar de echar responsabilidad sobre otro.
* Pedido. Cuando pedimos permiso, por medio de un “por favor”, o un “¿me permitís?”, demostramos respeto por el derecho a decidir de la otra persona. Es decir, que la estamos valorando. También resulta altamente positivo interesarnos por lo que les pasa a los demás con un “contame cómo te fue hoy”.
* Pregunta. Hay preguntas y preguntas. Las que nos conviene emplear son aquellas que hacen que el otro se sienta incluido. Por ejemplo: “¿Qué te parece?”; o: “¿Vos qué pensás de esto?”. Frases como estas son útiles para invitar al otro a tener un diálogo, pues demostramos que nos interesa lo que siente y opina.
* Ánimo. Las palabras que animan tiene el potencial de soltar emociones positivas: “genial”, “maravilloso”, “bien hecho”, “muy bien”. Son palabras bellas que acarician el oído de la gente. Actualmente vivimos en un tiempo de mucha violencia verbal, donde escuchamos constantes agresiones en todos lados. Por eso, nosotros podemos convertirnos en transformadores de climas con aquello que sale de nuestra boca. Aun cuando tenemos que marcarle un error a alguien, siempre podemos escoger palabras que no dejen a esa persona resentida.
* Simplicidad. Muchas veces hablamos y sentimos que los demás no nos comprenden. Si sos padre, seguramente sabrás a qué me refiero. Nos sentimos frustrados porque no obtenemos resultados. En realidad, se debe a que no nos estamos comunicando porque empleamos palabras difíciles o rebuscadas. Lo ideal es elegir siempre palabras sencillas, sin dobles mensajes. Una de las palabras más simples que podemos usar es el nombre de la persona que está delante de nosotros. Escuchar nuestro nombre tiene la magia de hacernos sentir tenidos en cuenta. El opuesto del amor no es el odio sino la indiferencia.
Nuestras palabras siempre deberían motivar a los demás y crear atmósferas positivas. Pero tristemente hay mucha gente que elige hablar palabras desmotivadoras. Estas son algunas de ellas:
-Demandas. Hay quienes hablan y exigen, le dicen al otro lo que debe hacer. No perciben que están levantando una pared.
-Sentencias. Son términos absolutos: nunca/siempre, nadie/todos, etc. Con ellas alejamos a la gente.
-Etiquetas. Jefes, padres, hijos y aun desconocidos suelen etiquetar al otro: “Sos un inútil”...“no hacés nada bien”... Todos comentarios que generan distancia.
-Acusaciones. Acusar a alguien de modo rotundo no deja mucha posibilidad de diálogo. “Vos me mentiste”... es una afirmación que cierra toda comunicación. Siempre podemos preguntar cuando tenemos una sospecha.
Nuestras palabras pueden ser extraordinarias, si somos conscientes de lo que decimos y del poder que ello tiene sobre los demás.