Tal como ocurrió el año pasado, los motociclistas volvieron a “picar” en punta en las tragedias viales, marcando con ello una preocupante tendencia. En la ruta provincial 5, cerca de la localidad de Luis Burela, el conductor de un motovehiculo perdió la vida a raíz de un choque con otro rodado similar en el que está involucrada una adolescente de 17 años, quien se fugó y hasta la últimas horas de ayer no había podido ser localizada por la Policía del lugar.
Con este hecho ya son cinco las víctimas fatales en siniestros viales en la provincia en lo que va del año, y cuatro de ellas se conducían en motocicletas, todas en el interior de Salta. En 2018, según las estadísticas oficiales, estos rodados estuvieron involucrados en más del 44 por ciento de los accidentes con resultado fatal, tanto en las rutas como en calles del territorio salteño. 
De acuerdo con la información difundida por la oficina de prensa de la Policía de la Provincia, el accidente en la pequeña localidad de Luis Burela ocurrió el miércoles a las 6, a la altura de la misión aborigen Enacore, en el departamento Anta. Por causas que se tratan de establecer, en el lugar chocaron dos motos y como consecuencia de la violenta rodada uno de los conductores falleció, mientras que el otro resultó ileso y se dio a la fuga. 
Cuando los efectivos policiales llagaron al escenario de la tragedia encontraron a la víctima tirada al costado del camino, en estado de agonía. Con la premura del caso fue trasladada al centro sanitario del pueblo. Por la gravedad de las lesiones que presentaba, el médico que examinó al herido dispuso su traslado en una ambulancia al hospital San Bernardo, en la capital salteña, pero el hombre murió en el trayecto. La víctima fue identificada como Miguel Ángel López, de 43 años, con domicilio en la zona. 
A partir de los datos aportados por testigos, la Policía local tomó conocimiento que en el fatal choque estuvo involucrada una menor de 17 años, quien tras la colisión continuó la marcha en la moto que conducía. Se informó que la chica ya está identificada y hasta las últimas horas de ayer no había podido ser localizada por el personal policial afectado a la investigación. Una de las hipótesis que se manejan es que las motos se habrían encontrado de frente y que López perdió el control del rodado al tratar de evitar el choque.
El primer motociclista fallecido este mes fue Fernando Rivera, quien sufrió una espectacular rodada en la esquina de las calles Chaco y San Luis de la ciudad de Orán, hecho que ocurrió en las primeras horas de la mañana de Año Nuevo. Por otro choque de motos en la ruta provincial 11, el 3 de enero perdió la vida el joven Nahuel López, de 21 años, oriundo de la localidad de Campo Santo, en el departamento General Güemes. También por una violenta caída, el martes último falleció Oscar Segovia Vázquez, un joven de la localidad fronteriza de Salvador Mazza, en el norte de la provincia.

“Buscan la muerte”

En todos los casos las trágicas muertes de los motociclistas fueron atribuidas al exceso de velocidad y a la negligencia de los conductores. “Lo que ocurre con los conductores de estos rodados es algo que no se puede entender y la única explicación que me surge es que sistemáticamente buscan la muerte”, sentenció Raúl Padovani, presidente de la ONG Pavicei (Padres de Víctimas de Conductores Ebrios e Irresponsables). 
El dirigente social calificó de “dramático” el hecho que de las cinco víctimas fatales del año, cuatro sean conductores de motos. “Sinceramente no le encuentro explicación a este drama social, que supera cualquier sistema de control que se pueda implementar”, señaló. En ese sentido Padovani fue categórico en su análisis, al asegurar que los accidente en motos “no se producen por falta de control vial”, sino “por negligencia e inoperancia de los conductores”.
El titular de Pavicei atribuyó las tragedias a la velocidad y a la no utilización de los cascos protectores por parte de quienes se conducen en estos peligrosos vehículos. Refirió que la mayoría de las personas que murieron el año pasado circulaban sin este básico elemento de seguridad. “El único caso que recuerdo de alguien que llevaba puesto el casco fue un chico que se estrelló contra la caja de un camión en la avenida Tavella y se mató porque iba a doscientos kilómetros por hora”, graficó.
Según Padovani, en la provincia hay un exceso de motos y eso hace imposible el control por parte de las autoridades policiales y de Tránsito. “Lo que puedo advertir es que la gente se pone el casco por temor a la policía, pero no por su seguridad”, dijo. Y agregó: “El problema es que cuando pasan los controles se los sacan y entonces la única forma de controlar es que pongamos un policía en cada moto”. 
Indicó que la situación es más caótica aún en las rutas, donde los controles se reducen a la mínima expresión. Como prueba de ello señaló que la mayoría de las muertes de motociclistas se registran en el interior de la provincia. A su juicio, además de la velocidad y la falta de cascos protectores, en muchos casos los motovehículos circulan sin luces, sin espejos retrovisores y ocupados por más de dos personas.
Frente al dramático cuadro que planteó, Padovani concluyó su análisis en estos términos: “En estas condiciones es muy difícil que se puedan reducir los preocupantes porcentajes de víctimas fatales, por el contrario, los números tienden a agravarse”.
 

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