“Veo veo, qué escuchás?”, una experiencia sensorial con coplas y paisaje

 

 


Marita Simón
El Tribuno


La autenticidad de lo ancestral, entremezclado con la potencia de la tecnología actual y una buena dosis de creatividad, conforman la cita para “Veo veo, qué escuchás? Proyección + Recital”, segundo capítulo de un ciclo que pretende hacer un tributo al Día del respeto a la diversidad cultural.
Esta vez la propuesta es acompañar la proyección de los audiovisuales La Copla y El Anfiteatro de la Quebrada de las Conchas, producido por el equipo del proyecto GRAPa (Grupo de Relevamiento Acústico y Patrimonio), con la interpretación en vivo de Las Chirleras, un grupo de bagualeras de la ciudad que dedican muchas horas de sus días a cultivar y sostener esta poesía puramente norteña.
Pero el origen de los documentales no es tan simple, sino un producto que generaron el experto en Música y Tecnología Damián Payo, Francisco Durante, especialista en audio, el compositor Mauro Zanolli y el físico Manuel Eguía, quienes investigan sobre el patrimonio acústico de diferentes lugares, y que en este caso lo concentraron en el Anfiteatro de la Quebrada de las Conchas relacionado con el canto de la copla y características de sonido. 
Este espectacular espacio está a menos de 40 kilómetros de Cafayate, sobre la ruta nacional 68. Es una formación rocosa semicerrada de forma pseudoojival, esculpida por la erosión. Su forma particular y el material de sus paredes hacen que posea una cualidad acústica excepcional.
“El proyecto, que concluimos en 2018, busca preservar espacios acústicos naturales en relación a las prácticas musicales ancestrales consideradas como patrimonio sonoro. La bagualera Mariana Carrizo y otras mujeres dedicadas a esta composición nos acercaron al mundo de la copla, elaboramos registros virtuales, generamos revers digitales para la construcción de audios que ponen de relieve la buena acústica del Anfiteatro”, explica Payo a El Tribuno.
La unión con Manuel Eguía surgió durante la elaboración de la tesis de Payo para indagar, con parámetros físicos, la acústica de una cripta en las sierras de Córdoba. 
“Eguía está enfocado a la música y se desempeña en la Escuela de Arte de la Universidad Nacional de Quilmes. Como yo trabajo en la Universidad Católica de Salta, nos contactamos por el proyecto y armamos esta propuesta entre ambas universidades”, dice Payo, quien agrega que este año están trabajando en Caverna de las Brujas, en Malargüe, Mendoza, y la investigación une la acústica de ese espacio con la música tehuelche. 

Los documentales
El material audiovisual permite observar el proceso de preparación y la experiencia de quienes participaron. “Si bien es un trabajo científico, hay una convivencia especial que tratamos de visibilizar. Desde la Mediateca de la Biblioteca Provincial surgió la propuesta de incorporar al ciclo cultural este material conjuntamente con las copleras”, señala Payo.


El documental, que dura unos 12 minutos, permite observar la preparación del estudio acústico, donde trabajaron por las noches para evitar ruidos externos, y se midieron con parlantes y micrófonos los sectores más adecuados para intérpretes y para público. “Hicimos barridos de frecuencia y estudiamos desde los parámetros propios del teatro. Con eso logramos información adecuada para determinar los lugares óptimos para grabar. Al mismo tiempo grabamos toda la preparación que involucró a las copleras y, en una ronda, con cámaras y audio en 360º, buscamos lograr una sensación inmersiva para el espectador.

Es aprovechar la realidad virtual y estar adentro de esa ronda y del Anfiteatro, percibiendo el espectáculo con una fidelidad muy concreta del espacio”, dice tras remarcar que el trabajo se presentó recientemente en Buenos Aires en el Festival de Realidad Virtual.

 


Las Chirleras, bagualeras que protegen este canto norteño

Integrado por mujeres enamoradas del canto ancestral del norte argentino y con todas las ganas de compartirlo con la gente, Las Chirleras le darán un marco especial a la proyección de los documentales en esta segunda entrega de ciclo de la Biblioteca.


“La chirlera es una suerte de bordón o cuerda de pelo de caballo estirada, que se ubica en el parche de la caja coplera. La chirlera rebota sobre el parche cuando la caja es percutida y le da su sonido característico”, explica Andrea García, alma máter del grupo.
Hace casi dos años que estas doce mujeres se propusieron cantar coplas y, al mismo tiempo, aprender al máximo las particularidades de esta composición poética en cada una de las provincias donde se practica.
“En los encuentros que tenemos semanalmente vamos desmenuzando detalles interpretativos. Porque no solo hay diferencias provinciales, sino también de las regiones dentro de cada una de ellas”, dice García.
Todas son salteñas, se reúnen dos horas una vez por semana en el espacio de arte La Ventolera, y remarcan que está abierto a todas las que quieran integrarse.
La iniciativa de Andrea, que estudió Teatro en la Universidad Nacional de Tucumán, nació en su periodo de estudiante a través de sus pares que provenían de áreas rurales de provincias del norte, y le enseñaron a coplear. “Es maravilloso, pero no se canta sola. Es un canto comunitario y, para transmitirlo y preservarlo, me dedico a enseñarlo. Así nació Las Chirleras. Pero es importante señalar que, en la mayoría de los casos, se hereda, y si bien no es mi caso, estuve rodeada de compañeras provenientes de familias bagualeras, además de que participábamos de las fiestas populares y así aprendí sobre esta poesía y tonalidades. Esto fue parte de una tarea investigativa universitaria que me atrapó para siempre”, dice.
En los talleres, cada una utiliza cajas propias adecuadas a su tono de voz, si bien se dispone de una amplia variedad de cajas para quienes no la tienen.
“Nuestra característica es que interpretamos coplas de todas las regiones, ya que en general las copleras cantan con la tonada solo de su zona. Por eso nuestro grupo es de aprendizaje constante”, agrega García.
Mientras no pierden oportunidad de reunirse con los copleros más reconocidos del noroeste, resalta que la poesía de la compositora Leda Valladares es la base de sus talleres, que dejó su legado en una recopilación escrita y de audios. “En cada reunión con copleros registramos lo que escuchamos, pero también escribimos nuestros propios versos según la situación que vivimos a diario, porque nadie escapa a las cuestiones sociales que nos rodean. Las Chirleras hacemos un canto colectivo para hablar del amor, de los deseos, de las necesidades, de las luchas...”, concluye.
 

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